Monsters University y el peso de las diferencias / Cinefilia con derecho - LJA Aguascalientes
01/12/2022

 

La gran ventaja de estar en periodo vacacional, es que los estrenos de la industria norteamericana de cine se dejan venir en cascada proporcionando cierta mayor amplitud de opciones para divertirse. La gran desventaja es precisamente que ante esta inundación, el cine europeo, mexicano y en general el que podríamos llamar alternativo se ve desplazado de la pantalla grande mexicana. En fin, un problema que amerita otra columna y reflexiones. El punto es que merced a esta gama de películas, aparece en cartelera la precuela Monsters University (2013).

Sobre los aspectos técnicos y la crítica a esta cinta no pienso ahondar mucho pues coincido plenamente con lo que dice la columna “Mantequilla Extra”, de La Jornada Aguascalientes “la trama resulta ser la misma que la de cualquier otra película de tema universitario que hayamos visto una y mil veces”. Ciertamente la historia es demasiado predecible desde que vemos al pequeño Wazowski ser excluido por sus compañeros en la visita a la fábrica de sustos, una condena irremediable a ser siempre relegado por su pequeño tamaño y aspecto poco intimidante. Además de esta crítica de mi colega Laura M. Guerrero, yo agregaría que el binomio Víctor Trujillo-Andrés Bustamante como Wazowski y Sullivan en la versión doblada al español, a pesar de lo prometedor que parecía esta mancuerna, no ha añadido nada nuevo a la cinta, simple y llanamente aportaron su voz, seguramente los encargados de la traducción evitaron la participación activa de estos dos grandes cómicos mexicanos.



 

La película utiliza los clásicos clichés, una vez más, de los modelos de persona más discriminados en las aulas, lo mismo en el kínder o la primaria que en la preparatoria o la universidad, apodos que son casi universales en el léxico de cualquier estudiante (el enano, el abuelo, el tontín, y un largo etcétera) y que habitan todas y cada una de las aulas de este país y que, lo sabemos ahora, han pasado de ser simples nomenclaturas para constituirse en una causa de violencia escolar que ahora conocemos como bullying, y cuyos verdaderos efectos y consecuencias apenas estamos comenzando a vislumbrar.

Hacer énfasis en las diferencias como forma de exclusión me parece que a pesar de ser repetitivo, sobre todo en las cintas de Disney, tiene su valor en la medida de que puede coadyuvar de una u otra forma para erradicar la discriminación. Como decíamos la semana pasada la tolerancia ha dejado de ser una excepción para convertirse prácticamente en un eje de la democracia como parte fundamental de los estados contemporáneos, no se trata tan sólo de un valor sino de una forma de ser. El asunto en el fondo es que hablar de tolerancia y diferencia en el discurso o la teoría es vacuo si no se aterriza en acciones concretas, y aquí es donde pareciera que la sociedad en su conjunto tiene su mayor reto, pues el derecho a la no discriminación como parte de los derechos de tercera generación se enfrenta al reto de su protección a través de mecanismos jurisdiccionales con efectividad. Señala Luigi Ferrajoli “hay que reconocer que para la mayor parte de tales derechos nuestra tradición jurídica no ha elaborado técnicas de garantía tan eficaces como las establecidas para los derechos de libertad. Pero esto depende sobre todo de un retraso de las ciencias jurídicas y políticas, que hasta la fecha no han teorizado ni diseñado un Estado social de derecho equiparable al viejo estado de derecho liberal, y han permitido que el estado social se desarrollase de hecho a través de una simple ampliación de los espacios de discrecionalidad de los aparatos administrativos, el juego no reglado de los grupos de presión y las clientelas, la proliferación de las discriminaciones y los privilegios y el desarrollo del caos normativo”.

De esta forma, la única forma concreta de materializar los derechos es incluirlos de manera concretizada en normas que posibiliten además de la acción preventiva la jurisdiccional, que tenga consecuencias no sólo en la sanción al agresor, sino la indemnización a la víctima. El pasado 12 de junio se publicó en el Diario Oficial de la Federación una reforma para señalar como forma de discriminación toda distinción, o restricción que se haga por motivos de “talla pequeña” que se viene a sumar así a las de “origen étnico o nacional, sexo, edad, talla pequeña, discapacidad, condición social o económica, condiciones de salud, embarazo, lengua, religión, opiniones, preferencias sexuales, estado civil”. Pero aún faltan muchas, tal vez no habría lugar en una ley para describir una por una las causas por las cuales se puede discriminar a una persona.

Sin embargo, coincido con el ministro José Ramón Cossío, lo que en sí genera la discriminación no son las palabras, sino el contexto en que se digan. Por ello, pesar de lo simple de las películas que hace Disney, a pesar de su mundo de caramelo, en el fondo siempre serán un buen motor de concretizar conductas discriminatorias y de tratar de formar en los niños esa utopía de las democracias modernas: la tolerancia.

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