Opinión

El tiempo de las causas / Jorge Álvarez Máynez en LJA

Cuenta el lugar común que la sociedad contemporánea ha dejado de creer en la política; en los políticos y en los partidos que los aglutinan.

Ante un fenómeno complejo, la respuesta los políticos y su discurso no hace sino confirmar los lugares comunes de la antipolítica, que es deliberadamente impulsada por los poderes fácticos (principalmente en el sector telecomunicaciones), y escuchamos a los candidatos pregonar: “yo no soy político”, como si decirlo los volviera inmunes a la desilusión con la política y la democracia que vive el mundo de hoy. Para resolver la desconfianza en la política, hay que sentir vergüenza de ejercerla, parece ser la máxima.

Un callejón sin salida

Pasa que estamos frente a un problema real. El porcentaje de ciudadanos italianos que votan en elecciones parlamentarias pasó del 93% en 1970 al 75% en 2013; en Alemania del 91% pasó al 71%; en Francia del 81% al 57%; en Reino Unido del 72% al 65%; en Estados Unidos del 63% al 57%; y el promedio de la Unión Europea pasó del 62% en 1980 al 43% en 2012. En las elecciones intermedias de 1997, en México, votó el 58% de los ciudadanos; en 2009, menos del 45%.

Pasa que la solución, para muchos, es el cinismo. Un conjunto de respuestas es el de quienes dicen que la gente ha dejado de votar por fenómenos que no son nuevos ni más crueles hoy que hace tres décadas (y por lógica, no pueden ser la explicación de la involución) como la pobreza. Otros prefieren simplemente no buscar explicaciones y hacer como si nada hubiera cambiado.

Los movimientos sociales de los últimos años, lejos de desencadenar procesos democratizadores, han dado lugar a regímenes autoritarios y han terminado por convertir la esperanza social de cambio en resignación a vivir bajo “las reglas del juego”. Lo mismo sucedió en Ucrania que en Egipto. La conclusión lógica es la desesperanza: si indignarse y movilizarse no lleva al cambio, ¿Entonces qué?

No es la respuesta. Son las respuestas

Hay dos lugares a donde la lucha por una democracia más justa y representativa no debe conducirnos: uno es el cinismo, el otro es la resignación. Si pasar de ser demócrata a cínico significa cambiar de bando, la apatía no es un camino diferente.

Frente al descontento, quizás la primera respuesta sea la decisión genuina y comprometida de buscar respuestas y de abanderar causas. Si la crisis es multifactorial, también lo deben de ser las respuestas; pero además, si el comunismo y los partidos de izquierda intentaron resolver el problema la (in)justicia a partir de la unidad política y el pensamiento único, quizás la vía para actuar sea la diversidad política y el diálogo entre iniciativas locales, regionales y nacionales frente a los efectos del capitalismo salvaje.

Estoy convencido de que no vivimos el tiempo en el que los partidos lleguen a su fin, ni el tiempo en el que la esfera de la política ceda en su carácter hegemónico del poder ante la esfera de la economía y el mundo del trabajo. Eso no quiere decir que no sea urgente una reforma a la política, y que sea impostergable un renacimiento de los partidos.

Lo que creo es que más que el fin de los partidos, es el tiempo de las causas. El tiempo en que los ciudadanos decidan llevar sus causas a la discusión institucional, y forzar un cambio de timón y un relevo generacional en el mundo de la política y de los partidos.

Conservar la voluntad, transformarla en ambición

“Los optimistas piensan que las cosas ya se arreglarán, los pesimistas piensan que no hay nada que hacer… Y luego están los ambiciosos. Y yo creo que la ambición es un producto de la resistencia. Cuando uno ha sido resistente en su vida, y nosotros dos lo hemos sido en un momento dramático de la historia de Europa, se conserva la voluntad de crear algo mejor. La resistencia es creadora”

Stéphane Hessel

La esperanza es apostar por el triunfo de lo que siendo necesario, es improbable

“Pienso que lo probable, lo más probable, es que los acontecimientos nos conduzcan a la catástrofe. Pero pienso también que en la historia siempre ha existido lo improbable y que se han producido acontecimientos felices. Y a eso apuesto. Por eso hablo de esperanza. La esperanza no quiere decir que todo vaya a ir bien, sino que es posible. Si nosotros contribuimos, si actuamos, quizá tengamos la oportunidad de encontrar la buena vía. Eso es la esperanza”.

Edgar Morin

 

*Secretario de Organización de Movimiento Ciudadano

 

 

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Jorge Álvarez Máynez

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