01/06/2020


 

INJUSTICIA PERENE. El género humano ha pasado miles de años buscando una forma de organización política que reduzca la injusticia, causa de la desigualdad que provoca la explotación de los más por los menos. Después de más de dos siglos de aplicación práctica, la democracia moderna evolucionó desde la Monarquía Constitucional hasta la República Socialista, pero lo que prevalece es el despotismo disfrazado.

MÉXICO NO ES EXCEPCIÓN. Lo vemos en cada candidato que con el mayor cinismo promete obtener, en su minúscula gestión, la justicia que no han conseguido millones de mexicanos sacrificados al pretender alcanzarla desde el momento mismo de la conquista.

Pues si bien la Revolución nos dio cierta estabilidad (autodeterminación política, autosuficiencia agrícola y energética, educación laica y gratuita, política cultural altamente reconocida en el mundo entero, potente intento de industrialización, etc., por todo lo cual América Latina llegó a considerarnos el hermano mayor), finalmente dicho progreso se extinguió por causas tanto internas como externas, a manos de los verdugos de siempre: el capitalismo, la indolencia producida por la ignorancia que cultiva el fanatismo y los traidores a la Patria que no se atreven, por ejemplo, a eliminar una de las causas de la violencia liberando el comercio de las drogas prohibidas, por no molestar al imperialismo financiero que es el gran beneficiario del negocio.

NO MÁS VIOLENCIA. El pueblo está harto de violencia porque es el que aporta los difuntos sólo para cambiar a unos explotadores por otros. En tan sólo cinco sexenios de neoliberalismo, más el presente, el gobierno mexicano, servil al imperio y en contubernio con lo que eufemísticamente llaman iniciativa privada nacional y extranjera, privatizó y sigue privatizando mediante las mismas reformas neoliberales y en abierta violación de la letra y el espíritu de la Constitución de 1917, el patrimonio generado con tanto esfuerzo. Y sin dejar de reconocer avances con la reforma educativa y la tímida fiscal, hasta ahora nos destacamos por ser el país que más multimillonarios y más pobres ha producido en América Latina, lo cual es lógico porque no puede haber miseria sin acaudalados, ni opulencia sin pobres que la engorden.

A sabiendas de ello, sin embargo, el pueblo seguirá llevando a cuestas esa pesada carga de parásitos, porque no le encuentra sentido a continuar sacrificando más vidas infructuosamente.

INCONGRUENCIA, LA CAUSA. Así como los seres humanos nos traicionamos a nosotros mismos ocasional o frecuentemente cuando al traducir deliberadamente ideas diferentes y hasta opuestas a las que nuestro cerebro genera; y peor aún: cuando nos traicionamos a nosotros mismos al actuar de manera diferente y hasta opuesta con relación a lo que expresamos, es lógico que la colectividad integrada por seres humanos tan inconsistentes, irresolutos o tramposos, actúe de la misma manera.

LA ÉTICA. En el caso del individuo, nuestro pensamiento se guía moralmente por lo que llamamos fuero interno, juez implacable que nos hace un cargo de consciencia cada vez que transgredimos normas, ya sean adquiridas del medio que nos rodea o generadas por nuestro raciocinio; de la misma manera la sociedad, suma de sus individuos, posee valores generales como libertad, solidaridad, justicia…

LAS LEYES. Esos principios éticos se traducen en leyes escritas que se difunden para que la sociedad entera los conozca y se comporte idealmente de acuerdo con ellos.

LA TRANSGRESIÓN. Pero he aquí que, al igual que en los procesos mentales individuales, hay leyes justas apegadas al principio ético -que conocemos como espíritu de la ley- pero también hay otras que lo distorsionan para beneficio de las clases explotadoras; esas leyes injustas invitan, por sí mismas, a ser violadas por el pueblo trabajador que es el que llena las cárceles.

LA CORRUPCIÓN. Por otra parte, las leyes justas que son transgredidas por los poderosos para obtener gigantescos beneficios, provocan el surgimiento de la corrupción mediante el soborno de los supuestos encargados de hacer justicia, soborno mediante el cual evaden el castigo para continuar ostentando el “honorable” nivel social, económico y político del que disfrutan.


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EL DERECHO. Aquí interviene el Derecho, que pretende conciliar conflictos y apoyar indefensos. Sin embargo, los juristas que lo practican no siempre se guían por los valores que deberían respetar, sino por intereses materiales que tuercen las sentencias, prevaricando el propósito final que es el valor Justicia. La corrupción crece.

LA POLÍTICA. Si bien hay políticos que se distinguen por su rectitud ética y legal, son multitud los que hacen mal uso del poder imposibilitando su propósito esencial que es el bien común. Aquí llegamos a la máxima corrupción, en donde se cometen las mayores chapucerías, hipocresías y traiciones, porque sus promesas incumplidas y sus acciones fraudulentas afectan al pueblo entero. Es en este terreno en donde encontramos a los mayores traidores a la Patria.

Aguascalientes, México, América Latina

tlacuilo.netz@yahoo.com


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