Opinión

Brecha entre ricos y pobres / El Apunte

La reciente Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) del Inegi, revela que el ingreso promedio por familia en México durante el 2012 fue de 38 mil 125 pesos por trimestre, unos 12 mil 708 pesos al mes. Al comparar con otras lecturas sabemos que el ingreso de los hogares en México aumentó en los dos últimos años, pero se mantuvo por debajo de los niveles previos a la crisis, y además, un dato muy importante,  se elevó la brecha entre ricos y pobres, que es una materia pendiente no sólo para la aplicación del gasto público, sino para la ética social mexicana.

Si bien las transferencias gubernamentales mejoran el índice de Gini en un 12 por ciento al reducir la concentración de 0.5110 a 0.4531, matiza una brecha brutal en donde el decil de mayores ingresos obtiene más de 47 veces el ingreso del decil de menores rentas; cuando la norma internacional para hacer posible la gobernabilidad de un país es que esta cifra no rebase una proporción de 20 a uno.

En 2008 el monto reportado del ingreso ascendía a  los 14 mil 288 pesos, lo que significa que en el 2012 ya estábamos  por debajo de los montos registrados  incluso en los años   2002, 2004 y 2006. Y si partimos de que la cifra promedia los ingresos de todos,  vemos que el ingreso del 10 por ciento de las familias más vulnerables, ubicadas en el decil I, fue solamente de 2 mil 89 pesos al mes; además, los más pobres suelen tener familias más numerosas, el promedio de ingresos por persona se pulveriza a 17 o 18  pesos por persona al día.

El CIDE hace ver, a partir de la ENIGH, que el nivel regional también presenta diferencias, destacando que los estados del norte del país tienen los mayores registros de ingresos. Así, en primer lugar está Nuevo León, con 18 mil 698 pesos; le siguen el Distrito Federal y Sonora, con 17 mil 95 y 15 mil 998 pesos. En el extremo opuesto están Guerrero, Chiapas y Oaxaca, con 7 mil 167, 7 mil 248 y 8 mil 162 pesos.

Por países, las diferencias en el índice de Gini, nos marcan diferencias notables en los modelos de distribución; los países escandinavos y Japón se aprecian como los países en  donde la distribución del ingreso no presenta contrastes tan extremos como los que se presentan en América Latina y las partes estudiadas del África; los valores superiores al 0.500 en el coeficiente de Gini de los ingresos per cápita, corresponden a países y naciones en donde las inequidades son mayores, como en México (sin considerar las transferencias)

Todos los niveles socioeconómicos, de menores recursos, se ven favorecidos por las transferencias de los programas asistenciales. En el caso del decil con menor poder adquisitivo, las transferencias significan hasta la mitad de sus ingresos, pasando de 0.86 por ciento de participación al 1.57 por ciento. En el caso de Aguascalientes, el millón de dólares diarios recibidos por concepto de remesas significa un gran alivio para los que menos tienen; en el caso de las familias de los migrantes el envío de divisas norteamericanas, suele ser uno de los ingresos más importantes, si no que el único para afrontar el día a día.

Los registros del Inegi indican que en promedio los hogares destinan tres de cada 10 pesos a gastos de alimentación, bebida y tabaco; pero el 10 por ciento de los hogares con menor ingreso destinan hasta el 52.17 por ciento de sus percepciones al gasto en alimentos, bebidas y tabaco. En el decil X este rubro representa apenas 22.96 por ciento de su presupuesto. En general se cuenta con menos recursos para adquirir bienes de consumo duradero.

Guillermina Rodríguez, analista de Banamex, indica que los  datos de la ENIGH, muestran que en alimentos y bebidas se erogaron 3.2 por cientos más, y junto a las transferencias, que subieron 21.1 por ciento, fueron los únicos rubros que aumentaron en el gasto monetario. Se presentaron disminuciones en vestido y calzado, con menos 8.4 por ciento; en vivienda y combustibles, con menos 5.4 por ciento, así como en artículos para el hogar, con una disminución del 2.8 por ciento. Este tipo de gasto es propio de quienes han visto disminuir sus ingresos, y recordando la pirámide de Maslow, se encuentran afrontando los requerimientos  inherentes a sus  necesidades básicas.

 

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Eugenio Herrera Nuño

Eugenio Herrera Nuño