Opinión

El reto del PAN en Aguascalientes: ¿Vivir bajo la sombra del PRI? / Podemos Cambiar

Por José Luis Villalpando Ortega

 

Si bien ya nos quedó claro que Aguascalientes no es 100  por ciento PRI, tras las pasadas elecciones del 7 de julio, se ve interesante considerar el desenvolvimiento de los distintos partidos y de la ciudadanía que originaron un cambio interesante en los comicios como el voto diferenciado y que es probable, generen en los próximos años un manejo distinto de la política. En esta ocasión veo con especial atención hablar del desarrollo que tuvo el Partido Acción Nacional desde lo local, el proceso que actualmente lleva y a partir de esto, los posibles retos que tendrá en los próximos tres años.



 

El PAN recuperó parte de su fuerza que había perdido descomunalmente en 2010. Con el triunfo de las alcaldías con mayor número de electores, Jesús María, Calvillo y el municipio capital, y aumentando de tres a ocho  diputados, el panismo recobró su lugar como primera oposición en el Estado –que había perdido frente al Panal-, remitiéndonos a un escenario conocido de la década de los 90. Sin embargo, este nuevo escenario contiene diferencias que marcarán su rumbo y el reto que posee el panismo local para llevar a cabo sus reformas y políticas, y aumentar el número de electores para los siguientes comicios tanto federales como locales.

 

Debemos considerar primeramente que la historia de Acción Nacional nos ha mostrado que su desarrollo como partido ha sido gracias al trabajo desde el aparato local hacia lo nacional. Ante ello, todo proceso de triunfo o de fractura interna se dará de la misma manera.

 

Como pudimos percibir hace tres años, su derrota en 2010 se originó gracias a las riñas internas marcados por los intereses políticos entre los distintos grupos que se disputaban el poder: del ex gobernador Luis Armando Reynoso Femat y del ex candidato a la gubernatura, Martín Orozco.  No es de esperarse que en 2012, la derrota del PAN haya mermado aún más los intereses del panismo llevándolos a una división a niveles nacionales como lo vimos en semanas pasadas entre las fuerzas del presidente del CEN, Gustavo Madero y el presidente de la mesa directiva en el Senado, Ernesto Cordero.

 

Aunado a este enfrentamiento, las fracciones locales se fortalecieron y la división fue más latente: ahí tenemos a los grupos de Felipe González, Fernando Herrera, Rubén Camarillo, Martín Orozco y de Luis Armando Reynoso, que a pesar del proceso penal en su contra, tiene aún una gran influencia dentro de la estructura panista.

 

Por ello, resulta sorpresivo ver que el “triunfo” del PAN se haya desarrollado dentro de aires de división, tanto en la esfera local –con la controvertida elección de candidatos- y en la esfera nacional.  No podemos argumentar que Acción Nacional ha dejado atrás las riñas entre sus fracciones por el simple hecho de recuperar territorio antes perdido. No podemos decir que los panistas han comprendido que es necesario retornar a sus líneas ideológicas para formular nuevos planes y estrategias de políticas públicas. No podemos aún aceptar que el PAN trae una nueva visión de la sociedad y de los cambios necesarios en el estado. Lo único palpable es que la embriaguez de su triunfo ha ocultado los conflictos entre los distintos grupos. Lamentablemente la manía del poder por el poder aún tiene hundido a los dirigentes locales panistas. Y como sabemos, después de una larga borrachera, viene la resaca: por principios de cuentas, les viene enfrentarse a la cruda realidad de quien se convertirá en líder de la bancada en el Congreso.

 

Con cinco diputaciones más que la actual Legislatura, el PAN tiene la posibilidad de crear una modesta oposición a los proyectos del gobernador y la bancada priísta, en la revisión de la cuenta pública, la asignación del presupuesto anual y especialmente en las reformas constitucionales que se quieran emprender. El PAN la lleva de perder. Cualquier iniciativa que presenten tendrá que llevar el respaldo, ya sea del priísmo, o de los otros cinco partidos, considerando que el Panal y el PVEM han jugado en los últimos tiempos más del lado del PRI. Sin embargo, resulta interesante observar que ningún partido posee la posibilidad de lograr una mayoría absoluta, lo que impulsará una intensa negociación entre las fracciones parlamentarias.

 

Esta negociación estará sujeta al juego político para los siguientes años electorales. Por eso remitía a los años 90, pues el PAN ha regresado a su lugar predilecto en el sistema político priísta: ser su opositor. Si desea mantener sus distritos federales en 2015 y regresar a la gubernatura en 2016, deberá jugar muy bien sus cartas hacia el PRI y hacia el gobernador, y obviamente no cometer los errores que en el pasado lo llevaron al escenario actual: ser derrotados por la falta de credibilidad social y las constantes fracturas internas.

 

El reto del panismo es interesante, pero está lleno de obstáculos. Sin una oferta concreta y novedosa en estas elecciones, el primer desafío es crear una propuesta que convenza a futuros electores, votar por esta alternativa. El segundo reto es hacer una clara oposición que le otorgue al Legislativo la autonomía que se vio entrecomillado en la LXI Legislatura. Sin caer en el desgaste legislativo deberán mostrar iniciativas que estrechen cercanía con las fuerzas parlamentarias y por supuesto, con las necesidades de la población. Y por último, sin duda deberán limar asperezas entre las distintas fracciones al interno del partido, retornando a lo que tanto presumen, pero no hacen, en sus principios de doctrina. El reto del panismo es éste: reorganizarse y lograr posibles triunfos o vivir bajo la sombra del PRI.

 

Twitter: @robinson1591

 

The Author

La Jornada Aguascalientes

La Jornada Aguascalientes