12/07/2020


Hace algunos años, lo recuerdo bien y con elocuente orgullo, se colocaron en las entradas a Aguascalientes letreros con la leyenda: “Aguascalientes, ciudad con Orquesta Sinfónica”, una forma muy original y afortunada de dar la bienvenida a quienes visitaran nuestra ciudad.

Y es que contar con una orquesta sinfónica como la que tenemos en Aguascalientes significa algo más, mucho más que tener otra opción para pasarla bien los viernes en la noche. El hecho de tener una orquesta sinfónica es un síntoma fácilmente identificable de una sociedad robusta, plena, lleva de vida, de una sociedad que no es conformista, que no se contenta con irla pasando con lo mínimo necesario, y no me estoy refiriendo solamente a cuestiones de carácter económico. Quien asiste a un concierto sinfónico, lógicamente también de música de cámara, como quien lee un libro, asiste a una obra de teatro  o frecuenta las galerías de arte, es alguien que, incuestionablemente, busca o está en proceso de ser una mejor persona. El contacto con el arte, en cualquiera de sus formas, nos hace mejores seres humanos, menos indiferente al dolor ajeno y nos involucra, nos compromete más en nuestro entorno. Esto no es resultado de un acto de magia, es producto de un trabajo continuo, de un constante e irrenunciable contacto con todas las formas de arte a las que tenemos acceso, el arte nos ayuda a ser exigentes y no conformistas, nos enseña a cuestionar, a no decir que sí dócilmente, como perrito de tablero de coche (me acordé de un amigo, luego te platico de él). En fin, el arte es eso, te da formación como ser humano y tener una orquesta sinfónica nos habla de una sociedad que busca eso en sus habitantes. Es lamentable que esa señalética de la que te hablé al inicio de estas líneas no esté más ahí para decirle a quienes nos visitan que Aguascalientes, tiene orquesta sinfónica, es decir, que le apuesta a un mejor nivel de vida.

Me queda claro, y creo que también a ti, amigo lector, que semanalmente te sientas a la mesa para participar de este Banquete, que una orquesta no es un lujo, como algunos despistados y acaso mal intencionados pretender hacer suponer, no sólo en Aguascalientes, sino en todos lados; lejos de ser un lujo, una orquesta es una necesidad de primer nivel, es más, me parecería muy sano que por decreto, todos los estados de la República Mexicana tuvieran por lo menos una orquesta para dar servicio a sus ciudadanos, una orquesta y una oferta cultural generosa, esto nos habla claramente de las ambiciones de un estado o de una ciudad, de sus pretensiones, de sus aspiraciones, de una comunidad preocupada por ofrecer lo mejor a sus habitantes y visitantes. Lamentablemente no todas las ciudades tienen una orquesta, tampoco museos, ni galerías ni teatros, sin embargo, los bares, cantinas y antros se cuentan por montones, en cualquier ciudad, pueblo, aldea o lo que sea.

Incuestionablemente, el pulso de algunas de las más grandes ciudades del mundo se mide en función de sus orquestas, de hecho, es inconcebible  una gran ciudad sin una orquesta,  todas tienen impresionantes y solventes organizaciones musicales, por ejemplo, ¿podríamos entender a Londres sin su majestuosa Sinfónica, o sin su Royal Philharmonic  o sin su Academy of Saint Martin in the Fields? Imposible, sus orquestas son parte de su personalidad. O pensemos en Berlín o Viena sin sus históricas y legendarias filarmónicas, no se puede, como tampoco se puede imaginar a Amsterdam sin su flamante Orquesta del Royal Concertgebouw, o Praga sin la Filarmónica Checa o Roma sin la Orquesta de la Academia de Santa Cecilia. Todas estas ciudades y otras más como Boston, Nueva York, Filadelfia, Cleveland o Chicago son en gran medida, sus propias orquestas.

Sí, Aguascalientes tiene Orquesta Sinfónica y también es parte de su personalidad. Es, además, una orquesta de primer nivel, considerada por los que saben como una de las 5 o 6 mejores orquestas de México que por su tamaño y calidad está preparada a abordar cualquier repertorio. Se ha sabido adaptar a las dimensiones del período barroco en donde basta con una veintena de músicos, pasando por el clasicismo vienés en donde las pretensiones de la época piden 35 o 40 músicos hasta llegar a las exigencias del romanticismo y del posromanticismo en donde desde Bruckner hasta Mahler piden formaciones  de una centuria de músicos.

Nuestra Sinfónica puede abordar solventemente todos los repertorios, lo hemos visto, como cuando el 16 de abril de 2004, hace ya casi 10 años, la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes interpretó la Sinfonía Octava “De los Mil” de Gustav Mahler con la dirección del entonces titular de la OSA, el maestro Enrique Barrios. La obra se conoce con ese nombre “De los Mil” porque ese fue el número de músicos que fueron convocados para el estreno en Münich, Alemania en 1910. Aquí no fueron mil, pero si alrededor de 450 músicos entre orquesta, coro y solistas. Hasta ese momento, no lo sé ahora, sólo tres orquestas de México habían interpretado en cuatro ocasiones esta célebre página del sinfonismo mahleriano, dos veces la Sinfónica Nacional dirigida por Eduardo Mata, una la Sinfónica de Xalapa con la batuta del maestro Francisco Savín y otra con la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes.

He querido dedicar el Banquete de esta semana a la Sinfónica de Aguascalientes, porque por estas fechas, hace 22 años, se formó esta nueva versión de la OSA, y digo nueva versión porque nuestra ciudad tiene una gran tradición orquestal, hay documentos que nos dicen que en 1922 ya había una organización llamada Orquesta Sinfónica de Aguascalientes y era dirigida por el maestro Arnulfo Miramontes, esta historia tiene más de 22 años. Larga vida a nuestra Orquesta Sinfónica de Aguascalientes, uno de nuestros máximos orgullos, verdadero patrimonio cultural.

 

rodolfo_popoca@hotmail.com

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1 thought on “Aguascalientes, ciudad con Orquesta Sinfónica / El banquete de los pordioseros

  1. Estoy muy de acuerdo con el autor de esta nota. La música de cierto nivel de calidad, bien interpretada, y programada con asiduidad, es un bien de la canasta básica espiritual. Sabemos de qué nos hemos ido llenando en estos últimos años en nuestro país . . . de ruidos comercializados que imitan (y mal) a la música, muchas veces con letras apologéticas de delitos (que aplauden y hasta incentivan a cometer determinado delito, vaya) y de una bajísima intensidad de decibeles …. espirituales… Que son berreados a nuestros cansados oídos y espíritus que claman por música de otra calidad . . . humana.

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