Sociedad y Justicia

La Escondida, lugar de refugio de migrantes en su paso por Aguascalientes

 

Luego de conocer la denuncia que ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos interpusiera Juan Humberto Pérez Robles de la Asociación de Migrantes Organizados, AMOR, por la presunta agresión que sufrieron algunos migrantes por parte de elementos de la policía municipal de San Francisco de los Romo en días pasados, La Jornada Aguascalientes visitó el predio conocido como La Escondida, ubicado en dicho municipio y el cual funge como refugio de migrantes nacionales y centroamericanos en su paso por Aguascalientes.

Expuestos a las inclemencias del tiempo, y a enfermedades derivadas de lo insalubre del lugar -el cual carece de agua y otros servicios-, los migrantes que se refugian en La Escondida, enfrentan el hostigamiento y abuso de la policía municipal de San Francisco de los Romo y agentes de migración, quienes en días pasados colocaron alambres de púas en el camino paralelo a las vías del tren, a fin de evitar que los migrantes logren escapar de sus manos; en esta ocasión, resultando varias personas heridas al quedar atrapados en el alambre, según cuentan testigos que presenciaron la agresión.

Tal vez haya quien crea que la mayoría de los migrantes que emprenden la aventura para ir en busca de mejores condiciones de vida, tengan como destino los Estados Unidos, pero no es así, muchas personas que viajan clandestinamente en los trenes, son de origen mexicano, y se trasladan de un estado a otro del país en busca de trabajo, ya sea en el campo, en la obra, o en lo que sea, como dice Crecencio Fimbres, quien junto con su compañero Francisco, viajan desde la Comarca Lagunera con rumbo a Guadalajara en busca de empleo, y remata diciendo que en los cinco días que llevan varados en Aguascalientes, han buscado trabajo en la obra, y a pesar de que traen su herramienta y papeles, éste les ha sido negado.

Originarios de Monte Blanco, Guatemala, Ricardo y Karla, de 23 y 25 años respectivamente, tienen 37 días de haber salido de su país, dejando atrás a sus tres hijos, empujados por la necesidad. Él con los pies ampollados, y ella enferma del estómago, esperan recuperarse para continuar su camino a Estados Unidos, en busca de trabajo para así acceder a una mejor vida que la que tenían en su país natal trabajando en los platanares.

Personas distintas, de distintos lugares, algunos de ellos muy lejanos, pero con una historia en común, en donde la pobreza y la ignorancia son los factores detonantes para emprender una aventura lejos de casa, y de la que no saben si regresarán, como José, salvadoreño de 37 años que se dirige a Oklahoma, o El Zarco, quien no dio más datos de su persona pero que se dirige a Sonora a trabajar en la uva. José comenta que en todo su trayecto hasta llegar a Aguascalientes, el lugar más peligroso en el que ha estado es Veracruz, en donde los “malandros” o los mismos policías veracruzanos, les cobran una cuota de 100 dólares para poder viajar en “La Bestia”.

Al llegar a este punto del país, los migrantes ya vienen sin dinero u objetos de valor, salvo la ropa que llevan puesta y una mochila o bolsa de plástico con uno que otro efecto personal, y una cobija sucia, es por eso que algunos de ellos se lanzan a los cruceros a pedir dinero y otros a limpiar parabrisas.

Y así, en una amistad trabada a fuerza de las inclemencias del tiempo, del peligro de la noche, de la furia de La Bestia, y de la persecución de los malandros, la policía y los agentes migratorios, los viajeros que descansan en San Pancho, esperan el mejor momento para salir de la Tierra de la Gente Buena, en donde tampoco son bien recibidos.



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Gerardo González

Gerardo González

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