La izquierda y su descarrilamiento / Un cuarto propio – LJA Aguascalientes
16/09/2020


Alejandro Sánchez Camacho, secretario general de Partido de la Revolución Democrática (PRD), declaró que se espera un choque de trenes al interior de su partido, esto debido al proceso de sucesión y desde luego de cara al 2018, en la carrera por la presidencia. La izquierda pretende dar batalla contundentemente en las futuras contiendas.

Hace algunos días declaró Ebrard que efectivamente deja la comisión de la ONU para dedicarse de lleno a construir la izquierda que México necesita, se anota para la carrera, ahora sí quiere ir y quiere llegar, que estará buscando acuerdos con distintos grupos para salir de la manera más unida, hacer lo posible para que la coalición de izquierdas tenga una sola candidatura y de esa forma poder dar batalla.



En el llamado polo progresista, es decir el PRD, Movimiento Ciudadano y el Partido del Trabajo, está haciendo sus redes, sus acuerdos aunque nunca le resulten y siempre se quiebran a la hora de la hora y lo bajan del carro; tanto el PRI como el PAN invariablemente dejan colgado al PRD que una y otra vez se conforma con lo que queda.

Al otro extremo de la izquierda partidista Andrés Manuel López Obrador finca otro partido político, uno más, como si nos hiciera falta, nace MORENA, ¿para qué creen estimadas lectoras y lectores? Pues para construir el partido que el país necesita.

Queda con absoluta certeza el hecho de que Andrés Manuel no se quiere sentar a negociar con la izquierda restante, la que va más allá de su partido, él quiere ir solo y levantarse como candidato alterno a quien sea la candidatura oficial. Hasta ahí, pues, parece lógico que pinten su raya unos y otros, total si no se quieren ni ver es bastante sana la separación.

Lo preocupante de estas distintas posturas es la contienda electoral que en pocos años tiene México, un país que está viviendo varios conflictos armados en distintos estados, un país con unos niveles muy fuertes de violencia, con un sistema judicial descompuesto, con un legislativo que opera en absoluta impunidad y un ejecutivo que anda más preocupado por tapar el sol con un dedo, dándonos una sobredosis de “reformas estructurales” declarando una y otra vez que las cosas están mejor, que todo va a cambiar y apostando al efecto mediático, más preocupado por su imagen que por los malos resultados con los que se refleja un estado desfondado.

Para Enrique Peña Nieto la cosa no estuvo tan sencilla como pensó cuando estaba en campaña, no calculó este abismo que se abre bajo sus pies, donde su Cruzada Contra el Hambre no puede llegar, donde sus fuerzas militares han sido sustituidas por aquellos que han aprendido a saltar en el comal y entre sus brazas, la Tierra Caliente se le salió de las manos, ya desde el presidente de la muerte, Felipe Calderón, Michoacán dejó de ser parte del estado mexicano pero sin duda se agravó y, pese a las declaraciones serenamente triunfalistas del actual gobierno federal, siguen brotando contradictoriamente, absurdamente, como agua en el desierto, fosas con cadáveres, ejecuciones, personas desaparecidas, una marea de extorsión inunda al país, cada día más personas reciben las famosas llamadas que ahora nombran “engaño telefónico” ya no extorsión; intentan por un momento cambiar esa sensación que hay en la gente de vivir en plena inseguridad. De una y otra forma se ha disparado nuevamente la violencia en México o es que quizá nunca se detuvo.

Ante este panorama crudo, la izquierda partidista mexicana piensa solo en sí misma, quién será el portador de la otra bandera de México, el rostro de cuál de los suspirantes será el que se imprima en miles de propagandas. Van preparando sus discursos, sus lemas, intentan afinar la lengua para la hora de responder, ahora sí, con toda seguridad tendrán la precaución de acomodar las fotos antes de presentar evidencias de cabeza en pantalla nacional. Sin embargo, eso no da ninguna certeza de que cambien los resultados finales de la elección del 2018.

Más allá de las apuestas y resultados de las futuras elecciones presidenciales, vale la pena detenernos y entender, explicarnos cómo es que la izquierda partidista mexicana le hace tanto daño al país, desarticula prácticamente las pocas posibilidades que se pueden organizar, frustra el esfuerzo de cambiar el sistema de gobierno que nos mantiene con el pie en el cuello.

Porque, si hay algo que ha pasado en las elecciones anteriores y de lo que ya debemos aprender, es que poco antes de la recta final electorera, viene la pelea de la izquierda, ese famoso choque de trenes del que habla el dirigente perredista; lo malo es que son trenes donde se ha montado un esfuerzo importante de la sociedad civil organizada, de personas críticas y de movimientos populares, y al final todo eso se va al carajo porque la izquierda se vuelve mezquina a los intereses de la sociedad y sólo piensa en sus propios egos.

Lo que viene para el 2018 es la rebatinga entre Ebrard, AMLO, Cárdenas, Mancera, y nuevamente una fractura que, más que ayudar al cambio real, consolida al régimen priista, que mientras se arma el pleito izquierdista, ellos, los dinosaurios, salen unidos sabiendo que esa táctica es sustancial para su triunfo. Lo demás ya lo sabemos, la impunidad electoral, el estado es juez y parte, y al final México sólo se lame las heridas.

 

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