Opinión

A reformadas cuentas… / Podemos Cambiar Aguascalientes

 

Por Miguel Ángel Medina Méndez

 

En diciembre de 1938, el entonces presidente Lázaro Cárdenas del Río impulsó la primer gran reforma energética conocida hasta entonces, la cual proveía la propiedad exclusiva del Estado sobre los recursos en el subsuelo con la finalidad de suprimir las concesiones sobre el petróleo y los hidrocarburos ya que esta cualidad confería a particulares, los derechos para explotar y aprovechar los bienes del dominio nacional.

 

Hoy en día a 75 años de este suceso, el Presidente de la República el C. Enrique Peña Nieto desde su campaña y con una serie de compromisos que a simple vista algunos de ellos lucen utópicos, anunció su intención de poner en marcha su propuesta de reforma energética que promueva al sector como motor de inversión y desarrollo respetando ante todo la propiedad de la Nación sobre los hidrocarburos.

 

“El objetivo sería primordialmente transformar a Pemex en una empresa pública de carácter productivo, propiedad del Estado con la capacidad de competir en la industria para convertirse en una empresa de clase mundial”, “además se le dotaría de reglas de gobierno corporativo y de transparencia” dice abanderando la iniciativa el señor Presidente.

 

Sin embargo, no todos han visto desde esta óptica dicha iniciativa, al interior del Congreso se ha suscitado un debate férreo, logrando hasta cierto punto desestabilizar el ya por todos conocido “Pacto por México” que no es otra cosa que un acuerdo político en búsqueda del fortalecimiento del Estado mexicano, es decir, que nuestros legisladores y políticos gobernantes “antepondrán esta premisa ante cualquier escenario”, muchos esperaríamos a que en un hipotético acto desinteresado de patriotismo nuestros responsables legisladores lograsen situarse en la mesa del diálogo, destacando los intereses colectivos de nuestra sociedad; innumerables testigos de una encarnizada pelea de egos e intereses de cúpulas oligárquicas de nuestro sistema de partidos.

 

Mientras tanto actores como Carlos Romero Deschamps, líder sindical y abanderado en representación de aproximadamente 200 mil trabajadores de Petróleos Mexicanos se ha limitado a señalar anteriormente al respecto; “yo no le puedo garantizar que (con la reforma energética) PEMEX no se vende o se privatiza, tampoco lo contrario, vamos a analizar las propuestas, ver qué es lo que sale, pero como se dice aquí en Tamaulipas, no calentemos gordas”. Cosa que pocos esperarían de un líder sindical de semejante envergadura y legislador que ha sido en tres ocasiones diputado federal y hoy en día cumple su segundo mandato como senador de la república; ¡pero bueno!, tampoco ha presentado una sola iniciativa en su vida legislativa, al parecer las expectativas hacia su persona no tendrían inexorablemente fundamento alguno.

 

Parece no importar que nuestro país conserva el sistema más cerrado del mundo en la producción de hidrocarburos: el mito nos ha obligado a mantener esquemas que son ya obsoletos, el modificarlos o prescindir de ellos representaría acometer un verdadero “acto de alta traición a la patria”, de tal forma que, la situación en torno a la emergencia energética en la que nos encontramos resulta verdaderamente apremiante, Pemex destaca como una de las empresas más productivas del mundo, el petróleo mexicano aporta actualmente cerca del 35% a los ingresos federales, representa el 7.4% del PIB y según los pronósticos, para el 2018 será sólo el 6.9%. La revista Forbes la señala como la octava empresa petrolera a nivel mundial, con una producción de 3.6 millones de barriles por día.

Respecto a la reforma energética, se encuentra la existencia y vigencia de discursos que ya deberían haberse superado. Cada régimen político recurre a mitos para propugnar su legitimidad. Esto es, relatos que apuntan a un pasado, mismo que se encuentra sujeto a una interpretación histórica, el cual aporta claves para iluminar y justificar las peripecias del hombre o de la vida en sociedad. Sin embargo la propia dinámica social, sujeta a la constante transformación, reformula y replantea los fundamentos del poder político y hace que algunos se trasfiguren e incluso se extingan,  para ser reemplazados por otros. En este caso, necesitaríamos reforzar los valores de la democracia, el pluralismo y la modernidad. Aunque esto represente un esfuerzo permanente cuya principal, más no única responsabilidad, recaería en el Estado, ya que se han dejado pasar años sin hacer algo al respecto y hemos caído en un statu quo permanente.

 

Retornando al tema de Pemex, en una encuesta realizada por el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública perteneciente a la Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión (CESOP) las estadísticas nos evidencian datos relevantes en torno a la paraestatal: 69% de los entrevistados dijo que la forma en que PEMEX usa sus recursos es “poco” o “nada” transparente, el 88% de los encuestados dijo que existe “mucho” o “algo” de corrupción en PEMEX, mientras que el 53% de los participantes consideró que la administración de PEMEX es “mala”, un 52% tiene una “mala” opinión del sindicato de PEMEX y un 80% considera que el sindicato de PEMEX beneficia más a los líderes sindicales, aspectos que deja en entredicho la perspectiva que la ciudadanía posee sobre la paraestatal y que la misma se ha encargado de proyectar a lo largo de al menos 4 o 5 décadas.

 

Finalmente está el tema del análisis y prospectiva energética, al ser el petróleo un recurso no renovable, se necesitan encontrar otras fuentes que no sólo sean capaces de proveer, sino de sustentar. Si bien algunos analistas estiman que se tendría una alternativa en reservas en un lapso de una a tres décadas, México necesita estar preparado para desafiar el reto y no esperar a que otros lo resuelvan. Para eso se necesita invertir y planear, principalmente en educación e investigación. Es hora, ya desde hace años y en materia energética, de pasar de ser espectador a ser protagonista en la escena mundial.

 

@MikeMedinaM

mikemedinamendez@gmail.com

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