Cultura

Truenos en flor, anuncio de la lluvia

En mayo florecen los truenos anunciando los proverbiales aguaceros del quinto mes y la celebración de la poesía. Pero si la riqueza de sentidos de la lengua natural permite dobles lecturas a la floración del árbol ligustrum, rebautizado por la gente común con el nombre de un fenómeno atmosférico, la fiesta poética desborda cálices y corolas figuradas y reales (¿qué tanta realidad hay en el caballo verde de la poesía?), porque recurre a un lenguaje distinto al de nuestra vida cotidiana. Apto para erigir construcciones verbales que, no obstante flotar en el aire, han mostrado mayor solidez que las de la más dura piedra.

Todo esto ya se ha dicho muchas veces desde hace siglos. Y de diferentes maneras, cada generación encuentra en la poesía ya escrita ocasión para seguir escribiendo más poesía y sobre ella. Si hay palabras vivas, se encuentran en las obras leídas. Un libro sin lectores yace inerte, no importa su tema, época o género. De ahí la importancia de que periódicamente los poetas hablen de lo que hacen, como promoción de su actividad o como defensa contra la mala memoria y los malos entendidos a que da lugar la cercanía con el poder. Especialmente en países como el nuestro, donde el fomento del arte y la cultura corre por cuenta del Estado, aunque la inmensa mayoría de los escritores, intelectuales y artistas que definieron las tradiciones ahora vigentes asumieron posturas críticas ante sus respectivas realidades. Y aunque no pocos sufrieron persecuciones y marginación política, generalmente en la primera mitad del siglo pasado, la mera práctica del arte y la poesía constituye una crítica a la visión natural del mundo, independientemente de cualquier militancia política, que postula en su lugar una visión más amplia y profunda, que enriquece nuestra experiencia vital.

Así entendida, la poesía en nada se parece a entretener el ocio de unos o adornar el vacío de otros. Con ese convencimiento, desde los años 50 Víctor Sandoval y otros integrantes del Grupo Paralelo promovieron, entre otros cuestionamientos a la idea de nuestra ciudad como “la Atenas de México”, la transformación de los antiguos Juegos Florales de la Feria de San Marcos en un premio nacional de poesía, al que las obras premiadas colocaron en el primer nivel entre los certámenes de su género, desde el año crucial de 1968.



Este año, en su XLVI edición, el Premio Bellas Artes Aguascalientes de Poesía se entrega a Christian Jonathan Peña Rosales (1985), por Me llamo Hokusai, de acuerdo con el jurado integrado por José Luis Rivas, Javier Acosta y Jorge Humberto Chávez. Se trata de un autor con una trayectoria importante, a juzgar por los galardones nacionales obtenidos durante los seis años más recientes, en donde la cantidad no excluye la calidad: Premio Nacional de Poesía Joven “Jaime Reyes” 2008 por De todos lados las voces; Premio Nacional de Poesía “Amado Nervo” 2009 por El síndrome de Tourette; Premio Nacional de Poesía Joven “Francisco Cervantes Vidal” 2010 por Janto; Premio Nacional de Poesía “Clemencia Isaura” 2011 por Libro de pesadillas; Premio Nacional de Poesía “Ramón López Velarde” 2011 por Heracles, 12 trabajos; Premio Nacional de Poesía “Enriqueta Ochoa” 2012 por El amor loco y The Advertising y Premio Nacional de Poesía “Efraín Huerta” 2013 por Veladora.

Para Alejandro Arteaga en la revista Casa del Tiempo, este poeta busca parecerse a los grandes, no sólo en la pose de la foto para Lengua paterna (2009), sino “desde la lengua y en la escritura”. En otro número de la misma revista, Pablo Molinet se refiere a Janto, cuarto libro del poeta, como un viaje que atraviesa tiempos y referencias de amplia variedad, señalando la “sencillez cargada de sentido” como un rasgo fundamental de esta poesía, cuyo valor no depende de la erudición, ni de la búsqueda de una originalidad más mítica que real, sino de saber encaramarse en los hombros de los gigantes que nos han precedido, entre los que se cuenta el caballo de Aquiles que da nombre al libro, para expresar acontecimientos humanos. En su escritura, el poeta Peña le apuesta a la vida, no a lo nuevo. El mismo crítico escribe en la revista La otra gaceta sobre un libro previo, De todos lados las voces, que desde el título proclama esta poética de las voces compartidas que desplaza a la unidad del texto en beneficio de la variedad y la riqueza propias de lo realmente vivo.

Así, la constelación de obras premiadas en Aguascalientes se amplía con el libro de este poeta, guitarrista en el grupo Yesterday Pop y maduro ya pese a su juventud. Y una vez más, el título que alude a la obra del famoso artista japonés nos habla de la importancia de sabernos donde los truenos en flor anuncian la lluvia, gracias a la poesía.

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Ricardo Esquer

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