07/07/2020


 

  • Sobre la transformación de las mujeres en 100 años

“Me parece interesante que los historiadores hablaran poco de las cuestiones íntimas, del cuerpo, de las emociones”

 

 

Camila es una joven empresaria dedicada al ramo de los eventos de corte sexual que rompen con los tabúes de su familia conservadora proveniente del estado de Jalisco. Exitosa y audaz ha tomado la decisión de vivir su vida con la libertad que no gozó su tía materna, Carlota, de quien ha encontrado escondidos debajo de unas camas sus diarios, en los que nos relata una vida llena de sinsabores, en la que no le fue posible casarse ni tener hijos. Los diarios de la tía Carlota se convierten así en la guía de Camila, que busca ser feliz sin tener que depender de ningún hombre. Sin embargo la libertad siempre conlleva dudas y Camila se enfrentará a ellas tomando como ejemplo a su tía.

Sin dios y sin diablo (Plaza y Janés, 2013) es la segunda novela de la escritora y periodista mexicana Celia Gómez Ramos, quién plantea en ella la transformación que en estos últimos 100 años han visto las mujeres mexicanas, quienes han tomado un papel cada vez más importante dentro de la vida social, política, económica y cultural en nuestro país. Con un lenguaje cotidiano Celia Gómez retrata a partir del encuentro con los diarios, con la palabra, con la memoria, esta transformación, este cambio fundamental:

“Mi madre me comentó una vez una anécdota por teléfono –nos cuenta la también editora de la revista Palabras Malditas.net– una anciana desnuda gritando en el patio de una casa y que dos personas habían llegado a ayudarla y no supieron qué hacer. Eso fue básicamente la anécdota que me contó mi madre, que había pasado en el pueblo de donde ella es originaria. Primero la idea fue hacer un cuento porque me dio mucha rabia que no supieran qué hacer cuando la señora había perdido un espacio de su memoria, y de ahí surgieron mucha dudas como, por ejemplo, si la señora se hubiera quedado soltera, y qué le había pasado en su vida; empecé a construir ese personaje con los recuerdos de mi infancia del pueblo de mi madre, que íbamos a visitar constantemente. Y por otro lado, siempre me ha gustado mucho la idea de los diarios,  entonces pensé en enlazar esa historia a través de un diario que escribía una mujer solterona que siempre quiso el amor pero nunca lo logró, pero que se enamoró de la palabra, empezó a sentir, a tener emociones y a sentirlas y vivirlas en su cuerpo; primero le costaba trabajo porque cuando lo pensaba se quedaba trunca pero cuando lo empezaba a escribir su imaginación empezó a fluir y ella empezó a escribir lo que pensaba, lo que se imaginaba, lo que ella hubiera querido. Después pensé que ese diario podría encontrarlo su sobrina, Camila, una chica citadina, adoptada y que se encontraba pasando por una etapa difícil en su vida y quería saber por qué el lazo consanguíneo era tan importante y si no había algo que podía sustituirlo, encuentra ese diario que hasta cierto punto era muy sensual, erótico, de una tía que tiene hasta ese momento 80 años y que le presenta una tía completamente diferente a la que ella siempre había conocido. Así fue enlazando la historia de Carlota, de principios del siglo XX, en una población rural, totalmente aislada, y la historia de Camila, la sobrina, completamente citadina y que gracias al descubrimiento del diario la define como persona, como mujer, porque ella piensa que no quiere vivir lo que sufrió su tía.

Javier Moro Hernández (JMH): Son dos historias que se mueven en círculos muy diferentes que se deben enlazar de una manera muy fina, ¿cuánto tiempo te llevó escribirla?

Celia Gómez Ramos (CGR): Desde escribir el primer borrador, corregirlo, retomarlo, volverlo a corregirlo y así, fueron ocho años. El primer borrador lo hice en cuatro, cinco meses y en ese momento no le puse fechas, los nombres eran diferentes y poco a poco fui haciendo más escenas, detallando, investigando. Sé que hay mucho escritores que no necesitan investigar y todo se lo deben a una imaginación prodigiosa, la cual yo no tengo, yo sí tengo que investigar, centrarme en la realidad, saber cómo eran más o menos las cosas y a partir de ahí tratar de brindarles esas posibilidades a los personajes  y situarlos en momentos específicos de la historia nacional, para mí era importante señalar cómo ha cambiado del ámbito rural al ámbito urbano en menos de 100 años, que creo es un cambio tremendo, inmenso.

JMH: Una de las cosas que me parecen muy importantes dentro de la novela es el tema de la memoria, que se enlaza entre la transformación de la sociedad y dentro de esa transformación se encuentra el papel de la mujer, pero justo lo haces a través de la voz de Carlota.

CGR: A mí siempre me ha interesado la tradición de la narración oral, que se ha venido perdiendo con los años y toda esa serie de anécdotas o las máximas de Carlota que pongo en la novela son frases que yo escuchaba de niña o algunos son rezos o máximas que escuché y creo que de alguna manera mi crecimiento, mi formación se da a partir de esas frases, de esas ideas inculcadas a través de la palabra y entonces me parecía importante dejarlas ahí y de alguna manera también era una forma de hacer un homenaje a mi madre, sin que se supiera, dejar por sentado que la población en donde ella nació había sido importante y fundamental para mí.


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JMH: El asunto de la tradición oral lo trasladas al diario de Carlota y esta sensación de que el lenguaje te complementa, te ayuda…

CGR: Se deja ir, empieza a percibir con su cuerpo todo lo que está escribiendo y no le funcionaba a la hora de hablarlo, porque además no tenía con quién hablarlo y además no sólo ayuda pensarlo, porque Carlota se quedaba trunca y eso es a lo que ayuda también la escritura, te da la posibilidad de reflexionar y de hacer cuentos, de hacer historias, de hacer novelas.

JMH: La relación entre Carlota y Camila, que son dos mujeres completamente distintas, es en momentos históricos completamente diferentes, sean los diarios, la palabra.

CGR: Me parece fundamental la forma en que podemos acercarnos a las diferentes sociedades, y me parece que es a través del lenguaje, pero sobre todo a través del lenguaje escrito, es lo que nos permite tener ese punto de contacto, y eso es lo que les pasó a Carlota y a Camila, pues esta última encontró el diario chavita, a los 13, 14 años y a partir el diario se convirtió como en su segunda madre, porque finalmente a la tía siempre la vio incólume, alguien que nunca les contaba nada de su vida, pero a partir del diario conoció a alguien completamente distinta, conoció su corazón  finalmente.

JMH: El erotismo femenino es parte central de tu novela y de tu obra como periodista, me llamó la atención abordar el erotismo de las mujeres de principios del siglo XX, algo que se ha abordado poco y que de cierta manera se ha manejado como si no tuvieran deseos eróticos.

CGR: Yo quise imaginarme que no era así, quise imaginarme que ésos eran sus espacios para ser ellas, por eso puse a mis personajes femeninos a platicar entre ellas, porque habían hecho un pacto, una alianza entre primas, parientes, para que cuando cada una de ellas tuviera relaciones con sus parejas lo platicarían después de sus vivencias, porque me pareció importante que sintieran cosas y que las hablaran y yo me imagino que fue así, aunque eso no lo encontré en ningún libro, y sí me parece interesante que nuestros historiadores hablaran un poco de las cuestiones íntimas, del cuerpo, de las emociones que tenían las personas de otras épocas, me imagino que fue así, que las mujeres disfrutaban, las mujeres se cuestionaban, la mujer se preguntaba cosas y pues ahora lo seguimos haciendo pero de una manera diferente, tal vez ahora primero lo hacemos y después nos preguntamos, antes tal vez por no hacerlo se lo preguntaba.

JMH: Resulta interesante que Camila, la sobrina, que es la otra cara de la moneda, una mujer liberada, que disfruta su sexualidad, que tiene una empresa de espectáculos eróticos, se sigue cuestionando cosas sobre su vida, sobre sus sentimientos, sobre su sensualidad.

CGR: Pero de repente sus emociones le dan miedo, algo que no le pasaba a la tía, que no le daban miedo sus emociones porque el cuerpo era el que se podía vulnerar, a Camila no le genera ningún problema, lo que en realidad le genera el problema es encariñarse con alguien, le da miedo entregarse porque cree que las relaciones nunca duran y yo creo que una generación va así, una generación piensa de una manera y de la siguiente es completamente distinta.

JMH: ¿Qué tanto hay de Celia Gómez en las dos protagonistas de la novela?

CGR: El autor miente si dice que no hay nada de uno en un texto, por supuesto que sí, y son los propios cuestionamientos que uno se hace los que viertes en la escritura, siempre, son tus intereses, son tus obsesiones, porque si no, no podrías sentirla, y peor aún, la gente no podría sentirlo.

JMH: Camila es parte de otra generación y me parece importante la cuestión de la libertad con la que asume su sexualidad y que le cuesta trabajo entregarse pero no sentir placer, el placer es parte de su vida.

CGR: Lo vive muy bien y lo que no le gusta es entregarse, involucrarse y lo que le gusta es controlarlo, controlar las situaciones, controlar a los hombres, porque piensa que la tía sufrió mucho por culpa de los varones, porque la tía no pudo tomar sus propias decisiones por culpa de los hombres, su padre primero y después las parejas que tuvo, el primero que se murió y el segundo que le llegó muy tarde y además era el ex marido de la hermana, que es algo muy extraño pues en su época y en las sociedades rurales, ese tipo de cosas importaban mucho y eran mal vistas.

JMH: Las figuras masculinas no tienen la fuerza de tus personajes femeninos y ahora que mencionas al cuñado de Carlota podemos ver que también en estos 100 años los hombres han cambiado.

CGR: Todavía en la sociedad rural que retrato en los diarios de Carlota y se nota que tenían cuestionamientos y dudas, pero también en el personaje de Aníbal, la pareja de Camila, se le notan dudas, cuestionamientos, los personajes masculinos son más de entrada y salida, los hombres tienen menos espacio, pero me parecía que los hombres que pudieran leer la novela vieran la transformación que hemos tenido las mujeres en estos 100 años y por ejemplo en el caso de Aníbal es un personaje que disfruta su vida, que tampoco quiere entregarse y eso me parece que es producto de la sociedad actual, la vida se disfruta más pero queremos compartir menos, sí podemos disfrutar mucho pero queremos hablarlo menos.

 


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