Toros / Puyazos – LJA Aguascalientes
17/09/2020


En el momento que este texto esté impreso y ante la atención del amable lector, faltarán tres días apenas para que en el coso Monumental de Bailleres, despegue el serial taurino que petulantemente se autoevalúa como el “más importante de América”.

A partir del sábado venidero, se verterán sobre el redondel de la bella finca dicha, 15 corridas de toros y un par de festejos menores en los que, se supone, tendrán fortuna y oportunidad de manifestarse, chavales que hayan triunfado en el viejo y glorioso edificio del barrio de San Marcos, durante la serie chica que este domingo recién pasado, llegó a su apocalipsis.



Feria Nacional de San Marcos, fiesta bonita, cantara el sentimental chileno Juan S. Garrido, verbena mitotera, algarabía insoportable, diligencias desordenadas y reunido humano inacabable en el que estallan cuantas expresiones folclórico-culturales nacionales, y un tanto extranjeras, se puedan concebir, aderezadas con la constante embriaguez de todos niveles. Sin embargo, entremezcladas con éstas, dos espectáculos, para muchos desorientados seudoecologistas, autoenjuiciados de civilizados, crueles y salvajes, identifican, no sin razón, a la feria: las corridas de toros y los combates de aves de riña, de las cuales se presentan, dentro de los estándares de la raza que contienden con navaja cortante de pulgada, de lo mejor que pueda haber en el planeta conocido. Consecuentemente, un par de obras arquitectónicas se izan soberbias, como inconmovibles colosos en medio de la vorágine: la Monumental de Expo-Plaza y el palenque “Federico Méndez”, escenarios de una y otra funciones, respectivamente.

Y ahí está ya, todo preparado para que se cumpla en los hechos con lo prometido en los papiros. Cuando esta cuartilla se esté leyendo, supuestamente el H. Ayuntamiento de la ciudad de las aguas benéficas, habrá nombrado oficialmente al personaje que presidirá desde su severo balcón, las corridas y novilladas anunciadas en abundante propaganda de todo tipo.

Atrás quedó la campaña menor de la plaza aledaña al romántico jardín que lleva idéntico título.

Nueve fueron las funciones y muchos los chavales, ansiosos la mayoría por destacar en tan bárbara profesión, que tuvieron espacio y oportunidad para expresarse y tratar de lograr un puesto, de los cuatro ofertados por la empresa, dentro de una de las dos novilladas que habrán de verterse en el coso más grande de la ciudad capital, la Monumental de las Flores.

Igualmente pasaron varios jóvenes que reprobaron el examen y que por sus pocas aptitudes y actitudes, nada dijeron y poco o nada tienen ya que realizar en los redondeles.

Ya puesto previamente en la primera novillada de feria, de cualquier modo compareció en la primera fecha Ricardo Frausto; joven espigado que dejó las posturas y se encontró mejor con su sustancia torera. Se le evaluó como a un elemento de apreciables cualidades, experiencia y cuajo tales hasta como para que solvente lo que se le presente en el ruedo de la gigante de Expo-Plaza.

En la segunda tarde se subrayó Nicolás Gutiérrez, novillero de clase y buenas hechuras que con torería cortó una oreja.

Un par de interesantes prospectos irrumpieron en la tercera fecha: Diego Emilio y Jorge Salvatierra; el uno valiente, variado, entusiasta y creativo; clásico, templado, sereno y macizo el otro. Oreja por coleta fue el cuadro final.

En la cuarta llamaron atenciones Juan José Bellido, Chocolate, ibérico, y el aguascalentense Rafael Reynoso. De los extranjeros, aquél fue el que mejor expresó el toreo que gusta a la afición azteca, y el local se alumbró con valor, decisión y buen sentido del temple.

La quinta función fue cumplida por tres hidrocálidos: El Tuco, Diego Sánchez y Alexis Garay. El primero no tuvo las mismas condiciones ni circunstancias que aquella feliz tarde del rabo, pero reeditó su valentía y decisión entremezclando ello con el verdor que le emanó; el segundo sorprendió por su empaque, clase, fineza y convicción, burilando una de las mejores faenas de la temporada ante un bello, bravo y noble animal de Guadiana, y el otro asentó la facilidad que atesora para comunicarse íntimamente con el cotarro, según su largo y delicioso largo toreo. El saldo fue un auricular por actuante.

La sexta fecha fue casi totalmente de Javier Castro, gracias a una compacta y bien marcada, aunque incipiente, tauromaquia. Dos orejas fueron a parar a sus manos, licencia que fue de que le sacaran en hombros como corolario de su actuación convincente.

El único que tuvo fortuna de izar un apéndice en la séptima propuesta fue el también aguascalentense Efrén Rosales, quien sigue ofreciendo su largueza y sabroso estilo, sin embargo, pese al gallardete, igualmente resultó claro que no asimila la técnica taurómaca y de hoy en adelante le será más complejo continuar en brecha ascendente.

Tomás Martínez, venezolano, gustó por su vehemencia y afición durante la octava novillada. Acaso inmaduro, posee esas cualidades que le pueden ir abriendo la brecha para seguir caminando en la severa carrera que ha escogido.

Finalmente un par de chavales complacieron en la novena fecha: Paulo Campero y Alejandro Lima. El primer nombrado, ante un inválido de Carranco, se plantó e inmóvil ante los parones de la res, aguantó, movió la tela con son y extrajo excelente partido del adversario. El segundo, de la escuela taurina del Zapata, grabó una actuación formidable, trasluciendo un estilo y una expresión plástica nada común y menos corriente. Aun sin orejas, estos dos merecerían estar en una de las novilladas feriales.


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