Opinión

Serial Taurino / Tarde sin alma

El público, que se reunió en la Monumental para realizar más de media entrada, acabó aburrido y desilusionado del hueco fin que tuvo la decimoprimera función taurómaca del serial aguascalentense.

Los herederos de Teófilo Gómez están intoxicados de su propio veneno. Para esta corrida remitieron seis rumiantes de diverso tipo, acaso aceptablemente armados, bien hechos algunos, pero de insignificante presencia. Seis torillos, seis sin cuajo ni remate y de claro aspecto juvenil.

Su juego general califíquese como decoroso. El mejor lote lo adquirió Silveti; fue un par de ejemplares como para consagrarse, sin embargo no tiene el fondo que lo haga ascender a esa tremenda empresa. El tercero de la hueca corrida, merecidamente se ovacionó en el arrastre.

Si cumplidor se externó con el percal Zotoluco (silencio en los tres), con la sarga le manó el perfil precautorio y ventajista y el profesorado en hacer ver mal a los antagonistas, muy a pesar de aquel maleable e inofensivo animalito al que tanto echó a perder que hasta lo maromeó antes de matarlo de un bajonazo tendido y un espadazo caído.

Su segunda intervención la calcó en el mismo estándar de la primera. Abundante cuento, destoreo y chapuzas, por nada de honestidad taurina, desairando a un bovino de clase en la embestida que demandaba sitio más cercano. Del estoque ni hablar.

Condescendido por los de la batuta, obsequió el segundo reserva de Montecristo, al que siempre frunciéndose y sin clase lanceó al recibirlo. Fue otra pequeña res que embistió con potencia y de modo descompuesto con la que luchó sin vencerle y a la que despachó sufriendo. Maestro es en descolocarse deliberadamente y alejar la muleta para culpar al toro, ya que este no puede hablar para defenderse…

Castella (silencio y palmas) se divirtió tranquilamente al torear con tersura a modo de mandiles; usando el mismo relajamiento interpretó la chicuelina. El bovino, aunque llevando la cara a media altura, se desplazó entero, y el galo, sin hornar algunos pases dignos de elogio, hizo una faena más bien desarticulada y desabrida, concluida de pinchazo hondo tendido.

¡Qué indolencia de hombre! Más que a cumplir, salió a tomarse en serio el entrenamiento de luces por el que le pagaron, seguro que en altos emolumentos. ¡Sinvergüenza francés mamón! definitivamente gritó un indignado de sol.

Buena nota dio el tercer torito; atento a las telas, claro y noble acudía con clase y sin agobios. El dinástico joven Diego Silveti (oreja y silencio) de regular no pasó al emplear la capa, y al desplegar la muleta se redujo a formar algunas tandas de buena caligrafía, sin embargo se le desmoronó la actuación y remitió al desperdicio un buen bicorne que traía el rabo a medio cortar. Desarmes y enganchones los hubo antes de media estocada tendida y un descabello.

Poder y mando pedía a gritos el sexto, pero ese dialecto no lo entiende el salmantino, quien se vuelve poses, gritos y sonrisas. Pretenden venderlo como de oro y es bisutería.

Foto: Gilberto Barrón

The Author

Sergio Martín del Campo

Sergio Martín del Campo

No Comment

¡Participa!