04/07/2020


  • La situación de abuso se trata de una relación dialéctica que conlleva al agresor y al agredido
  • No se están tomando medidas encaminadas a generar espacios de convivencia más efectivos

 

El acoso escolar, ahora llamado bullying, ha existido siempre en las instituciones educativas, sin embargo en los últimos años se ha aumentado la atención al tema tanto por la sociedad como por las autoridades con medidas punitivas poco estudiadas, el especialista y docente de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, José Carlos Palacios Montoya, cuestionó los efectos perjudiciales de estas medidas institucionales sobre los niños y jóvenes.

Estas tienen dos vías, la primera es sobre qué pasa con el niño que identifican como denunciante pues por ser abusado tiene un motivo más grande para molestarlo y la otra los que sucede con los niños que hacen bullying y empiezan a ser señalados; en ambas partes se realiza una especie de violencia por la discriminación que conlleva.

Aunque son medidas que buscan reducir la situación de abuso y violencia habría que analizar si realmente son medidas que modifiquen la situación de la violencia, “parece ser que generaron otro tipo de violencia porque es como parchar un tipo de violencia con otra”, entonces, ¿por qué no hacer programas de atención especializados en la cuestión de integración de los niños con el grupo? Partiendo de la necesidad de abordar las soluciones en el lugar donde se está dando la problemática.

Finalmente la situación de abuso no es solamente del agresor hacia el agredido, sino que se trata de una relación dialéctica en tanto que hay un niño que tiende a ser violento por diferentes circunstancias y hay otro niño que no se defiende pues adquiere cierta posición por ser objeto de burlas, para Palacios Montoya el problema es de dos: uno que no sabe cómo defenderse y otro que no sabe cómo hacerse respetar o cómo relacionarse con otros; siendo el conflicto real el déficit de habilidades interactivas sociales entre los niños.

“No veo que las medidas que se toman estén encaminadas a favorecer el desarrollo de estas habilidades sociales”, de prevenir la violencia o de generar espacios de convivencia más efectivos sino que terminan siendo incitadores o prolongadores de la violencia ya existente. Cabría preguntarse el porqué se están tomando estas medidas, qué efectos se están teniendo y por qué no tomar otras más efectivas.

El señalamiento que en efecto secundario se le hace a la familia del niño acusado también es un tipo de violencia pues los estigmatizan y señalan causando una respuesta casi siempre violenta, “al final es un círculo de violencia, por eso digo que no sirve de nada señalar al agresor”, lo que interesa realmente es saber por qué está agrediendo y para abordar la agresión se debe de comprender el fenómeno para intervenir sobre él y no sólo con medidas de supresión.

En su opinión, falta un análisis más comprensivo de cómo se aborda el acoso escolar pues por convertirse en un tema popular se presta para que el señalamiento sea más fuerte y extenso. De aquí la necesidad del elemento discreción, éste es muy importante tanto para el agresor como para el agredido, “si bien pudiéramos rastrearlos a una violencia social generalizada pero no sería correcto seguir esa ruta”.

Podría tomarse en cuenta lo ya hecho por el poder judicial en materia de mediación, saber primero qué está pasando ahí y después fortalecer lo que se necesita para prevenir la violencia, es decir, tener ya las bases para saber cómo convivir en grupo.

 

 Foto: Gilberto Barrón


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