El cristianismo y su vinculación con la vida de la sociedad / De política, una opinión – LJA Aguascalientes
24/09/2020


El ritmo de vida en el mundo occidental está regido, tanto para los que creen en Dios como para los que no, por dos grandes fiestas religiosas: la Navidad y la Semana Santa. La primera festividad es de fecha fija, el 25 de diciembre, y la segunda es de fecha movible. El calendario de la vida de la sociedad se ajusta con la fecha móvil de la Semana Aanta, la que, a su vez, está determinada por la luna llena que suceda entre la mitad del mes de marzo a la mitad del mes de abril. En esta ocasión, la luna llena se dio pasada la mitad del mes de abril, lo que marcó a la tercera semana del mes, como la Semana Santa.

Con la fecha de la luna llena, se arma el año litúrgico, determinando el número de domingos después de Navidad, el miércoles de ceniza -que da inicio a la cuaresma, con cuatro semanas y media antes de la semana santa-, la pascua y los domingos después de pascua, la fiesta de Pentecostés -la venida del Espíritu Santo-, y los domingos después de Pentecostés; estos últimos serán tantos cuantos se ajusten a los cuatro domingos de Adviento, previos a la fiesta de Navidad.

Sin importar si somos creyentes o no, si seguimos religiosamente las fiestas o no, el ritmo de vida de la sociedad sí toma en cuenta estas fechas, por ejemplo, para determinar periodos de vacaciones, celebraciones especiales de convivencia y regalos, etcétera. Podemos agregar también las fiestas religiosas locales, que marcan los ritmos propios de ciudades y poblaciones; la fiesta del Evangelista San Marcos y la Asunción de la Virgen María, son las dos grandes fiestas religiosas que estructuran el calendario de Aguascalientes, al que agregamos también las fiestas de todos los santos y de los fieles difuntos.

En la primera fiesta celebramos la Feria Nacional de San Marcos, que se calendariza alrededor del 25 de abril, y se definen las vacaciones del ciclo escolar; en la segunda, el Quincenario de la Virgen de la Asunción -que está representada en el escudo oficial del estado- termina el 15 de agosto con el festejo de la Romería de la Asunción. En la tercera celebración religiosa, se ha instituido ya la Feria de las Calaveras. En todas estas fiestas participan activamente los gobiernos del estado y del municipio de Aguascalientes.

Cabe ahora preguntarnos por otra vinculación que tiene el cristianismo con la vida de la sociedad: ¿cómo se manifiestan los valores y principios evangélicos en la vida y en el bienestar de los ciudadanos? Considero que este aspecto puede resumirse en dos puntos: el amor entre las personas, y la calidad de vida como condición del Reino de Dios. Particularmente, en el segundo punto, se da una crasa desvinculación.

Cuando Jesús es llevado ante Pilato, éste le pregunta “¿Eres tú el Rey de los judíos?”, a lo que Jesús respondió: “Mi reino no es de este mundo. Si fuera rey como los de este mundo, mis guardias habrían luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de este mundo” (Jn. 18, 33-36). Esta declaración de Jesús suele interpretarse para justificar la pobreza como carencia, es decir, que la vivencia evangélica de las personas no es para este mundo, sino para el cielo. Sin embargo, considero, que los que así interpretan este pasaje evangélico pasan por alto que la respuesta de Jesús se refirió al campo político de autoridad, señalando que él no es autoridad política, como sí lo era Pilato, por lo que la condición evangélica de bienestar que impulsa es para que se dé ahora.

De ahí que algunos desvinculen el Reino de Dios del bienestar de las personas en la vida de la sociedad. En sus años de evangelización, unos fariseos le preguntaron a Jesús cuándo llegaría el Reino de Dios, y él les contestó “El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán vedlo aquí o allá, porque el Reino de Dios ya está entre vosotros” (Lc. 17, 20-25). El significado del Reino de Dios lo explicó en el Sermón de la Montaña (Mt. 5, 1-48) en el que Jesús habló de la pobreza de espíritu (no obstante que los otros evangelistas no agregan la palabra espíritu), que junto con las curaciones que hizo a personas, llamadas milagros, da a entender que el bienestar de las personas es ahora.

En este tenor, considero que la pobreza como carencia de bienestar, no es virtud, al contrario, es defecto; y que el Reino de Dios implica, aquí y ahora, vida digna de las personas, con casa, vestido y sustento, como sucedió cuando Jesús pidió dar de comer a las 5 mil personas que lo estaban escuchando (Jn. 6, 1-15); significa amor a las personas, tanto el amor de pareja como el compartido con otras personas, ya que no tiene mérito amar sólo a los que nos aman (Mt. 5, 46). Como también implica justicia y cumplimiento de la ley -sin distingos en el sentido de si es civil o religiosa- “el que ignore el último de esos mandamientos y enseñe a los demás a hacer lo mismo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos, y el que los cumpla y los enseñe será grande” (Mt. 5, 19).

En fin, en el bienestar también distinguimos dos aspectos: uno es el ambiental, de la estructura de la sociedad, en el que poco podemos intervenir, y el segundo es la toma de decisiones, que sí está en nuestras manos. Las buenas decisiones que tomamos nos traen beneficios; en cambio, las decisiones equivocadas nos traen perjuicios y problemas. Frecuentemente queremos cambiar lo que no está en nuestras manos, y dejamos de transformar lo que sí está en nuestras manos. Busquemos nuestro bienestar, siguiendo los valores humanos del Evangelio.

 

 

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