Opinión

Serial Taurino / Estupenda faena del Payo, no correspondida en la suerte suprema

La entrada en la Monumental casi rayó los tres cuartos del aforo.

Fue ayer tarde la decimasegunda corrida del serial, y para darle desembocadura desentorilaron un encierro desgraciado de Fernando de la Mora. Uno a uno fueron apareciendo ejemplares no dignos de quien se dice ser ganadero y menos de una feria pretensiosa que se publicita como la más importante de este nuevo continente. Hicieron presencia seis indignas reses, de inofensivas testas, bien gordas y, pese a ello, sin disimular su abecerrado aspecto. De su juego ni hablar, quitando el quinto para el que hubo arrastre lento, se completaron dos yuntas y media. Mansedumbre la hubo a veneros crecidos.

Entre las indecisiones  de Morante (pitos tras aviso y al tercio), Eolo y la mansedumbre del primero, la propuesta fue de cloroformo y extensa por los sufrimientos con las armas.

Si con el percal no hubo acomodo, con la muleta abierta se le estimaron detalles de transparente plasticidad, sin llegar a vérsele un total reunido ante el soso cuarto, que algo admitió el toreo y al que despachó de una estocada caída y tendida y un descabello.

Otro infeliz descastado fue el segundo; consciente de ello, El Payo (oreja pitada y vuelta), además de clavarse en la arena muy dispuesto, cerca de la inofensiva percha, para denunciar la mansedumbre exasperante del bovino, le desgajó muletazos que alegraron al cónclave, cerrando con espadazo atravesado.

Sin acople al usar el capote, se dedicó a mandar sus brazos largamente y a correr la mano con temple, construyendo una faena estupenda, calibrada, de excelente pulso y caligrafía, haciéndole el honor y la cortesía a la nobleza y calidad de la res, bajando el telón de estocada ligeramente delantera, atravesada y contraria más un par de golpes con la de cruceta.

De una belleza notada le resultaron las verónicas y el par de medias a Arturo Saldívar (palmas, al tercio tras aviso y palmas en el de obsequio), burlando al desrazado tercer cornúpeta. Tomada la franela externó todo su afán, logrando formidables pases sueltos, sin llegar a circular lo que es llamado un trasteo. Concluyó la intervención de media estocada tendida y un par de descabellos.

Las chicuelinas derramadas llevaron absoluta obstinación  y arrestos debidos al saludar al sexto; posteriormente calcó su faena; quehacer serio clásico, bien conducido, posándose encima del bicorne, que siempre fue llevando la cara en alto y venciéndose por ambos lados. Se deshizo de él ejecutando medio espadazo pasado y tendido.

No satisfecho, obsequió uno del Junco; astado tardo pero que cuando acudía llevaba la testa abajo en longitudinal recorrido. Y le hizo una faena recia, maciza y variada, centrando siempre la testa del adversario en la bamba del avío y entregando los muletazos bien fundido, en el terreno que provoca los oles de estómago y no de boca. Para hacer eso se necesita valentía. Por mala mueca del destino, ya la oreja pendiendo con engrudo, mató de una estocada caída y trasera y un descabello.

Foto: Gilberto Barrón

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Sergio Martín del Campo

Sergio Martín del Campo

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