Entrevista a Fran Illich, Premio Binacional de Novela Joven Frontera de Palabras/Border of Words – LJA Aguascalientes
18/09/2020


 

La vida es literatura. Los temas, las estructuras, las formas, cambian todo el tiempo

  • “Me interesaba un mercado mexicano de literatura para jóvenes, algo así como libros para la carretera”

 



 

La novela Circa 94 (Fondo Editorial Tierra Adentro)  obtuvo el Premio Binacional de Novela Joven Frontera de Palabras/Border of Words en 2010 y su autor es el escritor y artista Fran Illich nacido en la ciudad de Tijuana en 1975 y autor de las novelas Metro Pop, Tekno Guerrilla y del libro de ensayos Otra narrativa es posible. Además, Fran, quien actualmente radica en los Estados Unidos, ha mantenido una actividad constante como artista digital y fue editor de la revista Sputnik.

En Circa 94 nos enfrentamos con el universo de Orión, un adolescente que busca su identidad en medio del caos de la Tijuana de mediados de los años 90, una ciudad en plena efervescencia, que vive en medio de la brutal influencia de los Estados Unidos que llega en forma de música, de publicaciones, de imágenes, de fiestas, de alucinógenos, y el constante cuestionarse qué es ser mexicano en medio del caos,  de la corrupción nuestra de todos los días en un México que parece caerse a pedacitos, en medio de un país que de repente abre sus puertas al Tratado de Libre Comercio sin estar preparado para ello. En ese ambiente Orión vive la confusión, la desgana, el amor, la búsqueda por afirmarse, por reconocerse.

Una novela de ritmo vertiginoso, preocupada por observar y reconocer el entorno cultural y político que le dieron forma a una ciudad con todos los problemas y beneficios que conlleva ser la frontera con la primera potencia mundial: Tijuana.

“La novela la comencé a escribir en 1994 –nos contó Fran Illich, vía correo electrónico- y terminé de escribirla en 1995. Era la tercera de una serie que incluye a Metro-Pop (terminada en agosto de 1993) y Tekno-Guerrilla (comenzada en octubre del 93) y que en aquel entonces se llamaba Dos. Circa 94 comenzó llamándose Carolina X, luego cambió a Opus Análoga. Era una novela mucho menos poética que la anterior donde me perdía en el lenguaje y los detalles. En ésta iba escribiendo conforme ocurrían las cosas en la vida real, no sabía hacía donde iba ni en qué iba a terminar el libro. Fue un momento en que estaba bastante comprometido con la falta de moraleja de la vida real, y no quería imponerle a la historia una estructura y una forma que le impusiera ésta. Pero por otro lado sabía que corría el riesgo de que quedara como una de estas novelas que estaban en boga por aquel entonces y que no eran más que una aglomeración exagerada de sucesos, pero por otro lado, ésa era la vida. Lo que tenía más claro es que me interesaba que hubiera un mercado mexicano de literatura para jóvenes, algo así como libros para la carretera, que contaran historias de lo que realmente estaba pasando en los distintos estratos sociales y que estuvieran fuera de los cánones de las instituciones culturales (recuerda que en aquel entonces había un auge de zines en la Alta y Baja California. Entonces la novela me llevaba por caminos inesperados y yo me preguntaba cómo iba a justificar la aparición de tantos personajes en ella, sin que el lector supiera quiénes eran éstos, porque tampoco me gustaban esos libros donde uno pierde el hilo sin saber quién diablos es quién”.

Javier Moro Hernández (JMH): La novela tiene distintos niveles de lectura; en el primero es Orión, su vida cotidiana, sus amigos, sus sueños, su enamoramiento por Carol, pero el segundo nivel que pueda ver es la transformación cultural de la ciudad en la que viven, quería preguntarte ¿cómo estructurar estas dos visiones para que nos den una sola historia?

Fran Illich (FI): Yo creo que esta parte de la que hablas está mucho más lograda en Tekno Guerrilla, donde el personaje central está viendo todo el tiempo lo que ocurre en la ciudad y cómo está siendo invadida por el grafiti y tomada por los aparatos represivos del gobierno como la policía. Hay que recordar el año en que sucede, cómo el neoliberalismo llegaba con sus restaurantes de fast food que normalmente nos quedaban a unos kilómetros de distancia, pero siempre al norte de la frontera, manteniendo una sana distancia. Y ahora estaban aquí, haciendo estragos en la psique de la población.

JMH: Otra cuestión que quería preguntarte es justo esa transformación o consolidación de un proceso cultural que asentó las bases para la producción cultural tijuanense, que es a todas luces, incesante e intensa. Tu novela es una visión interesante sobre este proceso, ¿cómo ves la situación actual de la cultura en Tijuana (y en el norte del país), sí notas diferencias entre el momento que se relata en la novela (mediados de la década de los 90 del siglo pasado) y la actual?

FI: Claro, totalmente. En los 90 siento que las cosas eran mucho más netas, cada lote baldío era el escenario posible para una celebración o un acto inesperado. Como no había otra opción nos autopublicábamos en fotocopias. Mientras que hoy en día existe un ansia de profesionalización que no hace más que banalizar los contenidos y las formas, y una fijación con lo estético que termina haciendo que las cosas y las prácticas sean meramente bonitas. Pero por otro lado no tengo idea de lo que está ocurriendo en el arte y la cultura ni en Tijuana o el norte de México. Son grandes contextos y escenarios, pero espero que no intenten reproducir lo que ocurre en los centros metropolitanos, pues éstos tienen sus propias historias y responden a procesos propios. Aunque claro, eso ya es algo que le toca decidir a cada uno.

JMH: La música y la cercanía con la cultura norteamericana son elementos presentes y que podríamos decir que conforman buena parte de la educación de Orión y de sus amigos, generando los vínculos para generar la cultura transfronteriza. Sin embargo quería preguntarte si ese proceso es un proceso de intercambio o sólo de aprendizaje, de apropiación por parte de uno de los elementos (México).

FI: Probablemente así es. Aunque cada vez es más común que los anglos en USA hablen español o coman comida mexicana, por decir algo. También comienza a ser más común que conozcan sobre el pasado indígena, novohispano y mexicano de las tierras en las que habitan. Pero sí, en Tijuana resulta bastante fuerte la fuerza de gravitación de la cultura estadounidense, pero es normal, la ciudad de México está tan lejos en avión, que incluso manejando uno llega antes a Disneyland. Ahora, al DF uno también le podría criticar que tiene demasiada influencia colonial de Europa, una que a veces es demasiado forzada o exagerada, a pesar de que la relación con éstas haya quedado en el pasado. Una de las cosas que los turistas culturales notan al visitar Tijuana es la estatua de Abraham Lincoln en la zona Río, y comúnmente ponen el grito en el cielo, pero los mismos habitantes del DF ven como algo normal que la colonia Roma esté plagada de estatuas grecorromanas, cuando esto es resultado de un proceso tan malinchista y además si no me equivoco impulsado por Díaz, a diferencia de lo que ocurre en Tijuana, donde el gobierno federal por todos los medios intenta que Tijuana se “mexicanice”, pero el vecino de a lado en un proceso cotidiano se escapa cada que puede.

JMH: Regresando a la novela, ¿qué tanto hay de Fran Ilich en Orión?

FI: No la he leído recientemente, pero imagino que demasiado del Fran de aquel entonces. Sobre todo convenientemente dramatizado y editado como cualquier otro personaje de novela.

JMH: Orión y Venus (su hermana) son chicos que a pesar de ser de Tijuana y de vivir el momento histórico que les ha tocado, tienen desde mi punto de vista elementos culturales que los hacen diferentes a su entorno. Uno de ellos, me parece, es la educación hippie que les han dado sus padres. ¿Es cierto o sólo una mala lectura de mi parte?

FI: Además de hippie yo añadiría que producto de un momento en que los compañeritos de la escuela, los vecinos y los amigos de los padres se dividían entre los que eran rojos, los nacionalistas y los que eran a todas luces pro capitalistas. A mí me tocó estar del lado de los que pensamos que un día terminaríamos viviendo en capitales socialistas como Berlín, Beijing, Praga, Moscú o La Habana, si las cosas se ponían peor con México. Cosa que sobra decir ocurrió, con la excepción de que las capitales socialistas también dejaron de existir.


JMH: Ahora quería preguntarte ¿qué llevó a que Tijuana se transformara de una ciudad paso, una ciudad fronteriza, a una ciudad que es de alguna manera, epicentro de varias manifestaciones artísticas y culturales?

FI: Yo creo que la distancia, el estar aislados. Hacia el oeste está el insondable Océano Pacífico de donde sólo llegaban olas  de mar y ondas aéreas con estaciones de radio angelinas o de otros continentes. Hacia el sur tenemos el impenetrable desierto bajacaliforniano y hacia el este la gran Sonora, el lento paso hacia el México Continental… o no peninsular. Y hacia el norte, la pared, los anglos, el pragmático inglés, la xenofobia utilitaria, y lo más importante: la barrera cultural del dólar.

JMH: Por último Fran, ¿qué diferencias notas entre tu escritura actual, entre tus proyectos actuales y Circa 94?

FI: ¡No sé! En esos momentos pensaba que cuando uno escribía no vivía, y que había que vivir más para escribir más, pero que era complicado hacer las dos cosas al mismo tiempo. Ahora casi me atrevería a decirte que le he dejado de ser tan fiel a la literatura, pero creo que no, sólo que ahora me queda más claro que la vida es literatura. Los temas, las estructuras, las formas, cambian todo el tiempo. Ahora estamos en otro capítulo. Mi último proyecto para un festival es un alternate reality game, una ficción participativa que ocurre en Austria en tiempo y espacio real, además de en una multiplicidad de medios. Estoy jugando con la leyenda y el mito del Penacho de Moctezuma, mientras que el objeto al que nos referimos está en el interior de un museo. Estoy cuestionando las narrativas que existen a propósito, y que comúnmente tratan sobre aventuras, maldiciones y tesoros, siempre vista de los ojos del colonizador. Pero ahora, Diego de la Vega, un conglomerado mediático cooperativo llega a Austria a instalar una cafetería real, donde distribuimos café zapatista y una moneda alternativa que diseñé hace un par de acciones, y desde donde organizamos acciones, caza de tesoros, documentos, performans, puestas en escena, alrededor del asunto.

 

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