Buscar a Luis Pescetti / País de maravillas - LJA Aguascalientes
30/06/2022

Descubrí a Luis Pescetti por una carambola de la vida: fan de Les Luthiers desde que era adolescente, sentí que moría cuando llegó a mis manos el libro Copy Right, escrito en equipo por Jorge Maronna, uno de los integrantes de Leslu (como le decimos cariñosamente los fans a este conjunto de instrumentos informales y humor) y por un tal Luis Pescetti, del que yo, lo confieso, no sabía nada de nada. El libro resultó delicioso. Reí como loca, lo amé, compré todos los ejemplares que pude e incluso obsequié algunos de ellos. Y anoté en mi lista de pendientes “buscar a Luis Pescetti”. Por suerte, me refería a una búsqueda metafórica: buscar su trabajo, pues (y no a buscar su dirección y perseguirlo en el cine o el súper). Y entonces me llevé un par de sorpresas: la primera, que Pescetti era ya bastante conocido por su trabajo como músico y autor de literatura infantil. La segunda, que, aunque es argentino, la mitad del año la pasa en México.

Así que, pensé, no sería tan difícil encontrar alguno de sus libros. En eso tenía razón: fue cosa de ir a la primera librería que se me atravesó en el camino para salir con Natacha, editado por Alfaguara. El libro me recordó mucho a uno de mis grandes favoritos, Celia, lo que dice, de Elena Fortún (y del que les hablaré largo y tendido en otra ocasión): es un conjunto de narraciones cortas, casi podríamos decir que son el equivalente a instantáneas fotográficas, la mayoría narradas en forma de diálogos que ocurren entre algún personaje secundario y la protagonista de las historias: una niña de ocho años, inquieta e imaginativa, que se llama (obviamente) Natacha. Uno lee y es como si estuviera escuchándola, como si los textos fueran transcripciones de lo que hablara una niña de verdad. Y eso es terriblemente difícil de lograr: escribir parlamentos es una de las cosas más complicadas en la literatura y mucho más cuando, encima de todo, el narrador sólo aparece, entre paréntesis, para hacer una acotación de vez en cuando. Antes de terminar el primer cuento, uno se olvida de que existe un tal Luis Pescetti y siente que está cotorreando con Natacha, que bien podría ser una amiga de toda la vida. Pero no es ese el único mérito de Pescetti: por si fuera poco, aprovecha esa forma fresca de narrar para retratar la psicología de los adultos que rodean a Natacha, sus amigos y amigas, sus rivales y, por supuesto, de la propia Natacha: la lógica infantil mostrada sin condescendencia, sin falsos pudores o intentos de recetarnos una moraleja. Natacha hace travesuras y sus actos traen consecuencias, pero no se le quita por ello lo traviesa ni da lecciones de conducta (¡gracias por eso, Luis Pescetti!). En una de mis historias favoritas, Natacha y su amiga Pati observan a un insecto. “Está casi muerto”, dice Natacha y Pati le dice que o se está vivo o se está muerto. Pero Natacha le dice que el insecto movió la pata, así que, a lo mejor, el insecto está muerto y la pata está viva, deseosa de que la pongan en otro insecto que sí la pueda usar. Pati le dice que tal vez el insecto se está muriendo y a Natacha se le ocurre algo mejor: ¿qué tal que el insecto se está viviendo, es decir, estaba muerto pero ahora su pata está viva y pronto todo él lo estará?

Natacha ha tenido tal éxito que cuenta con una serie de casi una decena de libros y fans tanto en México como en Argentina (y supongo que en otros países de habla hispana también, aunque no lo sé de cierto). Pero, además de este personaje recurrente, que bien podría ser el sello personal de Pescetti, el autor ha publicado un par de novelas para chicos un poco mayores (Frin y Lejos de Frin), una para adolescentes (El ciudadano de mis zapatos, que no he leído: ¡no la he conseguido acá en México!), varios libros de cuentos con otros personajes (mi favorito es Historias de los señores Moc y Poc), e incluso un poemario, un cancionero y algunos libros que no son específicamente para niños.

La música de Pescetti y los juegos que incluye en sus espectáculos también son muy recomendables: no es de extrañar que su página web esté llena de comentarios de sus fans -y no me refiero a pedagogos o críticos literarios, sino a niños y niñas entusiastas de su trabajo. Claro, también hay mensajes de papás y mamás, de docentes y otros adultos que, por algún motivo, han llegado a su obra y se han vuelto seguidores suyos, más o menos como yo. Porque, como hemos comentado en otras ocasiones, lo que está bien escrito deja de ser para un grupo específico y se vuelve disfrutable para todos, sin importar sexo, edad o nacionalidad.

Encuentras a Raquel en twitter: @raxxie_ y en su sitio web: www.raxxie.com

 


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