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Mucho esfuerzo sin plena gloria

 

  • Inesperadamente el supuesto cartel juvenil más esperado de la serie, sólo convocó público para que la Monumental se viera con más de la mitad de su graderío cubierto.

Para el efecto, mal se escogió una partida de Begoña evaluada por hasta nueve ejemplares musculados, variados de tipo y de modesto trapío en su conjunto. Bovinos cortitos, bajitos y pobres de armas. Descastados, para mayores datos, siendo pitados en el arrastre el cuarto, quinto, sexto y séptimo.

Regulares fueron las verónicas de Juan Pablo Sánchez (oreja, palmas y al tercio en el de regalo); mejor se descubrió al tomar la muleta, tela que dimensionó notoriamente en un trabajo derechista, aguantando como los buenos pese a las medias embestidas del bobalicón cuadrúpedo, en cuyo terreno, bien cerca se clavó en la arena. Como correspondía, se entregó al matar dejando aceptable estocada.

Otro bovino sin chiste fue el cuarto; pero cuando hay ambición real de ser alguien, se genera lo que se le vio al joven: actitud de lucha e intenciones de verter sus cualidades, justificando su cartel, aún sin haber detonado una faena de mayor emoción.

El de obsequio fue un maldito; manso peligroso al que acrisoló clara faena valiente, poderosa y templada, lamentablemente cerrada con espadazo defectuoso.

El segundo no valía una pepita, empero Arturo Saldívar (oreja, al tercio y al tercio en el de regalo) con talento dorado lo empapó y absorbió en su muleta. Es ya dueño del oficio y el mando, recursos que amalgama a su personalidad y empaque, sellos que grabó en el trasteo extenso y sobre ambos cuernos y que se antojaba imposible, sin embargo no bien correspondido pues pinchó antes de matar de tal espadazo tendido, trasero y caído.

Señeros mandiles burlaron al quinto, y señoriales chicuelinas cubrieron sus embestidas en el quite. Entrado en el último tercio, el animal se desfondó triste y desesperantemente, dándose luchista el espada jalisciense y despeñándolo de buena estocada. Hubo esfuerzo con poca gloria. En el extra, octavo de la tarde, manso sin remedio, nuevamente hizo el gasto pero sin hallar premio.

Diego Silveti (división, silencio y silencio en el de regalo) estuvo variado con el percal, pero huérfano de firmeza al emplear la muleta. El bicorne, en ese tercio, se desplazó largamente y marcando buen estilo. Acaso algo tardo, admitía más y mejores asuntos; lamentablemente el salmantino, sin menoscabar algunos buenos pases, se achicó y resumió en únicamente pegar pases, siempre con la idea de salirse de la suerte, adquiriendo la reprobación de muchos. Cerró la pasta con un pinchazo y una estocada contraria.

El sexto pasaba apuradamente; de cualquier manera ello no obstó para que el dinástico coletudo, sin taladrar su cierta enjundia, se solidificara como buen pega pases. La intrascendental labor acabola de un pinchazo y una estocada tendida más dos descabellos. No malo fue el noveno, soltado también como de cortesía, pero el de seda y oro no se portó a la altura.

 

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Sergio Martín del Campo

Sergio Martín del Campo

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