Un editor debe tener buen ojo, experiencia y gusto por su oficio – LJA Aguascalientes
27/09/2020


  • Joaquín Díez-Canedo participó en el ciclo de charlas El libro y sus secretos
  • El director general de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos se presentó en la Capilla Alfonsina

Es curioso el destino de Joaquín Díez-Canedo. Desde joven vivió inmerso y se interesó por las letras, pero también por la física. Mientras decidía hacia qué área daría el salto definitivo, vivió una serie de experiencias que lo motivaron finalmente a tomar resolución: escribir, editar y dirigir en el ámbito editorial mexicano.

Éstos fueron abordados en la charla El libro y sus secretos, en la que el director general de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos participó la noche del miércoles 17 de julio en la Capilla Alfonsina.

En esta plática Joaquín Díez-Canedo habló de su vida, su paso por el mundo editorial y paralelamente la forma en que se elabora un libro, las herramientas y los procesos creativos, para finalizar hablando de los secretos “nunca antes revelados de cómo se hacen los libros, una actividad que debe de verse como un oficio importante”.

Inició su charla comentando que estudió física y durante su adolescencia tuvo la fortuna de vivir en la casa de un editor: su padre, porque toda su familia “es gente de letras” y añadió que desde entonces tenía algunas nociones del oficio editorial “porque mi padre me encargaba algunas cosas relacionadas a la edición”.

Detalló que su primer acercamiento al mundo de los libros se dio con el tacómetro, un instrumento con el cual se miden las unidades para proporcionar y acomodar los textos en las páginas que dan forma a los libros.

“Entonces yo estaba acostumbrado a ver a mi padre trabajar porque normalmente él se llevaba trabajo a la casa. Nací en 1955, mi padre tenía 38 años y ya llevaba un tiempo trabajando en el Fondo de Cultura Económica del cual se salió en 1961 para fundar la Editorial Joaquín Mortiz”.

Añadió que esta editorial tuvo interés fundamental en la literatura, principalmente en la ficción y el ensayo, y además creó un catálogo editorial que fuera atractivo e interesante para el público y al mismo tiempo le permitiera tener ingresos para mantenerse.

“Recuerdo muy bien a mí padre trabajando en un libro llamado El mundo de la mujer e Historia general del arte, de este último compró los derechos para traducirlo y entonces había que traducir los textos al español y colocar los pies de las fotos”.

Joaquín Díez-Canedo añadió que conoció el trabajo de las galeras (armado de las columnas que componían de líneas que integrarían el texto del libro); se hacía una impresión previa de las galeras para leerlas y corregir los errores.

“En ellas se indicaban con señales las correcciones, aunque si uno no las conocía parecían como un alfabeto misterioso que codificaba cosas rarísimas. Aunque en realidad eran textos en donde indicábamos que la letra estaba rota, que había que voltear una i por una a, o que la línea estaba repetida”.

Agregó que entonces se interesó más por la cuestión editorial y se dio cuenta de que la física requería disciplina y dedicación que él no estaba dispuesto a darle. Además de que justo en ese momento vio un anunció en donde solicitaban un editor para las publicaciones del Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias.

“Entonces fui al departamento a presentar una pequeña prueba para ver quién podía ser el candidato idóneo y como yo conocía los signos de corrección y una de las pruebas era corregir un texto, fui aceptado y empecé a trabajar allí corrigiendo libros de apuntes de clase y realizando algunas traducciones. Gracias a esto empecé a tener una idea de lo que era hacer un libro en páginas”.

El también ex gerente editorial y ex director del Fondo de Cultura Económica expuso que después se acercó al sistema tipográfico de la fotocomposición cuando lo invitaron a trabajar en una revista de arquitectura del Colegio de Arquitectos y ahí se encargó de la edición de las páginas de la revista, de destinar las que eran para la publicidad y también de buscar fotos, e incluso hacer algunos textos o pie de fotos.

“Éste era un sistema que tenía una matriz: un disco como un negativo en donde estaban todas las fuentes y entonces tenía un sistema electrónico muy rápido que iba girando el disco y fotografiando letra por letra para hacer una línea tipo que se revelaba y corregía”.

Joaquín Díez-Canedo Flores continuó con la descripción del proceso que se utilizó con el sistema de impresión Offset, el cual se basa en la diferencia e incompatibilidad del agua con la tinta. Se trata de una emulsión fotosensible depositada en una lámina de aluminio que deja pasar la luz con un negativo hacia áreas específicas que rechazan el agua, entonces cuando pasa una lámina por un rodillo que tiene tinta, ésta sólo se pega en los lugares del papel donde no se halla la emulsión.

“Éste es el método con el que se sigue imprimiendo. A partir de conocer este procedimiento me interesé y entré a la Editorial Tiempo y Lenguaje en donde hacíamos libros muy bonitos que trataban de recoger todos aquellos acontecimientos que después se quedaban en el recuerdo para tener una idea de lo que había sido el año.

“Para eso se hacía una cronología en España, por ejemplo, de enero y a mí me tocaba revisarla para tomar de ella todos los artículos que tenían un interés para nosotros y yo los cambiaba por artículos mexicanos. Éstos podían ser de cualquier cosa; política, economía, espectáculos, grandes accidentes, ciencia y deportes, que se ilustraban con foto de prensa”.

Joaquín Díez-Canedo también destacó que trabajó en Joaquín Mortiz, una editorial que ya tenía más de mil 200 libros publicados. Se dedicó a realizar una hazaña doble: conseguir que los libros que funcionaban bien no se terminaran porque eran los que daban ingresos y regularidad a la editorial, pero también renovarlos y encontrar autores interesantes que fueran de ese “mismo club de autores” o que rompieran lo establecido con su propuesta.


“Mi idea fue balancear por un lado lo nuevo con lo que ya se tiene certeza de que funciona, porque eso proporciona la seguridad del ingreso para la editorial y por lo tanto su existencia, pero si no se renueva, también empieza a perder presencia, visibilidad  y público e ingresos”.

El editor también rememoró la llegada de la iMac y de los programas de escritura y diseño sofisticados, que recordó, tenían tres fuentes; Courier, Times New Roman y Arial, las cuales facilitaron aún más el diseño y edición de los libros.

“Gracias a estos programas surgió la posibilidad de tener más fuentes y un manejo tipográfico mucho más sofisticado en dos cosas que ahora aún parecen un poco burdas: el espaciado entre las palabras y el espaciado entre las letras”.

Sin embargo —agregó— para lograr una buena edición, el editor también debe de tener buen ojo, experiencia y gusto, porque si bien importa en una página de prosa el efecto que da como si fuera un tono de gris la disposición de las letras y renglones en la página, también importa el tamaño de la caja en relación con la dimensión de la página, cómo está ubicada y cuántas letras tiene.

“Además de qué espacio hay entre uno y otro, cuántas letras hay por renglón y cómo separar las letras, porque todo tiene una teoría o una regla de dedo que hay que cumplir, por ejemplo, el no poner más de 70 caracteres por línea porque de lo contrario las letras se acaban por perder”.

Joaquín Díez-Canedo habló de su trabajo como freelance y su rápido paso por la editorial de la UNAM y por Clío, para llegar finalmente al Fondo de Cultura Económica. También conversó sobre la edición y la composición digital, que dijo, ha permitido aumentar la capacidad de memoria de los procesadores, la calidad de los libros y poder imprimir de forma más rápida un libro.

“En el Fondo primero estuve en producción, luego en gerencia editorial y finalmente como director. Allí conocí otra dimensión de trabajo, producción y edición. Tirábamos más de 2 millones de libros al año y unas 200 novedades elaboradas de forma única: en tiros no muy grandes, libros cosidos y en tapa dura.

“Lo más distinto que hice en el Fondo, además de ser muy eficaces y crecer en ventas y en librerías, fue el tránsito un poco a lo de los libros electrónicos, que cuando yo salí ya teníamos como 500 libros, una página muy buena y tratamos de traer el Kindle a México”.

Finalmente Joaquín Díez-Canedo dijo que es el actual director general de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos y detalló que es un lugar en el que trabaja haciendo libros en grandes cantidades, “sin embargo lo que es interesante es darse cuenta de esta increíble política mexicana del libro de texto que incluye la entrega de todos los libros de forma gratuita a los alumnos de preescolar, primaria, secundaria y telesecundaria.

“Lo sorprendente es ver que éstos cerca de 200 millones de jóvenes, reciben material cuyo costo por alumno, por todos los libros por cada año, es de menos de 100 pesos”.
Con información de Conaculta

 

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