Pornoagrafía / Envoltorio de papaya - LJA Aguascalientes
04/12/2021

 

Porno

Hace una decena de años, Martin Amis (A rough trade http://goo.gl/7EEDyz) distinguía entre dos tipos de pornografía Features y Gonzo, la diferencia entre ambas categorías era que en la primera se mostraban las razones por las que la gente está cogiendo, mientras que en la otra no había límites, ni historia que justificara los encuentros sexuales, “Te muestra a gente cogiendo sin preocuparse por qué están haciéndolo. No hay plegarias al Creador, no hay banderas que se vayan doblando lentamente en Gonzo. El porno de Features es mucho, mucho más sucio que antes, pero el porno Gonzo está kilómetros adelante. El nuevo elemento es la violencia”.

En el ensayo, Amis va describiendo el “ascenso” de este aspecto violento en los productos de esta industria, en algún momento describe una (ridícula) escena de Flashpoint, una cinta de tipo Features en la que un montón de estrellas porno aparecen disfrazadas de bomberos, el novelista inglés da en el blanco al describir qué es lo que caracteriza a esta industria y, más allá del tipo de película de la que se trate, el novelista revela una constante en la pornografía, dice Amis: “Después de un tiempo comienzas a pensar que las estrellas porno, a pesar de ser pésimas actuando, son muy buenas para actuar en un solo detalle: saben contener la risa. Pero es que la falta de humor, universal e institucionalizada, es el alma del porno”. Y sí, ese es el elemento que une a todas esas cintas, incluso a las que son parodias de otras. Ahí está un reto, realizar la representación de un acto gozoso y placentero como el sexo aunado al sentido del humor.

Otros que son muy buenos a la hora de actuar, a los que no refiere Martin Amis en su ensayo, pero que yo no puedo evitar pensar, son los encargados de “doblar” las películas pornográficas, sobre todo si son gonzo, se debe ser todo un profesional para no reventar de la risa cuando se tiene que grabar y sustituir a quienes sólo tienen un limitado puñado de frases, un mínimo arco que va del “házmelo duro” a la exageración del tamaño y, claro, multitud de gemidos.

La pasión sexual suele dejarnos sin palabras, de hecho, casi toda pasión se distingue por colocarnos frente al reto de traducir eso que sentimos a palabras, y es tan grande el desafío, que más de las veces se elige el silencio, agotado ante la precisión necesaria para describir eso que nos lleva fuera de nosotros.

 

Excesos

El escritor Gabriel García Márquez (Aracataca, Colombia, 6 de marzo, 1927) falleció la tarde del jueves 17 de abril en su casa de la Ciudad de México. Al enterarme de la noticia, el primer impulso, fue el de desconectarme, no ver redes sociales, no escuchar la radio, no atender la televisión ni leer nada; por mi trabajo no puedo hacerlo, así que sin remedio me preparé para la lluvia intensa de estupideces… y llegó.

Para empezar, esa obstinación por apropiarse de un autor llamándolo por su apodo, como si hubieran comido con él un día antes, Gabo por acá, Gabo por allá; seguido de la infinita cantidad de datos inútiles sobre la vida personal del autor; la multiplicación de anécdotas sobre los momentos en que se estuvo a punto de conocer al autor de El otoño del patriarca o bien las historias sobre la familiaridad en el trato con el colombiano, donde siempre se hace énfasis en la importancia de quien cuenta y cómo logró penetrar la intimidad del Premio Nobel. No faltaron en las redes las imágenes de los libros autografiados, la reproducción de la foto durante el asalto al autor y así… ad nauseum.


Presos de la comentocracia, programas de radio y televisión llenaron sus espacios con la opinión supuestamente documentada de especialistas para así transmitir a la audiencia lo irreparable de la pérdida que la Literatura y la Historia ha sufrido.

No una, sino varias veces, me tocó escuchar un comentario que, básicamente, insistía en que la literatura sólo ha tenido dos grandes momentos, dos grandes autores, Miguel de Cervantes Saavedra y Gabriel García Márquez; en un programa de radio, uno de los especialistas, sin empacho alguno, apuntó: “Hay quien dice que la genialidad de Cien años de soledad sólo es comparable con el momento cumbre en que fue escrito el Don Quijote”.

Lamentablemente, para mí, la tarde siguió navegando por esos comentarios, del insensible “Ahora sí, miles de ojos estarán puestos en la obra de García Márquez”, como si la muerte fuera una condicionante para obtener lectores, hasta las superficiales caracterizaciones de la obra: “Crónica de una muerte anunciada es magnífica, porque parece que estás ahí”, o “El amor en los tiempos del cólera, es una obra cumbre porque relata, eso se intuye, el amor entre los padres del Gabo”.

En Twitter, un cantante que se vende como portavoz de los desprotegidos y hace videos donde destruye un Maserati escribió: México tembló porque la tierra que le dio casa a Gabriel García Márquez también se quiere despedir… Tampoco faltaron quienes arrebatados por el dolor asestaron, de nueva cuenta, la autoría de “La marioneta” (Si por un instante Dios se olvidara de que soy/ una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, / posiblemente no diría todo lo que pienso, / pero en definitiva pensaría todo lo que digo) a García Márquez, restando el “mérito” al comediante Johnny Welch; esa es la lluvia que viene, disminuir al autor de Noticia de un secuestro a una marioneta que redacta una despedida sentimentaloide. En Facebook, alguien a quien no conozco, lleno de dolor compartió un mensaje que sintetiza lo que he querido enlistar, en breve, decía: Gabo, nunca he leído un libro tuyo, pero te admiro más que a nadie… Seguramente del mismo autor que tuiteo: Pero no por no haber leído un libro de García Márquez voy a dejar de reconocer que ha sido uno de los más grandes mexicanos…

¿No hubo nada interesante que leer acerca de Gabriel García Márquez?, por supuesto que sí, pero esos textos quedaron de lado por la ola de quejicas sentimentaloides que no son las de los lectores, sino de quienes intentan convertir cualquier hecho en una oportunidad para la selfie.

Buscando ese texto que salvara del chaparrón de tonterías fue que recordé a Martin Amis y la falta de humor en la pornografía, quizá en el momento en que escuché al “especialista” apuntar que alguien decía que era posible comparar Don Quijote a Cien años de soledad; ese, pensé, es un comentario de alguien que no es lector apasionado, requiere el respaldo de la autoridad (alguien dijo) para así evadir con una generalidad su incapacidad de describir la pasión que provoca un buen texto. Como el sexo, supongo, como todos esos placeres que sólo tras mucho buscar es posible describir, y claro, la angustia de no encontrar las palabras adecuadas para contagiar el gozo, lo deja sin sentido del humor, lo empuja al sentimentalismo barato donde uno es el centro del universo y todas las razones dejan de importar.

Un poco como el gonzo, lo importante es mostrar a la gente haciéndolo, no se requiere más, si acaso, la violenta contundencia de la primera persona y lo cursi.

 

Coda

Material para enardecer mi vesícula no ha faltado, ¿a alguien le importa?, estoy seguro que no; menos mal que yo no escribo para que me quieran.

@aldan

 


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