Opinión

Serial taurino / Adame, sobreestimado con tres orejas

Quede condonado de la apreciación su buen hacer y fijación torera en el escudriñar en busca del éxito.

Es decente el mejor pensar que consumir, y en este sentido el hidrocálido fue exageradamente galardonado. Hubiese bastado una vuelta al anillo y una oreja…

Ayer tarde fue la décima cuarta corrida de la feria que hoy fenece.

Teniendo público hasta para registrar menos de la media entrada, se abrió el portón de toriles a un encierro completado por dos ganaderías: Guanamé y El Junco, cuyos amos mandaron reses conformando una partida demasiado irregular en tipo, cuajo, remate y comportamiento. Mejor entiéndase seis bovinos modestos de presencia, de humilde trapío y como para no hacer temblar a nadie.

El proyecto que por años ha propuesto Rafael Ortega (silencios elocuentes), en todo momento ahogado, contaminado e intrascendente, está decolorado y es obsoleto. Igual usando capa, banderillas muleta y espadas. El hombre le hizo la lucha en los tres tercios, pero esto no bastó ni bastará. Desilusionado de tiempo y tarde ayer, por la mansedumbre del cornudo, caminó entre veredas de anestesia, contagiando a los reunidos.

Mayor desconfianza, apatía y desinterés difícilmente se verán como se le observó en su segundo. Mancornadas las malas condiciones de éste y lo antes dicho, arrojó una actuación maldita y punto menos que mediocre.

Elegante, sobrio y estético Fermín Rivera (al tercio en ambos) veroniqueó al segundo, no guardando el avío sino hasta ruecar aseadas chicuelinas. El animal, con características de becerro venido a más, amenazó de resabiado, pero fue sometido y empapado en la muleta, desembocando como resultado un trasteo pulcro, consagrado a los mandatos del arte, la técnica y el oficio, sumando toreramente tal obra estructural útil para profesionales, cerrada no bien a la hora de la suerte suprema.

Un hombre pensante y actuante de modo instantáneo, es el potosino. Ante el quinto expuso otra lección calibrada, bien pulsada y mejor medida, sin pasos ni pases de más ni de menos, enseñando el toreo pese a que el manso no valía una pepita, al que hurtó excelente partido, exponiéndole sin perder comunicación con los códigos clásicos del toreo de toda la vida. Espada para aficionados cultos. Una vez haber pinchado, mató de fabuloso espadazo.

Empleando fundamentos técnicos, pudo pintar verónicas de buena efigie Gerardo Adame (oreja y dos orejas) ante el tercero, bovino que en el transcurso de los primeros tercios se vació y su nobleza quedó inédita y abandonada de la energía; pero cuando hay ansiedad enfocada al triunfo, se suma un quehacer emotivo y de tramos toreros como el que hizo el joven, quien mató de un golletazo.

Valiente y bizarro fue el quite a forma de tafalleras, tal obertura de una más de sus labores arrojadas, vehementes, y sólidas, soportando estoicamente al “cornador” cuadrúpedo que se pasó la tarde lanzando sus facas tratando de lacerar las carnes del joven, que en cambio ardientemente la dedicó a someter y atemperar las intenciones siniestras del adversario al que tumbó de una estocada caída y delantera.

Foto: Gilberto Barrón

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Sergio Martín del Campo

Sergio Martín del Campo

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