Letra y música / País de maravillas - LJA Aguascalientes
30/06/2022

Cuando era niña, me costaba trabajo entender las colaboraciones entre artistas. La que más enigmática me resultaba era la de un compositor y un poeta: ¿cómo podía funcionar? El caso que más vueltas me daba en la cabeza, supongo que por ser del que más me hablaban en la escuela, era el de nuestro himno nacional. ¿Cómo era que tenía dos autores?, me preguntaba. Es decir: entendía que uno era de la letra y el otro de la música, pero ¿no era como mucha coincidencia? Me imaginaba a Jaime Nunó, paseando y silbando su pegajosa melodía, y a Francisco González Bocanegra, caminando y recitando su poesía. En mi imaginación, de repente chocaban y descubrían que la música de uno y la letra del otro eran tal para cual. Pero entonces mi angustia era: ¿y si alguno de los dos hubiera caminado más despacio? ¿O si no hubieran coincidido en esa esquina? Quizá ahora no tendríamos himno, o se recitaría sin música en las ceremonias el “y retiemble en sus centros la tierra”, o cantaríamos el Cielito lindo. Todo eso me angustiaba mucho.

Igual me pasaba con algunos libros ilustrados y con los cómics: ¿llegaba alguien con unos dibujos preciosos y otro construía una historia a partir de ahí? ¿O llegaba alguien con una historia y otro hacía los dibujos? Y si era esto último, ¿cómo elegían qué parte de la historia pasaba a las ilustraciones?

A pesar de que pueda parecer de lo más obvio, tardé varios años en entender cómo funcionaba el trabajo en equipo de los creadores. No me sirvieron, lo confieso, los trabajos en equipo que me tocó hacer en la escuela, porque esos consistían en un montón de gente echando la flojera y uno solo haciendo el trabajo a marchas forzadas. O varias personas discutiendo porque los demás no cedían para que el trabajo fuera a su modo. (¿Aparte de mí hay quien piense que la mayoría de los trabajos en equipo están mal diseñados, mal asignados, mal coordinados y que sólo sirven para hacer sufrir a uno o varios integrantes del equipo?).

En fin: tarde o temprano entendí cómo era la cosa. Que uno fuera músico no lo hacía letrista y que uno dibujara bonito no lo hacía narrador. Y al revés: que uno tenga historias padrísimas que contar no significa que sea talentoso a la hora de tomar un lápiz, como no todo el que aprende a rimar puede tocar un instrumento, por no hablar de crear melodías. Creo que cuando entendí esta parte aprendí a admirar a los que son capaces de hacer este trabajo en equipo. Pero no sólo eso: también aprendí a admirar a los que viven en el otro lado del espectro: los que sí son capaces de crear letra y música o ilustrar sus propias, maravillosas historias. Porque no es poca cosa y, aunque uno pudiera pensar que la tienen fácil porque se salvan del trabajo en equipo, la verdad es que tiene su buen grado de dificultad. Y más cuando, encima de todo, se trata de escribir algo para un público exigente, honesto y directo. Como el público infantil, por ejemplo.

Por eso estoy tan contenta de haber leído Isadora y el alquimista, de Beatrix G. de Velasco, y por eso es que vengo a recomendárselos. Beatrix es ilustradora y diseñadora gráfica desde hace mucho tiempo, pero éste es su primer proyecto dirigido a niños. Por si fuera poco, es también la primera vez que se avienta a escribir ella misma la historia a ilustrar, y todavía más: se aventó en esta aventura sin contar con el respaldo de una editorial o un patrocinador, por lo que el libro es totalmente independiente.

Hasta aquí, todo muy bien, ¿no? Qué gusto que la autora sea entusiasta y emprendedora y que haya logrado sacar el libro. Sin embargo, lo realmente importante es que la historia es interesante y entrañable y que las ilustraciones son bellísimas. En estos tiempos de trabajo digital, Beatrix se dio a la tarea de hacerlas, todas, en acuarela (luego de incontables bocetos). Se nota a la hora de abrir el libro: el lector podría quedarse horas y horas en cada una de las láminas, descubriendo detalles del color, el diseño, los personajes o los escenarios.

Con respecto a la trama, Isadora es una niña de ocho años que vive con su abuela y con dos gatos. Sabe que tiene prohibido acercarse a la casa antigua que hay cerca de la suya, pero la curiosidad la domina y, por ir de metiche, descubre que en ese lugar vive un científico/mago misterioso, que colecciona frascos muy sospechosos… ¿Será un personaje maligno o habrá algo bueno en sus intenciones? De verdad vale mucho la pena porque, al final, al misterio se unen otros temas: la ausencia de los seres queridos, la tristeza ante una pérdida y cómo esta tristeza puede convertirse en algo mejor.

Aquí les dejo la página de Facebook de Isadora y el alquimista, para que puedan conseguir este hermoso trabajo independiente: https://www.facebook.com/isadorayelalquimista (seguro que a Jaime Nunó y a Francisco Bocanegra les hubiera gustado).

Encuentras a Raquel en twitter: @raxxie_ y en su sitio web: www.raxxie.com



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