Médicos literatos / Tlacuilo - LJA Aguascalientes
24/05/2024

MÉDICOS LITERATOS. El contacto con el dolor que provoca la pérdida de la salud, despierta en el médico de vocación sentimientos de compasión y fraternidad que, unidos a la disciplina por la investigación y la actualización científicas; los valores éticos que asimiló en el transcurso de sus estudios profesionales tanto en forma teórica como por el ejemplo de sus grandes maestros; así como por su mayor o menor gusto por la historia y la cultura general, desarrollan en él lo que conocemos como humanismo, término que, un tanto al margen de su definición filosófica como corriente renacentista, no es otra cosa que amor a la Humanidad como tal, independientemente de su origen y destino.

De ahí que desde hace muchos siglos, numerosos médicos hayan adquirido el gusto por la lectura y la necesidad de difundir sus conocimientos a la comunidad por medio del invento formidable de la imprenta, llegando a ser, muchos de ellos, excelentes literatos.

EN MÉXICO contamos con casos admirables; por ejemplo, entre los poetas tenemos al saltillense Manuel Acuña, al coculense Elías Nandino, al capitalino Ricardo Pérez Gallardo, al chiapaneco Elías Cansino, etc.

En otros géneros contamos con casos eminentes como el laguense Mariano Azuela, novelista de la Revolución Mexicana, historiador y ensayista, buen amigo de Aguascalientes; el historiador capitalino José María Marroquí; o el oriundo de Trapichillo, Julián Gascón Mercado, a quien tuve el honor de conocer cuando fue gobernador de Nayarit, así como escuchar sus sabrosas anécdotas en Radio Universidad; etc., etc.

EN AGUASCALIENTES le estamos debiendo un reconocimiento a la excepcional obra científica, literaria y académica del Dr. Jesús Díaz de León, nuestro máximo representante cultural del siglo XIX; y entre los médicos escritores del siglo XX contamos con Eduardo Pérez Vázquez, -aguascalentense por adopción- brillante improvisador de oportunos epigramas; nuestro historiador, biógrafo y ensayista Héctor Treviño Herrera, etc.

EL DECLIVE. Este panorama literario que bullía por los corredores de la Escuela Nacional de Medicina ha declinado -y para ser justos no sólo en ella- desde que el mercantilismo y la universidad de masas empezó a tragarse aquella Universidad de dimensiones humanas en la que existía la vida de comunidad universitaria, medio en el que nos identificábamos todos y en el que la benéfica cercanía personal del Maestro contribuía a ampliar el horizonte mental del Estudiante para forjar su conciencia crítica. Ojalá las nuevas generaciones encuentren la forma de evadir la decadencia en que hemos caído y nuestras instituciones de enseñanza superior vuelvan a formar seres humanos integrales, más que profesionales especializados en ignorar todo lo que no se encuentra en el ángulo agudo de su visión.

JUSTO HOMENAJE. Sirva todo lo anterior de introducción para rendir homenaje a dos entrañables médicos literatos aguascalentenses: Fernando Topete del Valle y Humberto Rubalcava Valdivia.

Ambos cultivaron una prosa que yo llamaría costumbrista anecdótica -si hay una mejor definición la aceptamos con mucho gusto- con la que describen magistralmente el espíritu pueblerino de la época, pero cada uno con su sello personal: Topete con el dominio del antropólogo social, la pupila del cirujano y la memoria del elefante, diseca el lenguaje de sus pacientes campesinos; y Rubalcava rasga de colores, con el estilete del psicólogo, el lienzo donde dejó plasmadas las fascinantes anécdotas teatralmente descritas por la mente del estudiante vivaracho que siempre fue.

Ambos, también, eran dueños de una gracia chispeante para contar, en caballeroso duelos de inolvidables tertulias, aquellas anécdotas que nos hacían reír hasta las lágrimas.


Tuve la oportunidad de tratar más de cerca a Rubalcava en primer lugar porque fue el pediatra de mis hijos; se veía que había escogido su profesión con un gran tino, pues se transformaba totalmente cuando atendía a los niños, que hacían con gran placer lo que a él se le pegaba la gana.

Pero también cuando por el hecho de ser un compañero altamente estimado por todo el personal fue designado director de la revista del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (SNTSS) en Aguascalientes, único período durante el cual apareció religiosamente cada mes, cuando fue a comentarme el proyecto y a solicitar mi colaboración acepté con mucho gusto, pero también le sugerí escribir las anécdotas que contaba con tanto colorido, porque consideraba que constituía una obra en gestación que debía dar a luz para que fuera conocida por la posteridad. Se resistió un poco, pero se decidió finalmente cuando acepté apoyarle con la corrección de estilo; la de las ediciones posteriores no fue mía.

En las dos próximas entregas nos permitiremos ofrecerle una pequeña muestra de cada uno de nuestros homenajeados.

Aguascalientes, México, América Latina

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