Opinión

De música sacra / El banquete de los pordioseros

Soy católico por tres razones: por tradición, por convicción y porque me da la gana. Así que te será fácil entender que el Viernes Santo, para quien esto escribe, es algo muy importante, me resulta imposible escribir de las cosas de las que suelo ocuparme en el banquete de cada semana, pero también me parece no ético, imposible dejar de prepararte la mesa para que te sientes a degustar de un exquisito platillo musical, así que considerando que el Viernes Santo, además de la abstinencia de carne nos pide el ayuno, pensé en preparar algo ligero, pero sucede que no, este asunto resulta sobrecargado de condimentos, pero no puede ser diferente, se me ocurre ocuparme de la música sacra, tan ignorada por todos, incluso en algunas celebraciones religiosas, pero cuya belleza tiene la particularidad de fascinar, incluso a los no creyentes, y es que el derecho que tenemos todos por apreciar las artes, el derecho a degustar de una obra musical sacra no excluye a quienes no creen. ¿Sabes algo? Acabo de encontrar otra razón para ser católico, ningún otro credo religioso, al menos ninguna otra denominación cristiana, tiene tan enorme acervo cultural, el arte sacro, no sólo la música, es de una riqueza inefable, y la Iglesia Católica es custodio de toda esa riqueza artística que ennoblece las miserias humanas. El Islam y el judaísmo tienen su propia riqueza cultural, también de incuestionable belleza, eso es inobjetable, el arte morisco nos llega a través de España, y así como nosotros tenemos el derecho de disfrutar de esas inmensas exquisiteces artísticas, quienes no comparten la religión católica, creo que difícilmente podrán ser indiferentes a los encantos del arte sacro.

En términos de música hay una gran cantidad de obras para todos los tiempos litúrgicos y los que vivimos ahora me llevan a recordar una buena cantidad de obras, pero quiero referirme a tres, iniciemos con la Misa Solemne en Re Mayor, Op. 123 de Ludwig van Beethoven, uno de los grandes monumentos para coros y orquesta, imprescindible para quien encuentra en la voz humana la más bella caricia musical, es una obra que como todas las grandes creaciones humanas, está cubierta por el misticismo y tocada por el mágico encanto de la leyenda, se dice, por ejemplo, que el director de orquesta Wilhelm Fürtwangler retiró de su repertorio esta partitura del genio de Bonn por considerarse indigno de ejecutarla, decía que era incapaz de obtener un resultado satisfactorio y que como no podía acercarse ni siquiera un poco a la forma en la que el compositor hubiera deseado que se ejecutara, decidió dejar de tocarla, una verdadera pena, porque si alguien tiene autoridad para tocar a Beethoven, es sin duda esta leyenda de la dirección orquestal. Fürtwangler dirigió durante muchos años la mítica Filarmónica de Berlín, pero en diferentes ocasiones dirigió todas las grandes orquestas europeas: la igualmente grande Filarmónica de Viena, la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig, la Staatskapelle de Berlín, en la Filarmónica de esa misma ciudad fue sustituido en una primera ocasión por el maestro Sergiu Celibidache, regresó a la Filarmónica hasta su muerte en 1954, cuando fue sustituido por Herbert von Barajan, su gran rival en la música.

Bien, pero siguiendo con el repertorio sacro que quiero compartir contigo en esta semana mayor, está el oratorio Las Siete Últimas Palabras de Cristo en la Cruz de Franz Joseph Haydn, a quien se atribuye la paternidad del lenguaje sinfónico y del cuarteto de cuerdas. Este oratorio fue compuesto originalmente para coro, voces solistas y orquesta, después el propio Haydn hizo una versión para cuarteto de cuerdas sin incluir la voz. En ambos casos la obra está estructurada en siete conmovedores adagios, dedicados a cada una de las siete palabras que nos dicen los Evangelios que Cristo pronunció en la cruz antes de morir y un terremoto final que de acuerdo a las Sagradas Escrituras, fue una total conmoción de la Tierra después del desenlace final en la cruz. Es una obra imprescindible en Semana Santa, particularmente el Viernes de la Crucifixión, finalmente, además del placer estético que nos proporciona la música, ésta también es el mejor vehículo para dirigirnos a Dios, lo digo sin el más mínimo temor a equivocarme.



Como el espacio se agota con asombrosa rapidez, te sugiero escuchar para estos días de recogimiento espiritual, el Te Deum de Antón Bruckner, el Trovador de Dios. El Te Deum es un himno de agradecimiento a Dios dentro de repertorio católico romano. El tratamiento que de este himno Ambrosiano hace Bruckner es impresionante, en realidad, todo lo que hace Bruckner es de una sensibilidad cuya profundidad a veces nos llega a asustar. Muy recomendable es la versión que nos propone la soprano María Stader, la contralto Sieglinde Wagner, el tenor Ernts Haelfiger, el bajo Peter Lagger, el Coro de la Ópera Alemana de Berlín, la Filarmónica de Berlín y la dirección del maestro Eugen Jochum, para el gusto personal de este servidor, el mejor intérprete de Bruckner, claro, sin menospreciar alguna otra versión.

Como bonus track, aunque no es exactamente música sacra, me permito recomendarte de manera muy especial la Sinfonía No.2 La Resurrección de su alteza real Gustav Mahler (soy mahleriano, luego existo), obedeciendo a mis gustos personales te recomiendo la versión con la soprano Sheila Armstrong, la Mezzo soprano Janer Baker, el Coro del Festival de Edimburgo, la Orquesta Sinfónica de Londres y la dirección de Leonard Bernstein, además no deja de llamar la atención, imagínate, un judío dirigiendo La Resurrección de Mahler, vale la pena.

Bien, pues te dejo esta propuesta para escuchar, ya sea con el profundo respeto que nos merece a quienes profesamos la religión católica estos días, o simplemente por el insustituible placer estético que esta música nos proporciona si no compartes estas creencias, da igual, el arte es para todos.

 

rodolfo_popoca@hotmail.com

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

1 Comment

  1. Pablo Del Valle
    22/04/2014 at 12:31 — Responder

    Estimado Rodolfo, excelente tu columna, felicidades!

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