La calidad de la democracia y sus causas / Enrique F. Pasillas - LJA Aguascalientes
27/07/2021


Según “Latinobarómetro 2013”, un estudio de opinión pública realizado por La Corporación Latinobarómetro, con sede en Santiago de Chile, el apoyo a la democracia en México por parte de su población es de 37%, ocupando así el último lugar entre los 18 países encuestados, por detrás de Honduras y Guatemala, penúltimo y antepenúltimo de la serie. Y otra vez México en los niveles más bajos de otro representativo indicador ponderado, con un raquítico 21% de satisfacción con la democracia.

Latinobarómetro también hace un análisis de la situación de la democracia en cada país, y en el caso específico de México los resultados son muy preocupantes, por decir lo menos. Esto porque en el año 2000, con la alternancia partidista en el gobierno federal, el apoyo ciudadano a la democracia alcanzaba el 44%. Para el año 2002, aumentó a 63%, manteniéndose alto durante todo el resto de la presidencia de Fox, que terminó su periodo con 59% en 2005.

Luego, durante “el gobierno” del presidente de la república anterior, el apoyo a la democracia inició en el año 2006 con 54% para bajar después hasta el 40% en 2011. Hoy sólo un 37% de la población mexicana apoya a la democracia.

Así, si bien es relativamente cierto que la calidad de la democracia en casi todos los países de la región iberoamericana ha avanzado en aspectos normativos, institucionales y de funcionamiento del Estado (existe la separación formal de poderes, existe una supuesta igualdad formal ante la ley que a veces es muy difícil de llevar a la praxis, jurídica cotidiana, sobre todo para los grupos y personas más vulnerables de la sociedad, hay elecciones relativamente libres, etc.); los resultados de Latinobarómetro, que se hace desde 1995 en la región, ponen de manifiesto que los ciudadanos no están conformes y no se conciben dentro de la democracia.

De modo que con bajos niveles de educación e información los ciudadanos juzgan a la democracia, en este caso a la mexicana, por lo que viven día a día. Y si resulta que un ciudadano está o ha estado en situación de exclusión social y económica, como lo están más o menos 55 millones de mexicanos, y si además las instituciones públicas como partidos, gobiernos, congresos y jueces no han hecho nunca mucho por ellos, entonces el valor que se le otorga a esas instituciones es lógicamente bajo o muy bajo, como es el caso reseñado.


Coincidentemente, aparece recientemente a la opinión pública otro estudio a cargo del IMCO (Índice de Información Presupuestal 2013), que pone de manifiesto que México en conjunto y las entidades federativas en particular, salvo extraños casos que confirman la generalidad, están simple y llanamente reprobados en la transparencia del gasto público y otros indicadores de rendición de cuentas y calidad democrática. Este estudio no es el único en apuntar en dicha dirección, pues hay otros de International Transparency, CIDAC o FUNDAR disponibles para cualquier interesado.

¿No será entonces a la luz de esta información reciente, que el bajo apoyo y la poca satisfacción que encuentran las mexicanas y los mexicanos en la democracia tiene que ver con el alto grado de corrupción y opacidad que se da en el gobierno y la administración pública a todos sus niveles?, ¿no será que los partidos y las instituciones públicas cada vez representan menos al interés general? Son meras hipótesis.

Postdata: vaya un sincero abrazo a todos quienes hacen posible La Jornada Aguascalientes en su quinto aniversario. Siempre es un orgullo contribuir, así sea de manera modesta, al desarrollo y consolidación del mejor diario de Aguascalientes.

@efpasillas

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