Opinión

Tlacuilo / Principios universitarios (2)

 

PERDIMOS UNA BATALLA… Del manifiesto que publicamos el 24 de junio de 1973 para denunciar el draconiano procedimiento utilizado por el rector al entregar al Gobernador el anteproyecto de Ley Orgánica para la nueva Universidad, se puede decir que el único punto que “ganamos” (así, entre comillas) fue la atención que nos dispensó la XLVIII Legislatura al celebrar el debate público que solicitamos.

Y digo que lo ganamos entre comillas porque si bien el debate se llevó a cabo, no fue tanto porque lo solicitamos nosotros, sino porque fue una lección que el poder Legislativo quiso darle al rector ya que el Gobernador, tanto como egresado del Instituto como en su papel de titular del Poder Ejecutivo, deseoso de cubrir las formas democráticas internas le había dado la oportunidad de mantener la armonía del Instituto de Ciencias al solicitarle respetuosamente que sometiera el documento en primer término a la comunidad académica, a lo cual se negó con descortesía y obstinación ejemplares.

Al final de cuentas el rector tuvo que dar su brazo a torcer y acudir mansamente al debate para defender su proyecto con el apoyo de toda su camarilla. He aquí la razón por la cual el grupo de poder que controla la UAA se ha resistido, pertinazmente, a reconocer que ésta nació el 24 de febrero de 1974, fecha en que la Ley fue promulgada al publicarse en el Periódico Oficial del Gobierno del Estado.

Por otra parte, la sutileza política de programar el debate de referencia en las vacaciones decembrinas de 1973 tenía por objeto evitar una asistencia multitudinaria que pudiera ser difícil de controlar, lo cual se consiguió fácilmente pues de los escasos 22 participantes solamente impugnamos un estudiante y tres profesores. Así pues, la Ley fue aprobada por la Legislatura casi en su totalidad, si bien tuvo que realizar un arduo trabajo entre enero y febrero para reordenar el texto y hacer correcciones gramaticales y de estilo, debido a la descuidada redacción en la que seguramente no intervino un abogado ni para revisarla, pues contenía errores tan garrafales como la utilización del término escuelas hasta por siete ocasiones, cuando una de las propuestas principales consistía en cercenar las escuelas y facultades para sustituirlas por centros.

Todos los demás planteamientos de nuestro manifiesto fueron prácticamente ignorados por la Legislatura probablemente porque no les dieron la debida importancia, o tal vez para evitar más puntos de fricción con el rector.

PERO EL TIEMPO NOS DARÁ LA RAZÓN. Ya nos la dio con la demostración palmaria de que la UAA no es la Universidad Departamental que nos quiso imponer Rudolph P. Atcon -a pesar de que ya para entonces era calificada como un fracaso en Estados Unidos y por consiguiente en todos los países de América Latina donde la impuso- pero aun así los administradores de la UAA tienen la osadía de seguirla anunciando como tal.


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Antes de concluir esta serie sobre la falsificación del natalicio de la UAA el 19 de junio de 1973 y su significado, me referiré a otros dos temas fundamentales que combatimos en el manifiesto de referencia. Veamos:

UNIVERSIDAD DE MERCADO. Antes de iniciar la exposición del tema permítaseme aclarar que esta expresión acuñada por José Antonio Chávez Paura en 1973 es un contrasentido, pero no hay otra manera mejor de calificar a la UAA. Sobre este particular y basados en los comentarios superficiales que habíamos leído y oído pero nada en concreto, transcribo dos de las aportaciones que hicimos al final del manifiesto, acerca de lo que pensábamos que debería ser la Universidad. Dijimos:

“10.- La Universidad no deberá ser una mera escuela técnica de preparación profesional, ni semillero de técnicos irresponsables al servicio del capital o de nuevas capas de burguesía que sigan pesando sobre la población del país. Por el contrario, nuestra Universidad deberá formar hombres verdaderamente sabios que le den una filosofía al Estado mexicano.”

“17.- Por último, y con especial y enérgico acento, llamamos la atención sobre el erróneo sentido pragmático y utilitario que se pretende imprimir a la Universidad de Aguascalientes. Nuestra Universidad deberá superar el especialismo que convierte a profesionales y técnicos en palurdos con título. Más allá de enseñar contabilidad, extirpación de apéndices o molares o plantación de frutales, nuestra Casa de Estudios debe formar sabios e investigadores con una concepción total del mundo y de la vida, capaces de guiar a su pueblo y de construir una tecnología nacional.”

El 26 de junio de 1973 el rector nos envió una atenta carta en que se dio por enterado del contenido del manifiesto, anexando a la vez el texto de su intervención ante el Consejo Directivo del Instituto el día 19 anterior. En la próxima entrega transcribiremos algunos conceptos básicos del capítulo “Consideraciones Fundamentales”.

Continuará.

tlacuilo.netz@yahoo.com



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Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

Netzahualcóyotl Aguilera R. E.