"¡Si me quieren derrocar vengan por mí!", desafía Nicolás Maduro - LJA Aguascalientes
06/02/2023

Arturo Cano
Enviado
Periódico La Jornada

Es el día, la noche más bien, de las cacerolas contra los cohetes. Dicho de otro modo, un día de paz, si se considera que, como dicen amigos venezolanos, hacer mucho ruido es parte de nuestro carácter caribe.

Ganador por un pelito, el hijo de Chávez Nicolás Maduro abre la jornada subiendo el tono de la confrontación: “No voy a permitir la marcha al centro de Caracas. Hagan lo que quieran, no la voy a permitir.

¡Mano dura contra los fascistas!, dice, en su segunda cadena nacional de radio y televisión tras los comicios, desde un barrio donde inaugura una clínica. ¡Si me quieren derrocar aquí estoy, vengan por mí, aquí estoy, con un pueblo y con una fuerza armada!, añade, en referencia a la manifestación convocada por el opositor Henrique Capriles, quien el lunes pasado convocó a sus seguidores a acompañarlo a la sede del Consejo Nacional Electoral (CNE) para formalizar la solicitud del recuento voto a voto.

Ante la amenaza, que el gobierno justifica con una intensa campaña de medios en la que habla de siete muertos y decenas de heridos –aunque no en todos los casos está clara la vinculación de esas muertes con el conflicto político electoral– el candidato de la oposición recula y anuncia la suspensión de la marcha programada para este miércoles.

En su lugar, vuelve a llamar a un cacerolazo. La respuesta del chavismo es un cohetazo. Así que la noche es muy ruidosa, pero es imposible saber quién gana la batalla. Todo depende de la zona de la ciudad donde uno se encuentre. Un hecho es difícil de ignorar: las cacerolas suenan también en zonas populares, incluso en barrios considerados hasta hace pocos años bastiones del chavismo.

“¡Qué gran cacerolazo en toda Venezuela! ¡Bravo! ¡Todos a sus casas! Recuerden que mañana no hay movilización!”, ordena Capriles cuando las ollas callan.

Los chavistas celebran que se impuso el “gran cohetazo” y los opositores responden: “La diferencia entre un cohetazo y un cacerolazo es que para el primero se necesita plata y para el segundo gente”, aunque, en rigor, son miles los manifestantes que se reúnen, a convocatoria del oficialismo, en las plazas públicas que llevan el nombre de Simón Bolívar en todo el país (sin duda más que los sitios llamados Benito Juárez en México).

El peso de Cuba

Al filo del mediodía, Nicolás Maduro elige la inauguración de una clínica, en ocasión del décimo aniversario de la Misión Barrio Adentro –el buque insignia de la colaboración chavista con los cubanos– para enviar su mensaje. Voy a pedir una cadena nacional de radio y televisión, dice, y en menos de 30 segundos la cadena se hace realidad: Hoy declaro derrotado el golpe de Estado.


La elección de ese sitio no es gratuita. Según el gobierno, varias clínicas donde trabajan médicos cubanos fueron atacadas el lunes por las hordas fascistas de la oposición, luego de que en las redes sociales corriera la versión de que en esos lugares se estaban ocultando paquetes electorales.

No somos cubanos, somos venezolanos, es la frase más socorrida de los opositores que suelen reunirse en la plaza Francia de Altamira, un lugar emblemático para los antichavistas, donde un vendedor ofrece burritos de peluche al grito de ¡lleve su Nicolás! En los alrededores, además, hay decenas de pintas con leyendas en este tenor: Maduro, títere de los Castro.

Al delfín de Chávez el asunto lo tiene sin cuidado. Recorre la clínica, abraza a pacientes, se hace acompañar del embajador de la isla, y presume que el lugar –uno de los 11 mil centros de atención con presencia de personal cubano– existe gracias a la inspiración de Hugo Chávez y del comandante Fidel Castro Ruz. ¡Viva Chávez, viva Fidel!

Si alguien quiere preguntar qué es el socialismo, es esto, salvar la vida, proteger a los humildes, sigue Maduro, quien afirma que el lunes fueron amenazados de muerte muchos médicos cubanos en varias partes del país y agrega: Tenemos que lamentar cinco muertos, cinco compatriotas asesinados por turbas fascistas el día de ayer.

Poco después, sin embargo, la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, informa que los muertos son siete, además de 61 heridos y 135 detenidos.

Si de las investigaciones resultara que estas personas articularon para actuar, vamos a aplicar asociación para delinquir, prevista en la ley contra la delincuencia organizada y vamos a solicitar la incautación de los bienes de esas personas y la congelación de sus cuentas, dice la fiscal.

El clima de confrontación llega a la Asamblea Nacional, donde la oposición denuncia que el diputado William Dávila recibió un golpe que le costó varios puntos de sutura.

Los legisladores de oposición abandonan el recinto luego de que Diosdado Cabello, jefe de la bancada mayoritaria, suelta: Mientras yo sea presidente (de la Asamblea Nacional), no tendrá derecho de palabra ningún diputado que no reconozca al compañero Nicolás Maduro, no le voy a dar el derecho de palabra. Si quieren se paran y se largan, váyanse con el fascismo, no estamos mamando gallo

La olla de presión se despresuriza cuando Henrique Capriles anuncia, por la tarde, que la marcha convocada para este miércoles no va.

“Toda la arrechera (encabronamiento) que usted siente páguela con la olla (el cacerolazo), no con otro hermano suyo, porque todos somos venezolanos”, dice, en una rueda de prensa en la que expone las irregularidades en los comicios: máquinas de votación dañadas, centros de votación donde se expulsó a sus representantes, proselitismo el día de la jornada, muertos que votaron y mil 176 centros donde Maduro sacó más votos que Chávez en octubre.

A pesar de ese conjunto de anomalías que denuncia, también expresa: No estoy pidiendo que se anuncie un ganador distinto, sólo estoy pidiendo que se permita contar voto a voto. Esto es garantía para el futuro y la democracia.

Para explicar la cancelación de la marcha, afirma: vamos a derrotar esto con la protesta pacífica, ser pacífico no es ser débil. El que grita más duro no es más inteligente. El gobierno quiere otro 11 de abril, pero aquí no habrá ni 11 de abril ni 27 de febrero, dice, en alusión al fallido golpe de Estado que tuvo como protagonista a Hugo Chávez, y al estallido social de 1989 conocido como el caracazo.

El chavismo, en voz del ex presidente del CNE Jorge Rodríguez, se niega al recuento que Maduro había aceptado el domingo, pero a cambio ofrece publicar en el sitio web del PSUV la totalidad de las actas.

Otros líderes de la oposición afirman, a lo largo del día, que el gobierno ha optado por la represión y califican, como Américo Martín, de demencial la actitud de Maduro.

Ya entrada la noche, el ministro de Comunicación informa que 15 países han confirmado la asistencia de delegaciones de alto nivel a la toma de posesión de Maduro, este viernes, día en que el chavismo ha llamado también a una gran movilización. A su lado, el canciller Elías Jaua recibe llamadas telefónicas y celebra que España se haya sumado a los países que han reconocido el triunfo del hijo de Chávez.


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