Opinión

Opciones y decisiones / Alcalde, administrador o político

 

Una exploración rápida acerca de los orígenes de la palabra “municipio” nos da la idea muy cercana de las funciones que debe cumplir para satisfacer los requerimientos, cada vez más complejos, de nuestra vida contemporánea. Encontramos su génesis en la antigua tradición de establecer ciudades amuralladas que protegían a los ciudadanos romanos (cives romanus), así reconocidos por el imperio, y en donde se asentaba el poder político local; por ello se les llamaba precisamente: muni-cipio, cuyo significado en Latín proviene de dos palabras yuxtapuestas: “munus-eris” sustantivo, (= cargo, función, responsabilidad, magistratura, deber u oficio), y “capio-ere”, forma verbal, (= tomar, asumir una función); que se puede resumir en: el lugar o espacio público donde se asumen las funciones del gobierno local. Por otro lado, y a partir de la misma raíz, el verbo “munire”, (= amurallar, fortificar, instalar una guarnición en una villa), expresa la idea de una población local que por su importancia era protegida con una muralla, y en la cual se ejercían las funciones públicas constitutivas del Estado.

Valga como una referencia coincidente con este significado, la nota que tuve la oportunidad de conocer hacia el inicio de la presente Administración municipal, acerca de la propuesta de hermanar la ciudad de Aguascalientes con la ciudad italiana de Lucca, Italia. Ciudad amurallada, cuyos muros permanecieron intactos hasta la expansión y modernización, en que se utilizan como andadores para esparcimiento de sus habitantes. Nos informa la comunidad italiana residente en Aguascalientes, a través de la asociación Dante Alighieri que es la ciudad donde nació el General Luis G. Ghilardi (agosto 2 de 1810 en Lucca, Italia, y fallece en Aguascalientes el 16 de marzo, 1864). Esta ciudad se ubica en la Toscana, centro norte de Italia, situada sobre el río Serchio, y es la capital de la Provincia de Lucca, con 86 mil habitantes. Tradición imperial romana que nos acerca a ella, también por hechos históricos que se gestaron en nuestra propia tierra.

De manera que, la institución municipal es creación del sistema imperial romano que adquirió una gran expansión sostenida durante los primeros tres siglos de nuestra era. En especial, ocurrió bajo el emperador Constantino I (c. 274-337), quien para poder hacerse con el poder en Roma, tuvo que librar una batalla crucial en el puente Milvio contra Majencio, su adversario, en el año 312; superada la cual, obtuvo la parte occidental del imperio. Se dice que antes de librar esta batalla decisiva, el emperador tuvo la visión de una cruz luminosa en el cielo con la inscripción latina: “Con este signo vencerás” (In hoc signo vinces). En reconocimiento de su importante victoria se convirtió al cristianismo, y esta decisión la consolidó emitiendo el Edicto de Milán (313) con el que prácticamente acabó con el culto estatal pagano en Roma y da inicio el nuevo régimen de la Cristiandad.

Le quedaba todavía pendiente el reto por apoderarse de la capital romana del Oriente, que posteriormente sería llamada en su honor Constantinopla (actualmente Estambul, capital de Turquía); y cuyo triunfo logró en el año de 323. Tiempo previo a la aparición de San Agustín de Hipona (354-430) que es el gran testigo del cierre de la Edad Antigua e inicio de la Edad Media, marcado además por la escandalosa caída de Roma, bajo las tropas de Genserico. Con ello Constantino consolidó su presencia como emperador “de todo el orbe”, dando así inicio a lo que históricamente constituye el Imperio Bizantino, cuya base es la ciudad de Bizancio, en que se asentó la corte imperial, y que permaneció incólume hasta 1425. Esta gran zona del imperio vendría a ser el centro dominante del mundo musulmán; que bajo Constantino “El Grande” habría de traer al mundo antiguo un largo periodo de paz, al que se le lama: “la paz constantiniana”.

España, como parte de ese mundo imperial musulmán –del que se independiza en 1492-, exportó a México no tan sólo ese mismo emblema de la Santa Cruz -como signo de la unificación de un nuevo imperio: el español con el nuevo mundo de América-, sino también la institución del Municipio como sede del sistema político desde lo local, que igualmente aporta el fundamento de la organización urbana de las nuevas ciudades. Es elocuente que la fundación del primer municipio de México se haga bajo la denominación de villa “De la Vera Cruz”.

Es importante notar que durante el virreinato español, los incansables y admirables constructores indígenas, criollos y mestizos edificaron las ciudades sede de los municipios, en que se fue organizando la traza urbana de la sociedad mexicana, en toda la extensión de su territorio, y que el nombre que dichos constructores adoptaran para su gremio, sea un nombre de origen mozárabe: “albañil”; territorio nacional que permanece unido bajo el signo universal de la cristiandad occidental: la Santa Cruz.

Es importante notar que en los estados y municipios de raigambre indígena, que mayoritariamente se encuentran diseminados por el centro y sureste de México, en ellos prevalezca aún el régimen municipal de “usos y costumbres”, lo cual nos indica la dignidad de este modo tradicional de ejercer el gobierno. En efecto, el respeto y preservación de nuestros usos y costumbres es algo digno de tomarse en cuenta, puesto que es la base de nuestra civilización contemporánea. La cual cimentó las Leyes y normas constitucionales que al día de hoy rigen a nuestros tres niveles de gobierno.

De lo anterior es lógico inferir que el papel del alcalde o alcaldesa sea el de aglutinar a la población municipal en torno al interés común de fortalecer los vínculos de pertenencia social, hermandad, convivencia ciudadana y paz pública, que garanticen el orden, el acatamiento de las leyes y la participación de la sociedad civil para fortalecimiento de la hacienda pública, que a su vez redunde en la distribución universal y equitativa de los bienes y servicios públicos que, al final, se traducen en mejores niveles de satisfacción de las necesidades sociales, y en la elevación de la calidad de vida de la población toda. Esta función primaria y fundamental del municipio es la de Buen Gobierno.

A todos nos interesa saber cómo se va a conformar la comuna de hombres y mujeres que habrá de hacerse cargo del próximo gobierno municipal; y, para ello, ya se han adelantado las visiones o misiones personales que asumen los candidatos a la alcaldía de la ciudad. Ahora resta saber qué acento pondrá, el que triunfe, en el modo particular de organizar su gobierno; pues en ello está la especificidad de las políticas públicas que habrán de garantizar ese Buen Gobierno esperado.

Las alternativas son variadas. A tal personaje en francés se le llama: “Maire” (aquél que dirige al cuerpo municipal y es agente del poder central); en inglés, se le denomina: “Mayor” (jefe administrativo, cabeza oficial, u oficial en jefe del plan gerencial de la ciudad); en español, “Alcalde-Alcaldesa” (de origen Árabe: alqádi –juez-) es el administrador político de una ciudad o municipio. Cabeza de un cuerpo colegiado, el Cabildo, el presidente municipal es, al final, responsable de un Buen Gobierno y nada más, pero también nada menos.

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Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán