Opinión

Una oportunidad a la música clásica / El banquete de los pordioseros

 

 

Es posible que pienses, amable lector, que soy un pobre romántico ingenuo y necio que insiste que la música clásica es para todos, es del pueblo y para el pueblo y que nada hay menos elitista que la música clásica, o de concierto o culta o académica o como prefieras llamarla, de cualquier manera, me refiero a esa música para la que es necesario estudiar si la quieres tocar, que compromete tus ideas y que ha sido la única expresión musical que se ha mantenido, digamos desde la Edad Media con los primeros intentos de polifonía en el período de la Era Gótica, hasta nuestro días, tan vigente como cualquier expresión musical de moda. Sí, en efecto, yo pienso que la música clásica -creo que con este nombre es más fácil darme a entender a qué tipo de música me refiero- debe ser disfrutada por todos, independientemente de nuestra capacidad económica, de nuestro nivel académico, si tienes algún postgrado o si a duras penas terminaste el jardín de niños, da igual, de cualquier manera puedes disfrutar con la misma intensidad de la Gran Fuga de Beethoven o de la Sinfonía Turangalila de Oliver Messiaen, no importa si eres un erudito en música o tan neófito para no ver la diferencia entre una joyita como el concierto en el Filmore East de la Allman Brothers Band y baratijas como la producción más reciente de One Direction, si es que tienen una, la verdad no sé, y para ser sincero ni me interesa, en fin, el asunto es que la música clásica está diseñada para ti, no importa si nunca has puesto un pie en una sala de conciertos o eres asiduo visitante a estos sagrados recintos.



Sí, la sala de conciertos tiene la capacidad de convertirse en un oasis de paz, en un momento para reinventarse, la sala de conciertos es un alto en el camino, es un momento de reflexión en donde puedes revalorar muchas de las cosas que te suceden en la vida y darles su justa dimensión, e incluso, si crees en Dios, la música te acerca más a Él. La sala de conciertos es la justificación que necesitamos para continuar, ahí recargamos las pilas. Entre la lluvia de notas musicales podemos olvidar problemas como la reforma energética, el desempleo, la violencia de las calles, la corrupción, los gasolinazos, pero no como un escape facilista y conformista que a la hora en que nos reintegramos a la vida nos resulta más dolorosa la realidad, no, no es así, la sala de conciertos, con todo lo que pasa adentro, es un proceso en el que nos convertimos definitivamente en mejores seres humanos, somos más sensibles al sufrimiento de nuestro prójimo, menos indiferentes a las desgracias que sufren quienes nos rodean, en general, nos hace mejores personas. Es imposible que seamos los mismos antes de entrar a la sala de concierto que una vez que salimos de ella, algo se movió en nuestro interior, algo nos ha hecho ser mejores.

Lo que pasa es que por algún motivo, la música clásica tiene mucho menos reflectores que otras manifestaciones musicales, no cuenta en la radio con los mismos espacios que, por ejemplo, el pop u otras cosas que en lo personal me irritan y me llevan al hartazgo, citando a Jim Morrison, aunque cambiando de contexto la cita: “es un largo y prolongado desarreglo de todos los sentidos”, en pocas palabras, es música, ¿música? que me descompone y supongo que ya sabes a cuál me refiero, en fin, lo cierto es que es imposible que a la gente le guste algo que no conoce, de hecho sé de muy pocas, verdaderamente pocas personas que, habiendo asistido a un concierto de música clásica   digan que no les gustó, y es que es totalmente cierto, no son alucinaciones mías, la música clásica es para todos y es la menos elitista de todas las manifestaciones musicales. Ya me imagino que más de uno estará leyendo estas líneas  -en esas me viera, que me leas aunque no pienses como yo- y estará sonriendo con cierto gesto de burla, pero aún así, eso es lo que pienso, que la música clásica es la menos elitista de todos los lenguajes musicales que se te puedan ocurrir, no es ni para gente de dinero, ni para egresados de Oxford, ni mucho menos para viejitos, lo reitero, es para todos. Es verdad, o si lo dudas, ponte a pensar en algo, cuánto cuesta una entrada para asistir a un concierto de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes cada viernes cuando hay temporada, creo que $80.00, sí, leíste bien, ochenta pesotes el más caro. Imagínate, ¿es eso elitista? Suena absurdo si lo comparamos con los precios, por ejemplo, del Palenque en tiempos de feria, mejor ni hablamos, ¿verdad? Y luego no falta el despistado que diga que cómo quieren que el pueblo sea un consumidor de la oferta cultural si los precios están fuera de su alcance, esto sin contar el hecho de que buena parte de los eventos culturales, ya sean conciertos, exposiciones, conferencias, etc. son gratuitos. Lo más triste es que nadie reclama por los altos costos de conciertos o eventos cuyos artistas no valen tres pesos, pero cobran como si de verdad ofrecieran una buena alternativa musical.

Pero lo más lamentable es que en muchas ocasiones, quienes toman las decisiones, particularmente los responsables de las cartas de programación de las estaciones de radio que deberían estar interesadas en ofrecer esta alternativa de oferta cultural, particularmente de un repertorio musical que no es ni será favorecido jamás por la radio comercial, finalmente no tiene por qué serlo, para eso hay estaciones permisionadas, les da miedo programar este repertorio. Tengo mis anécdotas a este respecto, recuerdo que cuando se presentó la ópera La Traviata de Verdi, yo, trabajando en Radio y Televisión de Aguascalientes estaba, como siempre, neceando para transmitir una de las dos funciones, por razones obvias el Instituto Cultural de Aguascalientes nos autorizó transmitir en vivo por televisión la segunda presentación que fue un domingo, pero el asunto que quiero compartir contigo es la primera respuesta que recibí del director general del organismo de cuyo nombre no quiero acordarme, fue esta: “eres muy utópico, cómo crees que a la gente la va a interesar la ópera, a Juan Pueblo eso no le gusta”. Patético el comentario, sin duda, ¿no es acaso menospreciar la capacidad de digestión musical de eso que él llamó “Juan Pueblo”? Otra más reciente pero no menos desafortunada, yo pretendía formar una barra de programación de dos horas diarias por las noches de música clásica en 92.7 FM y que finalmente lo conseguí, contando con la colaboración de un par de buenos amigos que se ofrecieron a conducir y producir programas sin cobrar nada, sólo por el amor a la música, mi entero y perpetuo agradecimiento a Arturo Reyes Barba que hacía un programa llamado “Musicca da Chiesa” especializado en música sacra y Lautaro Ortiz Juárez encargado del programa “Musicámara” que presentaba un repertorio inagotable de música de cámara, ambos integrantes de la Sinfónica de Aguascalientes. La primera objeción de quien tomaba las decisiones fue que dos horas era mucho, yo le argumenté que hasta los cd’s habían modificado su formato original cambiando de 60 a 74 minutos para que una obra tan importante como la Sinfonía Novena de Beethoven pudiera caber completa en un solo disco, ¿por qué nosotros, en una estación de radio cultural, no habríamos dedicarle el tiempo justo a un lenguaje musical totalmente desfavorecido por los medios? Finalmente se hizo, pero con la consigna de meter sólo a Mozart, Haydn o Bach, ¿te imaginas? Por supuesto que nunca le hicimos caso, a palabras necias oídos sordos, eso sí, un  día me regañó porque tuve el atrevimiento de meter el Concierto para Orquesta de Bartok, pero a cambio de ese regaño, muchos radioescuchas agradecieron el hecho de que finalmente se programara en radio la obra de Bartok, Mahler o Bruckner. Finalmente eso hace que el esfuerzo valga la pena.

Pues bien amigo lector, ya me comí demasiado espacio y es hora de despedirme, te invito a que me acompañes el próximo viernes en nuestro Banquete de los Pordioseros de cada semana aquí en La Jornada Aguascalientes. Antes de irme sólo quiero pedir una oportunidad para la música clásica, dásela tú en casa, porque los medios electrónicos siguen irremediablemente miopes, ni hablar.

 

rodolfo_popoca@hotmail.com

The Author

Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches