12/07/2020


La semana pasada dejamos inconcluso el tema, y claro, no es para menos, la extensión del mismo impide el tratamiento en un solo Banquete, así que con tu permiso, y abusando de tu generosidad, me permito servirte a la mesa en esta ocasión la segunda parte y conclusión del tema que hemos titulado: “Celebrando a los clásicos”.

Los muchos intentos por desarrollar una propuesta musical sólida y solvente recurriendo a unir en un solo concepto musical dos lenguajes distintos, y en algunos casos hasta antagónicos han desembocado en una infinidad de producciones, algunas lamentables, otras tolerables y en algunos casos, créeme que contados, muy afortunadas. Esto que en inglés se conoce con el nombre de “crossover”.

Como ya lo comenté en el Banquete pasado, soy muy escéptico en lo que se refiere a estos crossovers, por un lado soy un apasionado de la música clásica y creo que nada, absolutamente nada, está por encima de este género musical y veo con recelo y, hasta con cierto desprecio, debo reconocerlo, cualquier intento de incursionar dentro de este lenguaje desde la trinchera de otras perspectivas musicales. Pero al mismo tiempo soy un amante del rock y del jazz de corazón que veo con inobjetable interés algunos intentos de estas posturas musicales por abordar repertorios clásicos que en realidad no les son tan ajenos.

Por ejemplo, la grabación que hace el grupo de jazz The Crussaders con el maestro del blues B.B. King y la participación de la Royal Philharmonic Orchestra desde el Royal Festival Hall en 1982, de repente nos puede parecer muy forzada y fuera de contexto pero ya después de escucharlo varias veces, le podemos encontrar el sentido a esta grabación, aunque una vez más la participación de la orquesta se limita a ese discreto, y en ocasiones hasta tímido acompañamiento, cuando una orquesta como la Royal Philharmonic de Londres debe, por definición, tener siempre un papel protagónico.

La música clásica ha estado en el interés de varios músicos de rock, que en su contexto original nos pueden resultar muy lejanos al lenguaje de los grandes maestros de la música, se me ocurre pensar, por ejemplo, en The Doors. De repente nos ponemos a pensar, ¿qué interés podría tener Jim Morrison en incluir en su música elementos del clasicismo musical? Bueno, lo vimos pocas veces, ahora recuerdo, por ejemplo, la adaptación del Adagio del compositor italiano del período barroco Tomaso Albinoni acompañando el poema de “Feast of Friends” en el álbum “An American Prayer”. Esta misma delicia musical de Albinoni la utilizó el guitarrista Yngwie Malmsteen para su composición “Icarus Dream Suite Op.4”. De hecho, varios guitarristas de esta misma escuela de Malmsteen, como Vinnie Moore, Jason Becker y otros más, han encontrado en la gran música de concierto un terreno fértil para su producción musical.

Pero adonde pretendo llegar, y créeme amigo melómano, la idea original no era escribir sobre todo esto que ahora amablemente estás leyendo, empecé de una forma y el mismo texto me fue llevando a otro lado a donde no pretendía llegar, en fin, mi destino original en donde ahora finalmente aterrizo, es el disco “PFM da Mozart. A Celebration in Classical”, un álbum en estudio realizado en 2013 en donde el grupo de rock progresivo italiano Premiata Forneria Marconi se ocupa directamente de abordar el repertorio de algunos de los grandes maestros de la música. El disco inicia con una versión libre de la Obertura de la Flauta Mágica de Mozart, continúa con la Danza Macabra del francés Camille Saint-Säens. A continuación viene la Danza Eslava No.1 de Antonin Dvorak. Después nos encontramos con un manjar, aunque principalmente fue este el track que más dudas me despertó, el célebre Adagietto de la Sinfonía Quinta de su alteza real, Gustav Mahler. Finalmente mahleriano, no podía, en modo alguno, escuchar este arreglo sin las casi obligadas reservas y lleno de prejuicios y predisposiciones. La secuencia del disco continúa con Romeo y Giuletta de Sergei Prokofiev, obra de la que ya hace algunos años se había ocupado el pianista Keith Emerson del trío inglés de Emerson, Lake & Palmer. Siguiendo con los rusos nos encontramos con Rimsky-Korsakov, miembro del “grupo de los cinco” y su Gran Pascua Rusa. El primer disco termina con Obertura Nabucco de Verdi.

El disco dos nos ofrece algunas canciones originales de la PFM como es el caso de “La Luna Nuova”, “Promenade The Puzzle”, un poema de Peter Sinfield, el letrista histórico del grupo de rock progresivo británico King Crimson; “Dove…Quando”, “Maestro Della Voce”, “Impressioni di Settembre” y termina citando algunos pasajes de la Sinfonía Italiana de Mendelssohn y la Obertura Guglielmo Tell de Rossini mezclado con otras composiciones originales de la PFM como “Celebration”.

Este disco lo puso entre mis manos mi buen amigo Pablo del Valle, co-productor, junto con Fernando López, del programa Dimensión Ótica, especializado en rock progresivo y que Radio Universidad transmite todos los miércoles a las 9 de la noche. El simple hecho de que el disco en cuestión fuera de Premiata, uno de mis grupos favoritos, me llamó la atención, pero al ver de qué se trataba esta producción, el interés fue in crescendo, para decirlo en términos musicales. Claro, lo escuché superando todos mis añejos complejos y dominando todos esos fantasmas que me rodearon durante un par de audiciones de este disco. Finalmente puedo decir, con la más absoluta de las convicciones, que por fin un disco con material crossover me gustó de principio a fin, me satisfizo en todos los sentidos posibles y claro, fue la PFM. Bendito sea el rock progresivo italiano, bueno, en realidad todo el rock progresivo. Hasta el próximo banquete.

rodolfo_popoca@hotmail.com

Vídeo Recomendado


Show Full Content
Previous I+D=¡Ay güey! / H+D
Next UTA y CECyTEA se vinculan para fomentar la continuidad de estudios superiores

Comments

¡Participa!

Close

NEXT STORY

Close

Que el obispo opine, pero que argumente / Disenso

10/10/2015
Close