Opinión

La Doctrina Putin / Taktika

Kirillovsk, Rusia. 3 de marzo de 2014. El presidente de Rusia, Vladimir Putin, observa, a través de sus binoculares, las maniobras militares de sus fuerzas armadas. Enseguida, una columna de carros de combate T-72, los cuales semejan un hatajo de escarabajos acorazados, efectúa disparos sobre blancos predeterminados. Por último, el líder moscovita esboza una sutil sonrisa y sus acerados ojos azules lanzan destellos de alegría ante la demostración de poderío militar.

La escena arriba descrita sirve como preámbulo al presente artículo, el cual pretende mostrar al amable lector cuáles son los fundamentos históricos, geográficos y estratégicos de la llamada “Doctrina Putin”, y cómo está siendo aplicada en Ucrania.

Rusia -esa tierra vistosa, surcada por un sistema de ríos entrelazados, el Don, el Dniéper y el Volga- es atravesada por la estepa -un océano de color oliváceo- que ha sido utilizada como ruta de invasión por innumerables conquistadores: en el Este, los mongoles, “árabes sin Aristóteles y sin álgebra” (Alexander Pushkin dixit); en el Oeste, los caballeros teutónicos y la Grande Armée de Napoleón Bonaparte.

Por lo tanto, los zares de Rusia, desde Pedro el Grande hasta Nicolás II, se adhirieron a dos simples reglas: la primera, expandir al imperio ruso hasta donde pudiera ser geográficamente posible (Alaska, el Pacífico norte, Polonia, Finlandia, el Cáucaso y Asia Central) a fin de salvaguardar el corazón del país. Es decir, Moscú. La segunda, ahí donde hubiera ondeado el estandarte del águila bicéfala, jamás debiera de ser arriado.

La aplicación de las precitadas normas se resume en las palabras del zar Alejandro III quien dijo: “Rusia sólo tiene dos amigos en el mundo, su ejército y su marina de guerra”.

Ello explica por qué al final de la Segunda Guerra Mundial el dictador Iósif Stalin -georgiano de nacimiento pero devenido un feroz nacionalista ruso- aseguró para la Unión Soviética una serie de ganancias territoriales: Könisberg, en Prusia Oriental; las islas Kuriles y Sajalin, en el Lejano Oriente. Además, para establecer un cordón sanitario alrededor de Rusia, las naciones de Europa Central y Oriental, conquistadas por el Ejército Rojo, permanecerían sojuzgadas por Moscú.

Durante los tiempos soviéticos, Leonid Brezhnev, para justificar el aplastamiento de la Primavera de Praga, enunció en 1968 la doctrina que lleva su nombre diciendo “una vez socialista, siempre socialista”.

Tras la desaparición de la Unión Soviética en 1991, millones de ciudadanos rusos quedaron repartidos en las ex repúblicas soviéticas. Por lo anterior, la Federación Rusa combatió en Moldavia e intervino en 2008 en Georgia, conflicto que según el diplomático estadounidense, Ronald D. Asmus, “cambió al mundo”, ya que supuso la resurrección de Rusia como gran potencia.

Aunado a la cuestión histórica, geográfica y estratégica, se ha agregado una nuevo factor: la demografía, pues Rusia tiene un bajo índice de natalidad. Por ende, Putin -al igual que el caballero de la película sueca, El séptimo sello– se ha enfrascado en una partida de ajedrez global cuyo objetivo clave es la supervivencia de Rusia como entidad cultural y política. Es decir, la rusificación es la clave de la Doctrina Putin, la cual se adhiere al principio zarista de que “una vez ruso, siempre ruso”.

En el caso de Ucrania, las zonas ruso-parlantes se encuentran ubicadas en el Este del país. Además, ahí se localizan las minas de carbón y los centros industriales de Jarkov y Donestk, los cuales abastecen al complejo militar ruso. Asimismo, el estratégico puerto de Odessa, en el Mar Negro, cuenta con una importante población leal a Moscú.

La península de Crimea, cuya población es un 60 por ciento rusa, tiene como punto vital la base naval de Sebastopol -lugar de memorables hechos de armas en la Guerra de Crimea y en la lucha contra la Wehrmacht de Adolf Hitler durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque, según Christian Le Miere del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres, su importancia “ha declinado en años recientes, pues Rusia ha construido una instalación náutica en Novorossiysk”.

Para Occidente -los Estados Unidos y la Unión Europea- la aplicación de la Doctrina Putin conducirá al Anschluss (anexión) de Crimea y al desmembramiento de Ucrania, lo cual significaría la guerra civil y la posible intervención militar de Rusia. Aquí cabe preguntarse si el mandatario estadounidense, Barack Obama, está dispuesto a sacrificar a los jóvenes nacidos en California, Missouri y Texas para evitar que el zar global, Vladimir Putin, le gane la partida tal y como ocurrió en Siria el año pasado.

Finalmente, a juicio de Stephen F. Cohen, profesor emérito de estudios rusos en las universidades de Nueva York y Princeton, estaríamos presenciando el surgimiento de “una nueva Guerra Fría”, la cual tiene el potencial de “transformar el escenario internacional”.

Aide-Mémoire.- No se engañen: Alemania es el verdadero motor de Europa.

 

 

*Colegio Aguascalentense de Estudios Estratégicos Internacionales, A.C.

 

The Author

Soren de Velasco Galván

Soren de Velasco Galván

No Comment

¡Participa!