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Sólo una salida al tercio del Payo

Recorridas las hojas de toriles, apareció en escena un encierro quemado con el hierro de Montecristo,  hermoso de lámina y variadas capas, pero de cierto aspecto juvenil y, pese a que todos los miembros acudieron bien a los montados, ofrecieron pésimo juego.

Se trató ayer de la primera corrida del serial sanmarqueño, cuyo cartel atrajo a un público que hizo menos de la media entrada en el coso Monumental.

Suavemente manejó el capote Zotoluco (palmas y pitos) en los lances de bienvenida; el mismo tratamiento dio al cuadrúpedo llegado el tercio mortal, sin embargo las facultades físicas de éste eran escasas y todo el esforzado trasteo besó la superficie. El ahínco del diestro, ante aquella mala situación, dividió los juicios; no así la aceptable estocada.

El cuarto, era para someter, fue fijo y acometía reciamente, sin embargo el coleta despreció esas virtudes y se dedicó a desligar el toreo, provocando el descontento de la mayoría. Lo mejor fue que con certera estocada, aunque caída, cerró el hueco episodio.

Parco pero estético se dio a veroniquear Payo (al tercio tras petición y división). Entrado en la franja muletera, tras dos tandas, encontró el punto de la distancia, desmenuzando un trasteo sobre ambos flancos, renchido con pases estupendos, haciendo el honor al buen estilo del tardo animal al que despachó de tizonazo atravesado en la suerte del encuentro.

El quinto tuvo cierto fondo; a testa baja, aunque regateando, acudía largo y el de seda y oro le hizo lo adecuado en su faena clásica, troquelada por derechazos y al natural de formidable manufactura pero escasamente reconocida y concluida de buena estocada.

Francas y encarnadas fueron las chicuelinas de Arturo Saldívar (silencio y palmas); desapareció el espacio entre él y el antagónico, bovino cuyas primeras rudas embestidas las absorbió en su sarga el joven jalisciense, quien valiente y con limpieza se la rifó con ardor, no importándole lo tardo y malicioso del castaño al que dolientemente pinchó varias ocasiones antes de la estocada baja.

Enfrente del sexto, res tardía en sus acometidas y espinillero, que se venció siempre en busca del cuerpo, hizo el gasto, sometiéndola para como logro, por el basamento de aguante desmesurado, entregar una faena emocionante, burilada sobre pases que olieron a drama y torería. No obstante sus armas no traían filo y volvió a encontrar lo duro antes de otra estocada caída.

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Sergio Martín del Campo

Sergio Martín del Campo

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