12/07/2020


La música clásica es muy celosa, difícilmente acepta una ejecución ajena a su propio contexto, los diferentes intentos que se han hecho por llevar la gran música de concierto a otra latitudes del entorno musical, terminan por ser escandalosos bodrios, verdaderos adefesios, malformaciones musicales, auténticas cacofonías, y no, no estoy exagerando, te lo aseguro, la música clásica es de una forma y no puede ser de otro, es una cuestión determinante, simplemente es o no es. Cuando una obra clásica es ejecutada en un estilo musical diferente al que fue creada, entonces deja de ser para convertirse en otra cosa.

Dentro de esta elasticidad musical en donde diferentes géneros coquetean abiertamente con la música clásica, están los que buscan que una orquesta sinfónica acompañe sus propias composiciones con arreglos que generalmente no resultan afortunados, esto se ha dado en todos los lenguajes musicales, en algunas ocasiones los trabajos resultan tolerables, pero otras terminan por ser infumables, incluso malolientes, vamos, esto es tan despreciable que ni siquiera vale la pena citar ejemplos, lo patético del caso no me permite ni siquiera recordarlos, peor aún cuando se pretende que la presentación sea en el Palacio de Bellas Artes, ya varias veces mancillado por cantantes y compositores baratos, es más, creo que es necesario hacer un desagravio a nuestro máximo escenario operístico y una de las dos casas de ópera más importantes de América Latina, el otro es el Teatro Colón de Buenos Aires.

A donde pretendo llegar es a ocuparme de las incursiones del rock, uno de mis géneros musicales favoritos, en la gran música de concierto, sin duda mi lenguaje musical favorito, y en este contexto, tenemos una gran cantidad de ejemplos, unos lamentables, otros salvables y muy pocos dignos de aplauso. Empecemos por recordar algunas producciones como aquella de Jethro Tull en donde se hicieron arreglos para algunas de sus canciones más emblemáticas y fueron ejecutadas por la Orquesta Sinfónica de Londres acompañando al grupo en cuestión. Un trabajo muy bien logrado, con buenos arreglos, una participación protagónica de la London Symphony y la magistral ejecución de las huestes de Ian Anderson. De la música de Pink Floyd se han hecho cualquier cantidad de arreglos, algunas muy buenas, otras dejan mucho que desear, igualmente con la música de The Beatles, sus canciones han sido interpretadas en todos los lenguajes musicales, entre ellos el propio de la música de concierto, con o sin orquesta. El flautista mexicano Horacio Franco tiene unos arreglos muy buenos de las canciones del Cuarteto de Liverpool, entre muchos más.

De hecho algunos músicos de rock con pretensiones mucho más ambiciosas, se han acercado a la música clásica con composiciones propias, hay que recordar los Concerti Grossi del grupo genovés de rock progresivo New Trolls, trabajando con el compositor argentino nacionalizado italiano Luis Enríquez Bacalov, con música de él y textos de la tragedia de “Hamlet” de Shakespeare, New Trolls presentó sus dos primeros conciertos grossos, hubo un tercero recientemente llamado “Seven Seasons” en donde ya no interviene Bacalov, pero su influencia es evidente y un cuarto Concerto Grosso que dentro del catálogo de New Trolls es considerado como el tercero, para esta producción regresa Bacalov a trabajar con ellos.

Keith Emerson, pianista y tecladista del mítico trío británico Emerson, Lake & Palmer ha incursionado constantemente en la música clásica, ya sea con arreglos o con composiciones propias, sin duda el ejemplo obligado es la adaptación a trío de rock de la obra del ruso Modesto Mussorgsky “Cuadros de una Exposición”, originalmente escrita para piano solo y de la que se han hecho por lo menos una veintena de orquestaciones y arreglos, la más conocida e interpretada, sin duda, es de la Maurice Ravel. Keith Emerson tiene arreglos para piano solo de diferentes compositores, sobresalen los realizados a la obra de Prokofiev o del argentino Alberto Ginastera, la versión de la “Danza Criolla” de este compositor sudamericano ejecutada al piano por Keith Emerson, es de primer nivel. Pero sobre cualquier otra cosa realizada por este virtuoso del piano y en general de los teclados, está su composición del Concierto para Piano y Orquesta No.1 en tres movimientos: 1) Allegro Giocoso, 2) Andante Molto Cantabile y 3) Toccata con Fuoco, grabado originalmente con la Orquesta Filarmónica de Londres y la dirección del maestro John Meyer, el propio Emerson se encarga del trabajo solista.

Además de estos trabajos exquisitos y en algunos casos verdaderamente virtuosos, están otros que dejan mucho que desear, la moda que se ha desatado recientemente, o quizás no tan reciente, de grupos de rock de hacerse acompañar por una orquesta sinfónica, así hemos escuchado a Scorpions Sinfónico acompañados por la mítica Filarmónica de Berlín, Metallica con la Sinfónica de San Francisco y otros más en donde la orquesta se limita a un discreto trabajo de acompañamiento. Eso es lo que no puedo aceptar, cómo es que la casi sagrada Filarmónica de Berlín, una de las más grandes instituciones musicales del mundo, junto con la Filarmónica de Viena, la Orquesta de la Gewndhaus de Leipzig, la del Royal Concertgebouw de Ámsterdam o la Sinfónica de Londres, acompañen el protagonismo de otros que no son ellas, con todo y que Scorpions me gusta mucho, tengo casi todos sus discos y Michael Schenker es uno de mis guitarristas favoritos. En fin, el tema es inagotable y se me quedaron muchas cosas en el tintero, así que con tu permiso, intentaré agotar el tema en el próximo Banquete. Hasta la próxima.

rodolfo_popoca@hotmail.com

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