Nacionalismo económico / Taktika - LJA Aguascalientes
26/11/2022

París, Francia. 27 de abril de 2014. Al enterarse de las intenciones de la compañía estadounidense, General Electric, de comprar al titán de la ingeniería, Alstom, el gobierno francés a través de su ministro de Economía, Arnaud Montebourg, dice: “el gobierno no aceptará ninguna decisión precipitada sin tomar en cuenta las opciones alternativas para el interés nacional”.

Posteriormente, en un comunicado, el precitado funcionario concluye: “General Electric y Alstom tienen su calendario, que es el de los accionistas, pero el gobierno francés tiene el suyo, que es el de la soberanía económica”.

Los hechos previamente descritos sirven como prefacio al presente artículo, el cual pretende explicar qué es el nacionalismo económico y cómo funciona en países representativos (Francia, India y Rusia) de esta corriente de pensamiento.



 

Para la Escuela de Negocios IESE de la Universidad de Navarra, el nacionalismo económico es “cualquier intervención del Gobierno en las transacciones privadas y que las distorsiona en base a la nacionalidad de las partes interesadas y que va más allá de lo que reflejan las preferencias de los residentes nacionales”.

Otro significado de nacionalismo económico es “la oposición contra la adquisición, por parte de grupos extranjeros, de compañías consideradas estratégicas para el país”.

En el caso de Francia, su nacionalismo económico se encuentra cubierto por el manto del dirigisme. Es decir, un sistema económico en donde el Estado ejerce una fuerte influencia respecto a la inversión. El dirigisme alcanzó su máxima expresión bajo la égida del general Charles de Gaulle y Georges Pompidou, quienes priorizaron los llamados “campeones nacionales” -empresas del sector energético y del transporte-, las cuales recibían apoyo del Estado para garantizar, además de las ganancias para sus accionistas, tres puntos: empleo, localización de las actividades e independencia energética.

Es precisamente dentro del contexto de la puja, entre la estadounidense General Electric y la germana Siemens, por Alstom que el presidente galo, François Hollande, extendió un decreto que otorga más facultades al Estado francés para demandar concesiones o bloquear ofertas por compañías que operen en seis sectores: agua, comunicaciones, defensa, energía, salud y transporte.

Respecto a la India, su primer ministro electo, Narendra Modi, implementó, durante su gestión como ministro jefe del Estado de Gujarat, programas que llevaron el agua potable y la electricidad para toda la población. Además, priorizó el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas. No obstante su visión nacionalista, Modi atrajo inversión extranjera proveniente de China, Corea del Sur y Japón. Como resultado de todo lo anterior, Gujarat tuvo un crecimiento anual del 10.2 por ciento entre 2002 y 2009.

Quizás el caso más emblemático -y controvertido para algunos- sea Rusia. Cuando era un relativamente desconocido funcionario municipal, en 1997, el actual presidente de Rusia, Vladimir Putin, en su disertación escribió: “el proceso de restructurar la economía nacional debe tener el objetivo de crear las compañías más competitivas y efectivas para los mercados doméstico y exterior”.


Posteriormente, Putin propuso en 1999 que el “Estado regulara y desarrollara el sector de los recursos naturales a través de la creación de compañías, lo suficientemente grandes para competir con las multinacionales. Representando de esta manera los intereses del Estado en el comercio internacional”.

Bajo la dirección del zar global, la empresa estatal Gazprom, ha devenido en el mayor extractor de gas natural en el mundo y una de las compañías más grandes. La mencionada firma aporta el ocho por ciento del producto interno bruto de Rusia. Más todavía, ha devenido en un arma diplomática para chantajear a la Unión Europea por su fuerte dependencia de los energéticos rusos.

El nacionalismo económico no está exento de deficiencias: menoscabo en la asignación eficiente de recursos, alteración de la disciplina del mercado, posible imposición de decisiones erróneas para las empresas, entre otras.

El escribano cree, en vista de lo arriba explicado, que es mejor que el Estado Mexicano, en sus tres niveles de gobierno, sea un promotor y regulador más que empresario. Sin embargo, por su experiencia histórica, debe tener una fuerte presencia y regulación en los sectores estratégicos, muy en particular el energético, donde se debe asegurar que Pemex y la CFE, sigan siendo propiedad de la nación, y no meros mascarones de proa, a fin de asegurar la viabilidad de este gran proyecto que se llama México.

Aide-Mémoire.- ¿Será este el siglo de Eurasia? El tiempo lo dirá.


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