Opinión

Rashomon y el egocentrismo de los penalistas / Cinefilia con derecho

La película por excelencia del gran director de culto japonés Akira Kurosawa, aun por encima de su obra más conocida Los siete samuráis (1954), es Rashomon (1950) su producto cumbre por la maestría con que maneja la historia de Ryunosuke Akutaguawa, el bajo presupuesto con que fue rodada y las actuaciones magistrales de Machiko Kio, Takashi Shimura y uno de sus actores favoritos, Toshiro Mifune; conjunto de factores, entre otros, que le valieron el León de Oro en el Festival de Cine de Venecia. En el viejo Japón del siglo XII un samurái es asesinado, sobre este hecho tres viajeros que se resguardasen de la lluvia en unas ruinas dialogan, la historia gira en torno a tres secuencias básicas: el asesinato de un samurái, el juicio que se sigue por el delito y la puerta de Rasho.

El asesinato: el samurái camina junto con su esposa por un camino rural, un ladrón le ofrece en venta unas espadas, la belleza de la mujer será el factor detonante para que muera el samurái enredado en un crimen pasional que cada uno de los protagonistas narra desde su muy peculiar punto de vista, condiciones personales y sobre todo el egoísmo que priva en cada una de las versiones.

El juicio: el tribunal se dispone a conocer los hechos, recibe a la mujer, el ladrón y al propio samurái a través de una médium. Todos dan versiones absolutamente contradictorias. La fotografía del juicio es una obra de arte, cada uno de los implicados se encuentra en el tercer plano, en la medida de que son llamados a testificar avanzan a un segundo plano, y frente a la cámara rinden su declaración, así al espectador se le transforma literalmente en el juez, su ubicación no es fuera de la pantalla sino en un primer plano, su interacción con la cinta es maravillosa, momentos de silencio dan el espacio para que uno se haga preguntas que serán respondidas por los testigos, la obra de arte deja de ser un simple objeto de contemplación para incluir al observador en parte fundamental de su dinámica y su significado, desde el plano jurídico nos hace partícipes directos del veredicto final del crimen.

La puerta de Rasho: aún falta un testimonio, un leñador que ha visto todos los hechos y que los cuenta en la puerta de Rasho a un monje y a un sinvergüenza, entre ellos se entabla un diálogo moral sobre las condiciones humanas y el asesinato, cada uno expresa su propio juicio ético sobre los porqués y las circunstancias, una verdadera manifestación de los escenarios morales que rodean a los hombres y su vida diaria.

El proceso penal es complejo, por eso nos preocupa como sociedad y como juristas contar con una legislación penal que permita, por un lado que todo aquel que comete un crimen enfrente con justicia su juicio, y por el otro castigar adecuadamente esas conductas antisociales. Sin embargo me parece que esta búsqueda de una legislación penal de vanguardia, lejos de una herramienta, se ha convertido en una traba. En tan sólo unos 14 años que llevo de estar inmiscuido en temas jurídicos, he visto pasar por lo menos cinco modificaciones fundamentales a los códigos o legislaciones penales y ahora recientemente una sexta que homologa el proceso penal para todo el país, más aún el artículo 19 constitucional ha virado de manera trascendental: el constituyente del 17 hablaba del cuerpo del delito, en 1993 se modificó a elementos del tipo penal, en 1999 regresa el cuerpo del delito y en 2008 se abandona este último para introducir el de hecho que la ley señala como delito.

Dicho con todo respeto para mis amigos penalistas -y vaya que tengo varios- me parece que esta falta de acuerdo que nos lleva a cambiar constantemente la normatividad penal deriva de un extraño y común denominador que habita en este grupo de especialistas en derecho: el egocentrismo. Y esto es mera percepción: cada uno quiere imponer su código, su verdad, y aún entre las diferentes escuelas hay divergencias que terminan en cambio de legislación. A diferencia de otras ramas (civil, fiscal o mercantil) en que los textos jurídicos tienen una vigencia mayor y los especialistas discuten sobre reformas que posibilitan la aplicación diaria y sólo excepcionalmente en descubrir el hilo negro.

Es significativo que la cinta no muestre el veredicto del tribunal, es así por una doble circunstancia, de un lado la interacción de la que ya hablamos y que pone en boca del espectador la sentencia, por el otro deja en claro que el conocer la verdad histórica es el gran reto del derecho penal. No queda ninguna sospecha de que hay varios factores (los jueces, las cárceles, la corrupción, etcétera) que hacen del proceso penal algo sumamente complicado, pero si a eso sumamos la falta de acuerdo de los penalistas mexicanos que nos dan legislaciones penales cada 2 o 3 años, pues entonces ahora sabemos por qué nuestro sistema penal puede ser considerado como fallido.

 

rubendiazlopez@hotmail.com

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Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

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