¿Cuántos libros lees en el año? / País de maravillas - LJA Aguascalientes
11/08/2022

Hace poco me preguntaron, así, de la nada y sin anestesia, cuántos libros leo en promedio al año. Me quedé muda: la verdad es que no sabría decir cuántas vidas de CandyCrush juego al año, cuántas horas de televisión me refino en ese tiempo o cuántas canciones escucho en el mismo periodo. Y es que lo que me gusta lo hago porque me gusta, no porque quiera alcanzar una meta específica.

Además, si eso no fuera suficiente, no me imagino midiendo el gozo en minutos, en número de palabras o, peor aún, número de palabras por minuto. Peor todavía: ¿la pregunta se refiere a libros nuevos o a libros en general? ¿Incluiríamos en la cuenta los libros que releo cada cierto tiempo? ¿Podríamos añadir fracciones, considerando los libros que leo a medias o a cuartas o a menos que eso?

Compliquemos más la cuestión: ¿van en la cuenta todos los libros, incluyendo los que me dejaron indiferente, los que empezaron bien pero al final me decepcionaron, los que empezaron lento pero se pusieron buenos, los que simplemente odié, o sólo ponemos los que amé con locura? Otra cuestión: ¿incluimos los que leí por obligación o sólo los que fueron por gusto? ¿Y qué hacer con los que leí por obligación pero que igual disfruté?

Por si fuera poco, están los libros delgaditos y los libros gordos, que si vamos a medir en tiempo o volumen equivalen a varios de los delgaditos; están los libros en los que uno puede navegar como barquito de papel en arroyo cristalino y los que resultan bosques espesos, en los que cada paso, machete en mano, es un triunfo (pero que no por eso resultan menos agradables que los otros).

¿Y los libros electrónicos? ¿Y los que alguien nos pasó en fotocopias porque hace mil años no los reeditan? ¿Y las novelas gráficas? ¿Se puede contabilizar igual un libro de haikús que lees por cachitos durante varios meses (¡o años!) que una novela lineal de cuatrocientas páginas que puedes terminar en dos días? ¿Cuentan igual los que olvidas una vez que los cierras que aquellos que embrujan tu memoria y se quedan ahí por mucho tiempo?

Cuando terminé de preguntarme éstas y muchas otras cosas, mi interlocutor ya estaba platicando con alguien más. Pero yo me quedé pensando en el asunto y es por eso que ahora lo comparto con ustedes. Porque creo que está muy bien hacerse el propósito de leer más, pero quizá habría que buscar formas sensatas de plantear este propósito. Decir el seis de enero: “Este año voy a leer más” equivale a no decir nada: ¿cuánto es “más”? Decir “Este año leeré cien libros” es una barbaridad: ¿qué pasa si te enfermas, si te operan de los ojos, si en el mes de tu cumpleaños te atrasas? ¿Y si, para ponernos aún más complicados, no tuviéramos todavía el hábito de la lectura? Sería como intentar competir en un triatlón sin saber nadar o andar en bicicleta.

Por lo que he visto a mi alrededor, cuando nos ponemos una meta de este tamaño suele pasar que, ante el primer o segundo obstáculo, abandonamos por completo la intención: nuestro reflejo, cuando nos damos cuenta de que los propósitos planteados eran irrealizables, casi siempre es botarlos por completo antes que cumplirlos en parte. Otra opción, no menos espantosa, es olvidarlos durante el año y recordarlos en noviembre o principios de diciembre, para entrar en un loop frenético que tiene poco o nada de placentero.

Sin embargo, no suena mal lo de proponernos algo relacionado con la lectura durante 2014. Yo sugeriría que, en lugar de plantearnos la posibilidad de leer más (o de -terror y espanto- poner a leer más a nuestros niños, niñas y/o adolescentes), consideráramos la opción de leer mejor. Funciona bien lo de crear metas cuantificables, pero también hay que tratar de no perder de vista el objetivo primordial y ese, en el caso de la literatura, no debería ser algo relacionado con la productividad, la eficiencia o la utilidad: leamos para disfrutarlo y si a alguien le sirve, además, para mejorar la ortografía, ampliar su vocabulario, ser mejor persona (lo que sea que eso signifique) o adquirir conocimientos prácticos para la vida diaria, pues que sea un añadido, no el eje central de la experiencia.

Así las cosas, yo les sugiero las siguientes opciones:


  1. Leer aunque sea poquito todos los días, con la opción de dejar a un lado el libro que no me prenda.
  2. Iniciar (y mantener) un diario de lecturas en el que apuntemos título, autor, brevísimo resumen y calificación enteramente subjetiva que le ponemos al libro en cuestión (sea que leamos uno, cien o mil).
  3. Armar un libroclub de reuniones regulares (semanales, mensuales, lo que uno decida) con al menos dos integrantes (uno y un amigo, la familia completa, un grupo de escuela, los interesados de la biblioteca pública de nuestra preferencia) para platicar del libro que cada quien haya leído en el tiempo elegido.

Seguro a ustedes se les ocurrirán otros propósitos (más simpáticos y realistas que lo de leer cien libros en el año). ¿Cuáles son? Mientras los piensan, les deseo un 2014 lleno de lecturas entrañables.

Encuentras a Raquel en twitter: @raxxie_ y en su sitio web: www.raxxie.com

 

Foto: Roberto Guerra


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