Opinión

Una convocatoria abierta

En días pasados, el IMAC lanzó a través de la Coordinación de Promoción y Difusión Cultural una convocatoria a la comunidad artística, solicitando información para formar un directorio y disponer de un documento de consulta para organizar su agenda de actividades. A primera vista, la convocatoria responde a algunas propuestas en materia de cultura presentadas al nuevo alcalde durante las foros de consulta ciudadana previos a su toma del poder. Específicamente, se planteaba la concentración de la información sobre los artistas en un banco de datos público, útil para las instituciones públicas, educativas y sociales que requieran información sobre los artistas locales y, consecuentemente, para los artistas mismos, que así adquieren una visibilidad negada por la falta de información confiable y pueden establecer redes de contacto entre ellos.

Lo anterior se relaciona con la demanda de mayor espacio en la programación de las instituciones culturales; concretamente, con organizar al IMAC para que presente a los artistas que el ICA no puede por falta de capacidad o de recursos, en una especie de complementariedad que, al parecer, empieza a fraguarse entre los gobiernos estatal y municipal. De hecho, se comenta que los términos de la convocatoria son muy semejantes a los de la que lanzó el ICA para cubrir su programación en El Cuartel del Arte. Y hasta aquí camina la complementariedad, porque en ese espacio se presentan espectáculos de música, danza, teatro y sus combinaciones, mientras que la convocatoria del IMAC está dirigida a todas las disciplinas artísticas.

Esta semejanza resulta confusa para quien tenga interés en participar con una obra literaria o plástica. La confusión proviene principalmente de los términos, concretamente: “rider del proyecto” y “rider técnico”, usados comúnmente por grupos musicales para referirse a los requisitos de equipamiento de luces y sonido en sus conciertos. Da la impresión de que se excluyen obras cuyas presentaciones en público se consideran tradicionalmente como ceremonias y no espectáculos, como las literarias y las exposiciones de artes plásticas. Se trata de una impresión falsa, pues la convocatoria abarca todas las expresiones artísticas y se cierra el viernes 7 de marzo.



La invitación abre una oportunidad para presentar proyectos mixtos, que mezclen diferentes lenguajes. Por ejemplo, expresiones literarias con otras manifestaciones artísticas; ya lo hacen los raperos, basados en la rima y el ritmo, con el hip-hop y música por el estilo, entre la juventud urbana; otras experiencias, más conservadoras, cuentan con público que podría considerarse habitual para escuchar la lectura de poemas de autores consagrados y música generalmente flamenca o latinoamericana. En general, excepto los dramaturgos, entre los escritores locales predomina la preferencia por las ceremonias y el desprecio por los escenarios. Diferentes instituciones han organizado lecturas en varios sitios de la ciudad, en el afán de difundir su obra; pero se trata de ceremonias de lectura que por su mismo concepto y desde la disposición del espacio establecen una barrera con el público, distinta del espectáculo, que busca el contacto directo a través de la cuarta pared del escenario.

Por otro lado, hay muchos casos de colaboración entre las letras y las artes visuales, con resultados sorprendentes y de gran riqueza, sin importar que para ello se unan las artes más ceremoniosas. Un ejemplo de asociación fructífera se encuentra en la que reunió al grabador Francisco Díaz de León con Enrique Fernández Ledesma y Antonio Acevedo Escobedo, en la primera mitad del siglo pasado. Formados en contacto con las técnicas tradicionales de tipógrafos e impresores, estos autores conciben el libro como una obra de arte digna de la preservación más celosa. Esto los acerca a los partidarios de la galería, reducto del conservadurismo más elitista que, según sus enemigos, insiste en preservar su virginidad ante las tentaciones de la escena, entregada en cambio a los más cambiantes deseos del vulgo ávido de placeres efímeros.

Más que pudores ridículos, que también existen, está en juego la permanencia y fijeza de la obra contra la fugacidad y singularidad del espectáculo, que nunca se presenta igual dos veces o consiste en un proceso. Temas con que el pensamiento contemporáneo reflexiona en relación con las realidades sociales, también cambiantes, por diversas razones, en diferentes latitudes del planeta. Y que tarde o temprano alcanzarán este rincón del universo.

El asunto de la convocatoria se relaciona también con el relativo desconocimiento que entre los artistas locales hay sobre la manera “correcta” de presentar sus proyectos. Esto ha limitado el acceso de varios de ellos, sobre todo los más jóvenes, a los programas existentes, al margen de que proyecten obras o procesos. En este sentido, la ocasión podría aprovecharse para ofrecer a los participantes orientación sobre los aspectos que deben cubrir al presentar sus propuestas, e ideas de cómo organizar sus carpetas profesionales. Sirven para abrir puertas con recursos propios del artista: trabajo y talento.

 

conlavara_quemidas@yahoo.com.mx

 

 

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Ricardo Esquer

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