Opinión

Bioética de Emergencia / El Apunte

 

El mundo está lleno de gente racional aunque a veces parece lo contrario, y así parece, porque no son razonables… Eso se debe a que la racionalidad sigue avanzando tremendamente, en cambio, lo razonable está atascado.

Fernando Savater en la UNAM

 

La reciente publicación Ética de Urgencia  de Fernando Savater,  nos avisa acerca de las inquietudes de los que gobernarán el mundo del mañana. A saber, que seamos y actuemos social y ambientalmente de modo responsable en materias tan vitales como:

Reducir las brechas entre los pueblos y países por causa de  acceder a diferente cantidad  y calidad de capacidades.

Abatir las inequidades para acceder a una vida  larga y saludable.

Permitir acceso a una educación que les haga posible una justa movilidad social.

Generar empleos sostenibles con un mínimo de ingreso para acceder a condiciones pertinentes de bienestar y libertad; y convivir en un ambiente natural no contaminado.

El concepto de “Bioética” o ética de  de vida, nació en el ámbito de la medicina, pero conforme ha venido evolucionando, ya posee diversos enfoques, matices, significaciones y formas de comprenderlo, justificarlo y aplicarlo, que incluso contiene componentes objetivos y subjetivos.

Entre los  objetivos se puede citar una serie de convenciones mundiales que atañen a la calidad y respeto por la vida. Desde los derechos de las futuras generaciones  y derechos ambientales, hasta las metas del milenio, en materia de salud, educación y desarrollo humano. También son el resultado de las investigaciones que ha adelantado la Bioética y otras disciplinas como la sociología, la medicina, la antropología, la filosofía, la ingeniería ambiental, la psicología y la pedagogía entre otras.

Lo subjetivo, se relaciona con las múltiples formas de comprensión y manifestación personal del concepto, a la valoración de las actitudes, a la satisfacción personal en  dominios como la salud, la familia, el entorno, la economía y el ingreso; pero también en el cómo nos sentimos en relación a las tecnologías, los servicios, las autoridades, hasta con nuestros propios cuidados y los de los demás.  Es decir a todo aquello que es inherente a cada ser humano, a su pensar y sentir y a los imaginarios personales y colectivos que inciden sustancialmente en la comprensión del concepto. Esta red de tejidos, sin duda hacen complejo, cualquier estudio que se desee emprender en pro de hacer razonable la importancia de trabajar cotidianamente por la calidad de vida.

La calidad de vida  es percibida   por el individuo tanto por   su situación en la vida, como por el contexto de su cultura y el sistema de valores en el que vive, y en relación a sus objetivos, expectativas, estándares y preocupaciones. Según la Organización Mundial de la salud (OMS) la calidad de vida es el estado de complemento y bienestar físico, mental y social de una persona, y no sólo la ausencia de síntomas o de una afección determinada. Y en “Fundamentos para la comprensión del problema de la calidad de la vida, mundo, posibilidad y apertura” de Carlos Maldonado, el autor sostiene que: La calidad de la vida significa de entrada la calidad de la existencia de los seres humanos concretos y reales, y en las situaciones específicas en que existen y se esfuerzan por existir… Maldonado, Carlos (2000: 54).

La Bioética de Emergencia  busca entonces afanosamente la satisfacción de las necesidades básicas. Que todos tengan un piso básico. Una vida de calidad es una vida digna de ser vivida, lo que  implica no sólo el satisfacer necesidades, sino el comprenderlas, internalizarlas, valorarlas y potenciarlas hacia el bienestar común.   Así que si vamos a hablar de calidad de vida, es porque existe un ambiente con bienestar, con armonía que se da en una experiencia de saber estar, lo que sin duda, exige trabajar en la madurez mental. Hablamos de un bienestar externo e interno.

Lo que la Bioética de Emergencia quiere destacar es la importancia de actuar y transformar de manera emergente, urgente, sin demora, todo aquello que además de haber sido ampliamente consensuado ya impone tareas inaplazables.

La Bioética de Emergencia parte del hecho de reconocer que le  debemos al ser humano y al mundo en el que habitamos, una mejor calidad de vida y la Bioética, como disciplina dialógica deja expresar, no sólo a las personas, también a su entorno… escucha y sintetiza para dar pautas de solución pertinentes:

Las preocupaciones bioéticas más conocidas tienen relación con el inicio de la vida (anticoncepción, clonación, reproducción asistida, aborto) y el final de la misma (encarnizamiento terapéutico, eutanasia, muerte asistida, cuidados paliativos) más que las relativas al “curso de vida” donde la disciplina busca que el ser humano  tenga un comportamiento eminentemente responsable, tanto con su especie como con el medio ambiente que lo rodea. Hoy cuando se habla de curso de vida, se hace referencia a la evaluación objetiva y subjetiva de al menos estos elementos: salud, alimentación, derechos humanos, educación, trabajo, vivienda, medio ambiente, seguridad y desarrollo social con bienestar. Y en todos ellos hay tareas emergentes por realizar, particularmente en materia de seguridad humana definida por Naciones Unidas como la ausencia de necesidad y de miedo.

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Eugenio Herrera Nuño

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