01/06/2020


 

El lunes 25 de junio de 1973, José Antonio Chávez Paura y yo nos entrevistamos con el gobernador Francisco Guel Jiménez para confirmarle personalmente nuestro repudio a la actuación del rector por entregarle un anteproyecto de Ley Orgánica desconocido por los estudiantes y profesores quienes -insisto con toda la energía respaldada por la doctrina universitaria- eran los dos únicos elementos imprescindibles del Instituto, como lo son en cualquier institución educativa de carácter público, descentralizado y autónomo.

El gobernador, quien nos exteriorizó su sorpresa del día anterior al enterarse del contenido de nuestro manifiesto, después de cuestionarnos con toda amplitud y detalle en torno al asunto tomó la decisión de regresar de inmediato el documento al rector para que cubriera tan elemental formalidad.

El rector tomó aquel hecho como una declaración de guerra y, negando con toda frescura que el gobernador le hubiese regresado el documento, emprendió una sostenida campaña de ataques contra él y de represión interna contra nosotros y todos aquéllos que manifestasen la más mínima posición de integridad crítica.

Frontalmente utilizó la táctica comedida pero tramposa de remitirme, exclusivamente a mí, dos invitaciones escritas a las que anexó los mismos documentos propagandísticos que ya conocíamos, pero no el anteproyecto de Ley Orgánica -que era el que esencialmente reclamábamos- invitándome a entablar un diálogo que nunca sucedió porque nunca quiso cumplir con nuestras dos únicas exigencias: que fuera público y con el texto del anteproyecto de Ley Orgánica en la mano para que estuviera al alcance de todos los estudiantes y profesores que quisieran participar, puesto que todos tenían el mismo derecho que yo.

Sabíamos que nunca aceptaría pues su posición -que es la del grupo que lo acuerpa- es de pavor a lo que llaman asambleísmo, porque consideran que en toda institución respetable debe imperar sólo el interés aristocrático que, infalible cual revelación divina, debe ser acatado en forma dogmática; por tanto, la opinión de la chusma -incapaz de generar razonamientos superiores- les es aparentemente irrelevante, pero de hecho temible porque constituye un obstáculo para sus ambiciones al final de cuentas empresariales, ocultas bajo la piel del cordero académico y democrático.

En ausencia y desde la cátedra se nos acusó, con flamígeros calificativos bíblicos, de haber incurrido en horrendos pecados capitales; por eso me permito reproducir, del manifiesto publicado el 24 de junio de 1973, sólo algunos párrafos preliminares y el final -que reflejan el tono general del documento- para que el lector juzgue por sí mismo si su redacción es mentirosa, desmesurada o impracticable:

“Los maestros que suscribimos este documento aplaudimos sinceramente la dinámica actividad que el Rector del Instituto Autónomo de Ciencias y Tecnología, está realizando para transformar sustancialmente nuestra Casa de Estudios.

“Manifestamos, sin embargo, nuestro respetuoso desacuerdo respecto al procedimiento adoptado y algunos de los planteamientos sobre los que se piensa modelar la estructura universitaria, mismos que, por fin, fueron dados a conocer a grandes rasgos en superficiales y atomizadas reuniones que se verificaron la semana pasada en cada escuela, y que tuvieron como único propósito visible informar sobre una situación de facto para cubrir el expediente. Hubo una incluso, la de la Escuela de Bachillerato, en la que sólo estaba el conferencista y su ayudante con un maestro por todo auditorio.”

“Tal parece que se tenía la seguridad de que el Consejo Directivo no pondría objeción alguna al proyecto, que fue aprobado por unanimidad absoluta. ¿Significa esto que el Consejo Directivo es un organismo totalmente sumiso? ¿O se considera autosuficiente al grado de dar un paso de tan trascendental importancia sin solicitar el parecer de sus representados?

“Resulta inconcebible que mientras se despliega una estulta campaña publicitaria con las más modernas técnicas de enajenación social con base en el slogan: “EN AGUASCALIENTES NACE LA UNIVERSIDAD, PEPSI COLA”, los proyectos de estructuración, organización y funcionamiento se oculten a la base misma que le va a dar vida -alumnos y maestros-, para luego aprobarlos al vapor en una sesión relámpago del Consejo Directivo tantas veces citado.


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“La única conclusión que se obtiene de todo esto, es que tanto a maestros como alumnos se nos ha considerado como a menores de edad incapaces de discurrir acerca de tan elevados conceptos.”

El texto continúa analizando los temas mencionados en la entrega anterior, para terminar así:

“Finalmente condenamos expresamente, desde ahora, cualquier agitación que se realice en torno a la problemática que aquí hemos expuesto. Deseamos una discusión serena y académica, libre, sobre la futura Universidad. Asumimos una actitud de altura y esperamos de maestros, estudiantes y autoridades del IACT idéntica honestidad doctrinal.”

Aguascalientes, México, América Latina

tlacuilo.netz@yahoo.com


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