Opinión

Pablo y Joaquín, vidas paralelas / Taktika

Medellín, Colombia. 2 de diciembre de 1993. Usando tecnología para triangulación de radios, las fuerzas de seguridad logran ubicar el domicilio del hombre más buscado del mundo: Pablo Escobar Gaviria. A continuación, ocurre una persecución en los tejados de las casas de un barrio de clase media. Finalmente, el narcotraficante colombiano es abatido por los miembros del Bloque de Búsqueda de la Policía Nacional de Colombia, hecho que el artista Fernando Botero plasmará en uno de sus lienzos.

Mazatlán, México. 22 de febrero de 2014. Gracias a inteligencia lograda en operativos previos por las agencias de seguridad del Estado Mexicano y el uso de geo-localizadores de última generación proporcionados por la DEA y el Servicio de Alguaciles de la Unión Americana, las fuerzas especiales de la Marina de Guerra azteca capturan, en un lujoso apartamento, al “hombre más buscado tras la ejecución de Osama bin Laden”: Joaquín El Chapo Guzmán.

El historiador greco-romano, Plutarco, escribió Las Vidas Paralelas, en donde hace un cotejo entre las virtudes, los vicios y los hechos de los hombres ilustres de Grecia y Roma. Por lo tanto, las escenas arriba descritas sirven como introducción al presente artículo, el cual tiene por objetivo mostrar al amable lector las semejanzas entre los dos precitados líderes criminales.

Escobar Gaviria nació el 1 de diciembre de 1949 en Rionegro, Antioquía, el tercer hijo de los 7 vástagos del matrimonio compuesto por Abel de Jesús Dari Escobar y Hermilda Gaviria. Pablo comenzó su carrera criminal en las calles de Medellín robando lápidas y carros, y contrabandeando.

El antioqueño se convirtió en contrabandista cuando comenzó a laborar para Álvaro Prieto. Posteriormente, se separó de su patrón y se asoció con el cofundador del Cártel de Medellín, Carlos Lehder, con quien estableció una base de operaciones en las Bahamas, con el objetivo de utilizar el archipiélago como base de aprovisionamiento para las aeronaves, que cargadas de cocaína, hacían la ruta entre Colombia y la parte meridional de la Florida.

Poco a poco, Escobar se fue haciendo de una fuerza sin precedentes en la historia del crimen organizado colombiano. Además cultivó su imagen de Robin Hood al financiar la construcción de escuelas, hospitales e iglesias en la parte occidental de su país. Sin embargo, el antioqueño mostró su cara más brutal cuando financió en 1985 la toma del Palacio de Justicia, en Bogotá, por elementos del Movimiento 19 de abril. La recaptura del edificio y la liberación de los rehenes devinieron en un baño de sangre debido a la inoperancia del Ejército colombiano, hechos que fueron corroborados por la periodista Virginia Vallejo en 2009.

En 1989, la revista Forbes calculó que Escobar era unos de los 227 billonarios del planeta y que su organización delictiva controlaba el 80 por ciento del mercado de cocaína a nivel global.

Ante tal amenaza, el gobierno de Estados Unidos creó una fuerza de tarea -compuesta por elementos de sus fuerzas especiales- con la sola finalidad de cazar a Escobar. Los soldados estadounidenses entrenaron al grupo colombiano, Bloque de Búsqueda, que -con la ayuda de los Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar), un grupo paramilitar compuesto por los enemigos de Escobar- perseguiría y eliminaría físicamente al capo antioqueño.

Guzmán Loera vio la primera luz el 4 de abril de 1957 en el poblado de La Tuna, Badiraguato, en el Estado de Sinaloa, “la Sicilia mexicana” (Ion Grillo dixit), su niñez trascurrió en la pobreza. Y según cuentan sus biógrafos, se dedicaba a la venta de naranjas y quesos. Joaquín se unió, en 1980, al grupo delictivo dirigido por Miguel Ángel Félix Gallardo, El Padrino, con quien se fogueó en el mundo del trasiego de drogas.

Tras la captura de El Padrino en 1989, Guzmán Loera fundó, junto con Héctor El Güero Palma y otros acólitos, el Cártel de Sinaloa. No obstante, la fama para El Chapo llegó en mayo de 1993 cuando eludió un atentado, organizado por el Cártel de Tijuana, en el aeropuerto de Guadalajara. En el fuego cruzado fue asesinado el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.

Un mes más tarde, Guzmán Loera fue capturado en Guatemala y enviado, primero al penal de Almoloya de Juárez, y luego a la prisión de Puente Grande, de donde se escapó, en circunstancias poco claras, el 19 de enero del 2001. En los años subsecuentes, el sinaloense logró forjar una multinacional del crimen organizado. Tanto así que la revista Forbes lo consideró “entre los hombres más poderosos del mundo”. Además, en 2013 la Comisión del Crimen de Chicago lo nombró “el enemigo público número uno”, título que había ostentado el mafioso ítalo-americano, Al Capone.

Todo lo arriba mencionado, permite afirmar que las vidas de Escobar Gaviria y Guzmán Loera son, en verdad, paralelas.

Aide-Mémoire.- ¿La Unión Europea y los Estados Unidos lograron una victoria pírrica en Ucrania? El tiempo lo dirá.

Colegio Aguascalentense de Estudios Estratégicos Internacionales, A.C.

 

 

 

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Soren de Velasco Galván

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