Opinión

Se incuba un problema social

“El efecto cucaracha” es una reacción que tienen los miembros del crimen organizado, cuando se monta un operativo de seguridad por parte del Estado y consiste en migrar a otras zonas o regiones del país hasta que pase el peligro y regresan cuando sienten que están seguros.

Guardando las debidas proporciones, un fenómeno similar está aconteciendo en Aguascalientes pero con rasgos diferentes y específicos.

Es indudable que en los últimos 4 o 5 años ha mejorado la seguridad pública en el estado. Se detuvieron algunos actos delictivos del crimen organizado que se centraron en el secuestro de empresarios locales.

Poco a poco se fueron tomando medidas que significaron un estado más seguro. El gran problema es que la protección y la seguridad pública se centró en las zonas urbanas, sobre todo de la capital del Estado. Eso aunque parezca lógico y hasta cierto punto acertado, ha desencadenado un efecto que los delitos se están trasladando a las zonas rurales de Aguascalientes.

Hay circunstancias de carácter social que se han venido acumulando para desencadenar un problema social. Ante la falta de oportunidades en el campo los jóvenes que habitan las zonas rurales salen a ver cómo resuelven sus necesidades básicas y de esparcimiento. Como en las zonas rurales no hay crecimiento ni desarrollo económico, sin empleo, sin poder estudiar y con mucho tiempo libre empiezan a buscar dónde obtener un ingreso.

Algunos jóvenes sin dinero y sin posibilidad de conseguirlo empiezan a desarrollar una actividad delictiva. Inician con hurtos menores como son gallinas y puercos principalmente para venderlos para pasar el fin de semana.

Como existe muy poca vigilancia a los caminos y propiedades rurales, en los últimos meses se han multiplicado de manera exponencial los robos en la zona rural en Aguascalientes sin que ninguna autoridad asuma esta responsabilidad.

En poco tiempo y ante el gran margen de impunidad, pasan de hurtos menores a robos cada vez más grandes y esta actividad se convierte en un modo de vida para algunos jóvenes del campo. Y ya no hablemos si entran en contacto con grupos que venden drogas, o con grupos delictivos más articulados. Serán una presa fácil para ser reclutados.

Es por ello que el incremento del abigeato, es decir del robo de ganado a los campesinos locales se ha incrementado de manera exponencial. A pesar de que se pongan las denuncias y se recurra a la autoridad municipal primero y luego a la estatal, los campesinos de los municipios del interior no han encontrado ninguna respuesta ante sus denuncias.

No hay un solo día en que algún ganadero, productor de leche o pequeño campesino no tenga bajas en sus animales que tanto esfuerzo les cuesta. Estos animales son una reserva para enfrentar una enfermedad o una emergencia y es un sistema de ahorro que tienen los productores rurales para hacerle frente a las adversidades.

Después del esfuerzo tan grande y los resultados tan pobres de las personas que se dedican al sector agropecuario, se suma la pérdida de sus ahorros. Están dadas todas las condiciones sociales para que se empiecen a formar grupos de muchachos que no tienen otra forma de allegarse recursos sino a través de este camino.

Prácticamente la totalidad de los programas de prevención del delito hacia los jóvenes, de terapias ocupacionales y hasta de empleo temporal están concentrados en la zona urbana del Estado.

La falta de oportunidades para los jóvenes del campo, sin una actividad concreta (ni estudian ni trabajan), ausencia total de programas hacia este sector, falta de vigilancia en caminos y propiedades rurales, un sistema legal complicado por castigar y penalizar el abigeato y el desinterés por parte de las autoridades para resolver las denuncias, hacen de todo esto un cóctel que invita a la actividad delictiva.

Así empezaron estados y regiones como Michoacán, Guerrero, Veracruz y otros. Me parece que es un serio problema que en Aguascalientes hay que atender.

Mi correo: nagonza@correo.uaa.mx

 

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Norma González

Norma González

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