De los gustos y otras cosas / País de maravillas - LJA Aguascalientes
30/06/2022

Les voy a contar de mi primer crush en la primaria. Ya había tenido un par en kínder: primero, Arturo, un niño que a mi juicio se parecía mucho a Mickey Mouse (no me pregunten) y luego, César, que imitaba maravillosamente el kikirikí del gallo, y lo hacía a cualquier hora, interrumpiendo la clase para mi solaz y esparcimiento (por cierto, “solaz” significa “esparcimiento”, así que esta frase hecha es una enorme redundancia).

El chiste es que, el primer día de clases de primero de primaria, nos formaron por estaturas antes de entrar al salón. A mí me tocó hasta adelante, era de las chaparritas. Y al voltear hacia atrás descubrí nada menos que al Príncipe de la Colina de Candy Candy: más alto que todos los demás, de cabello rubio -más largo de lo permitido por el reglamento- y con una sonrisa que en ese momento me pareció angelical. Ese mismo día me enteré de que mi crush se llamaba… MariFer. Oh, sí, era una niña.

Y con el paso de las semanas fue resultando que era una niña troll que nos aterrorizaba a las demás: caprichuda, violenta, mandona. Su sonrisa no era angelical sino burlona, y pronto se hizo de su camarilla de esclavas, en la que yo no entré (ya desde entonces me parecía horrible esa dinámica). Total, MariFer me caía de la patada. Pero cuando terminaba mis ejercicios antes que los demás y me quedaba en mi lugar con los brazos cruzados, como exigía la maestra, me ponía a fantasear con que MariFer era un niño encantador y que íbamos tomados de la mano en medio de aventuras de lo más tiernas: temblores, incendios, invasiones extraterrestres (una vez más: no me pregunten). O sea que MariFer me gustaba sólo por su físico, qué caray.

No me acuerdo si lo platiqué alguna vez con mis papás, pero me acuerdo cuando mi hermano, que entonces iba en primero de kínder, llegó a contarnos que se iba a casar con su amigo David. Al día siguiente llegó a decir que no, que mejor se casaba con su maestra Irma. Me acuerdo que mis papás no se escandalizaron pero tampoco supieron muy bien cómo explicarle qué onda con el matrimonio entre hombres de tres años, o de un hombre de tres años con una mujer de veintitantos.

Ahora creo que a mis papás les habría servido muchísimo que en ese entonces existiera un libro como De los gustos y otras cosas, de Marcela Arévalo Contreras e ilustraciones de Ilyana Martínez Crowther. Al menos a mí me habría sido de mucha utilidad, incluso luego de que cambié a mi MaryFer soñado por un niño menos alto y menos guapo, pero que se sentaba junto a mí y me hacía reír mucho. Pero eso no viene a cuento ahorita, así que mejor les platico por qué me parece un gran acierto De los gustos y otras cosas.

Para empezar, se trata del primer libro infantil de una editorial nueva: Ediciones Chulas, que es una nueva parte del trabajo de Las Reinas Chulas, compañía de teatro-cabaret. Ediciones Chulas se presenta como “un espacio editorial cabaretero y feminista donde se escriben, publican, distribuyen y comercializan textos que aportan a la construcción de otras narrativas lúdicas, creativas y transgresoras dentro de la sociedad”. Ya con eso suena fuera de lo común, ¿no? Pues agréguenle que De los gustos y otras cosas nos cuenta de una niña enamorada de otra niña. Antes de que a alguien le dé el telele y me salga con que esos temas no tienen que ver con la dulzura e inocencia de la infancia, les recuerdo la historia de mi hermano y su amigo David o la mía con MariFer. Por supuesto que esos temas tienen que ver con la infancia si se abordan de una manera adecuada. Y me alegra mucho compartirles que así pasa en este libro. En la historia, la mamá de la niña no se infarta. Al contrario, la acompaña a reflexionar (de un modo muy natural, nada de voces impostadas y sesudas, llenas de deber ser) acerca de las muchas personas y cosas que nos gustan, y de cómo los gustos pueden ser diferentes de una persona a otra, sin importar si es hombre o mujer, chico o grande: “Lo importante es respetar el querer de los demás”, concluye. El texto es breve y muy sencillo, en verso, lo que facilita la lectura en voz alta. De hecho, yo recomendaría que papá o mamá leyera en voz alta mientras el niño o niña escucha y disfruta de las ilustraciones de Martínez Crowther, para terminar con una charla: y a ti, ¿qué te gusta? Para los niños y niñas será gozoso (y muy sano) conocer los gustos de sus papás (el libro habla de mascotas, juguetes, ropa, comida; así que no tiene por qué concentrarse solamente en el tema de la preferencia sexual) y, sobre todo, saber que se vale que le gusten cosas distintas que a los demás y que todo está en el respeto. Y seguro que a los papás y mamás les servirá también. Para que no se enojen si a su hija no le gusta el brócoli, ni se espanten si le gusta un niño porque se parece a Mickey Mouse o usa ropa morada con zapatos amarillos.

 

Encuentras a Raquel en twitter: @raxxie_ y en su sitio web: www.raxxie.com

 


 Foto: Roberto Guerra


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