País de maravillas / Recordando al grillito cantor - LJA Aguascalientes
30/06/2022

Hace poco leí un genial libro de ensayos de don José de la Colina (del que tendré que platicarles en breve, pero no ahorita, porque me saldría de tema) y me sorprendió muy gratamente que uno de sus textos era acerca de Cri-crí, el grillito cantor, también conocido como Francisco Gabilondo Soler. El motivo de mi sorpresa es que, últimamente, poco o nada he escuchado acerca de este compositor e intérprete. Miento: sí he escuchado comentarios, pero en general muy mala leche, que de ñoño, cursi y anticuado no lo bajaban: Odio que las maestras les pongan canciones de Cri-crí y Tatiana a mis hjos porque después muelen y muelen de que se las ponga en casa; ¿Vieras qué lista me salió Fulanita? Prefiere cantar conmigo las de Tiziano Ferro que escuchar al aburrido ése del Cri-crí; Mi esposa y yo les compramos a los niños uno de esos éxitos infantiles pero en reguetón, es más actual, ¿no? y una genial: Mi suegra le regaló un disco de Cri-crí y que voy a la tienda y que lo cambio por uno de Guns’n’Roses para niños. No se me vaya a hacer nerd y luego le hagan bullying en la escuela. Zaz. En cada uno de esos casos yo nada más comenté tímidamente que a mí Cri-crí me gustaba mucho de niña y que me sigue gustando, pero evité meterme en discusiones. Tiempo después, en casa de una amiga, de pronto me pareció que estaban matando a un gato. Oye, ¿qué es eso que se escucha tan feo?, pregunté. ¡Es Cri-crí!, me contestó con un gesto de resignación. Pero eso no era Cri-crí, lo juro. Tuve que concentrarme para reconocer la Marcha de las Vocales entre las voces estridentes y la instrumentación insulsa. Seguro puse una cara muy rara, porque mi amiga me pasó la cajita del disco. Y entonces estuve a punto del telele: en letras cursivas decía: en tonos especiales para que puedan cantar los niños. Le comenté a mi amiga que esos tonos especiales sonaban un poco a dolor de muelas y me dijo que a sus hijos les gustaban. Evité decirle que su hijita, concentrada en un juego en el ipad, no era precisamente de ah, cómo me gusta esa música. En cambio, le pregunté: ¿Pero ya les pusiste los originales cantados por el propio Cri-crí? Se encogió de hombros y me dijo: ¿De verdad estamos platicando de lo que escuchan los niños? Es música de fondo, para no tener que escuchar sus gritos, y me cambió el tema a cosas más serias y adultas, como ese nivel horrendo del candycrush que no había podido pasar en dos semanas. Como yo soy muy seria y adulta también, le pasé los tips con los que yo pasé ese nivel y seguimos por otros derroteros, pero la espinita se me quedó clavada: ¿de veritas Cri-crí está ahora del lado de lo uncool, de lo ñoño, de lo que ya no se reedita y de lo que pronto se olvidará? ¿Será de veras que las próximas generaciones nos verán con cara de estás bien loca cuando les digamos nos vemos al ratón vaquero y que ya nadie entenderá cuando le diga que para mí Las brujas es una canción cercana a Thriller de Michael Jackson y que le achaco el origen de mi gusto por lo oscuro y macabro?

Por suerte leí entonces el ensayo de don José de la Colina, en el que, muy sensatamente, no se pone a elucubrar sobre el futuro de la música de don Gabilondo Soler, sino que describe con detalle sus virtudes imaginativas y musicales, que no son pocas. Y entonces me enteré de que todavía se consigue con relativa facilidad la colección de cuentos y canciones con las que yo conocí al tal grillito cantor: una colección de alrededor de 50 cuentos y otras tantas canciones (siempre ligadas entre sí por medio de esos cuentos). Yo los tuve en lp pero ahora existen en cd y hasta en mp3 (los pueden comprar en iTunes, por ejemplo). Me emocionó saberlo. Así que los bajé a mi ipod y usé a la hijita de mi amiga como conejillo de indias: en mi siguiente visita a su casa puse mi ipod en su estéreo con una de mis historias favoritas (Una familia metódica), le di play y la niña, poco a poco, se fue acercando. Antes de que acabara el siguiente cuento (Más equivocaciones de Cricrí, continuación del anterior –sí, me brinqué la canción de El ropavejero) ya estaba sentadita junto a mí, atentísima. Y cuando le puse pausa a la mitad de la canción (Rusiana) me dijo: ¡No le pares! Ah, qué felicidad. Esperé a que acabara la rola para despedirme. Y la siguiente vez que fui a visitarlas la niña me recibió con un grito: ¡Ula, ula, ulalá! (que es justo lo que dice el oso barbado que protagoniza la canción). Claro, no es un estudio con una enorme muestra de la población, pero al menos me da esperanzas. Y me da nuevos argumentos para la próxima vez que me digan que Cri-crí no es lo de hoy.

Encuentras a Raquel en twitter: @raxxie_ y en su sitio web: www.raxxie.com        


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