Opinión

Tlacuilo / Principios universitarios (1)

 

Para que quede aún más claro lo que perseguíamos quienes firmamos el manifiesto del 24 de junio de 1975, he seleccionado algunos párrafos -transcritos con bastardillas- y resumido otros con los que combatimos los puntos medulares de la propaganda de la rectoría, ya que desconocíamos el contenido del anteproyecto de Ley Orgánica que mantuvo en secreto. Incluyo también, en cada caso, nuestra contrapropuesta y un comentario del resultado a 40 años de distancia no del nacimiento de la UAA, sino de su etapa fetal.

UNIVERSIDAD DEPARTAMENTAL. “En cambio de la Universidad tradicional, integrada desde el siglo XII a base de escuelas y facultades, se ofrece como la panacea al nuevo tipo de Universidad ponderada por el Dr. Atkon y elucubrada por Hutchins, de la Universidad de Chicago…” a base de “…‘centros de estudio’ organizados en función de ramas del saber, o en ‘áreas de conocimiento’ como se conoce en otros países”.

“Fue implantado, con lamentables resultados por cierto, en algunas universidades chilenas hace seis o siete años. El resultado… ha sido el agravamiento de la dispersión universitaria y la desaparición de la vida de comunidad académica”. Todo en aras de la eficiencia administrativa supuestamente obtenida; por ejemplo invirtiendo el sistema establecido: en lugar de que el profesor acuda al aula donde se encuentra el grupo -la generación que estudia una misma carrera en una misma escuela- ahora los estudiantes de todos los “centros” tendrían que peregrinar de aula en aula donde se encontrarían los profesores de cada una de sus materias, perdiéndose -además de tiempo- el concepto generacional que es base del sistema universitario tradicional.

¿Pero cuál es el resultado que tenemos a 39 años de “implantado” el “sistema departamental” en 1974, año en el que al Instituto de Ciencias se le impuso el título de Universidad? Ni siquiera se pudo establecer porque hasta la fecha lo que se conoce con el nombre maquillado y ajeno de “Centro Biomédico”, por ejemplo, funciona como una tradicional Escuela de Medicina, nombre que por cierto fue con el que se fundó en 1972. Y lo mismo ocurre con todos los mal llamados “centros”.

La famosa “Universidad Departamental”, que para entonces ya era un sistema fracasado en los propios Estados Unidos, es un mito producto de la mentalidad colonial que sólo existe en el papel.

El devenir histórico nos dio la razón y el final lógico, a futuro, es la recuperación de lo que es nuestro.


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DEBATE EN EL CONGRESO DEL ESTADO. En el antepenúltimo párrafo de nuestro manifiesto expresamos: “El proyecto atkoniano de Ley Orgánica de la Universidad deberá ser discutido por el H. Congreso del Estado. Como catedráticos y como ciudadanos solicitamos al Poder Legislativo se tomen en cuenta nuestros puntos de vista”.

Como lo vimos la semana pasada, el gobernador Guel Jiménez regresó al rector el anteproyecto que éste le había entregado el día 20-06-73, para darle la oportunidad de someterlo a consideración de la comunidad estudiantil y magisterial del Instituto; el rector se negó rotundamente y tiempo después regresó el documento con algunas enmiendas insustanciales, en tanto azuzaba a un grupo que provocó algunos escándalos en palacio de gobierno, acusando al gobernador del retraso; ante esta obcecación antidemocrática, el gobernador turnó el documento al Poder Legislativo con la respetuosa recomendación de atender nuestra petición, a lo cual accedió convocando a un debate público para someter a consideración de toda la ciudadanía y no sólo a los integrantes del Instituto, el documento de referencia.

Como el debate se llevó a cabo los días 20, 24 y 27 de diciembre de 1973 y la convocatoria no se difundió antes del inicio de vacaciones, la participación estudiantil y magisterial del Instituto fue ínfima, aparte de que, incluso los participantes que no formábamos parte del clan de la rectoría no tuvimos oportunidad de estudiar el anteproyecto detenidamente porque sólo se nos entregó hasta el día 19 a media mañana, y eso por la enérgica intervención del presidente de la Legislatura; de manera que la Ley Orgánica promulgada el 24 de febrero de 1974, fecha única del nacimiento de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, también adoleció de la ausencia intelectual de quienes tuvieron que someterse a ella.

En todo caso y contra la creencia general, esta evocación demuestra en forma contundente que independientemente de sus fallas de organización dicho debate fue realizado por la Legislatura Estatal con base en nuestra iniciativa, lo cual significó un triunfo más -pequeño pero triunfo al fin, nada despreciable dadas las circunstancias- en el camino de la construcción aún en proceso de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, heredera del Instituto Literario de Ciencias y Artes fundado no por Gómez Portugal en 1867, sino por Jesús Terán en 1849, hecho histórico impúdicamente soslayado por sus actuales administradores.

Aguascalientes, México, América Latina

tlacuilo.netz@yahoo.com



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Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

Netzahualcóyotl Aguilera R. E.