Por eso estamos como estamos / Opciones y decisiones - LJA Aguascalientes
19/06/2024

Los grandes asuntos que permanecen abiertos, desde la aparición de aquellas reflexiones cimeras como la Fenomenología del Espíritu, o El Primer Programa para un Sistema del Idealismo Alemán, junto con Schelling, en 1796; La Ciencia de la Lógica (1812, 1813, 1816) –que rescata para el mundo moderno el tema de La Dialéctica, propuesta como tesis, antítesis y síntesis históricas-; o la Enciclopedia de la Ciencias Filosóficas (1859), del filósofo Georg Wilhelm Friedrich Hegel (Stuttgart, Agosto 27 de 1770- Berlin, Noviembre 14, 1831), hasta el día de hoy, siguen como tareas pendientes las mismas de su checklist original: el proletariado, las mujeres, los marginados, los pueblos colonizados, los enfermos mentales y anímicos, las minorías discriminadas, finalmente, incluso, toda la naturaleza esclavizada. Así lo reporta con una crítica enumeración y profunda concisión, el filósofo contemporáneo Peter Sloterdijk, en su obra: Temperamentos Filosóficos, De Platón a Foucault (El Ojo del Tiempo, Ed. Siruela. 2010).

La invitación que nos hace este pensador contemporáneo es tan elocuente como desafiante: “Todas estas son materias posibles y motores de la extensa historia en la medida en que, en virtud de su insatisfacción informada, presentan reclamaciones que deben ser satisfechas mediante luchas y trabajos históricos antes de que puedan despuntar el ahora de la posthistoria fatigada. De ahí que el lema principal del posthegelianismo insatisfecho sea: la lucha continúa”. (Opus cit, p. 99).

Es exactamente en este corte histórico, a la muerte de Hegel, como el más prominente filósofo alemán, que sus puntos de vista fueron ampliamente enseñados y sus estudiantes eran tenidos muy en alto. Pero, igualmente es cierto que sus seguidores se dividieron en dos alas: los “hegelianos” de ala derecha y de ala izquierda. Los primeros, tanto en lo teológico como en lo político ofrecían una interpretación conservadora de su trabajo; ya que enfatizaban la compatibilidad de la filosofía de Hegel y el Cristianismo; eran ortodoxos en lo político. En cambio, los del ala izquierda eventualmente se movieron hacia una posición de ateísmo; en lo político, muchos de ellos se convirtieron en revolucionarios; entre ellos los de mayor importancia histórica incluyen a Ludwig Feuerbach, Bruno Bauer, Friedrich Engels y Karl Marx. (Ver: la más comprehensiva bibliografía en: Biography at hegel.net)

¿Cómo poder superar una división tal en el pensamiento contemporáneo? Si sólo atendemos a la teoría crítica del ala conformista que se impone como verdad; entonces, se yergue el entorno de un mundo que para el ala insatisfecha todavía no llega a ser verdadero, no hasta que culmine en la consumación práctica. Y esto ocurre, en el razonamiento de Peter Sloterdijk, a causa de querer datar un antes y un después de Hegel. Un auténtico dilema que pareciera irresoluble, pero –siguiendo al mismo autor- es un personaje como Soren Kierkegaard el que logra romper esta visión del mundo basada en el “esquema metafísico de la consumación”, y pasa a proponer una cosmovisión que marca un punto de quiebra hacia lo existencial, que no lo metafísico. En palabras de Sloterdijk: “Para Kierdegaard el pensamiento radical no es la criatura de su tiempo; es la adhesión al instante fechado” (Ibidem, p. 97). Nuestra apertura se encuentra en la Historia, no en el duro sillar de la metafísica.

Para ilustrar este dilema filosófico de la civilización occidental cristiana, podemos decir que la posición dividida de los posthegelianos es algo similar a la disputa teológica que arranca desde la muerte en la cruz, de ese hombre histórico Jesús, El Cristo, y versa o bien: del cumplimiento y conclusión salvífica con la llegada del Mesías y su aparición y ascensión al cielo frente al mundo; o bien, en la visión de la famosa Parusía – o tiempo salvífico definitivo- que ya llegó, ya está aquí, ya está llegando con Él, pero todavía no se consuma.

En este punto nos encontramos frente a una verdad de Perogrullo, la consumación de la consciencia insatisfecha no está todavía del todo concluida, sino que se encuentra en un “¡ya! Pero, todavía No!”. De ahí la importancia de la existencia en el tiempo, del devenir en la Historia. Y esto no se realiza sin lucha, sin trabajo, sin tareas a cumplir, sin agendas que llevar a cabo. Lo que se hace verdad tanto para políticos, como para pensadores, como para hombres de iglesia.

La referencia Kierkegaard es clave, se le conoce también como el teólogo de “La Muerte de Dios”, una proclama que lejos de representar un ateísmo recalcitrante o meramente cognoscitivo, se trata de la evocación explícita de algo que todos callamos. Pero que en el mundo contemporáneo se impone como una verdad, no invocamos el nombre de Dios para entender o interpretar los sucesos de la Historia, nos basta la visión pragmática de las cosas que ocurren, la fenomenología de los hechos sociales, políticos o culturales conforme se van dando, bajo esa presunción de “cosas de su tiempo”.

Ya no nos interesa lo divino, para entender lo humano. Vivimos en sociedades y culturas particulares en donde priva lo secular, lo laico, hemos dejado atrás la visión de lo Sagrado, somos cada vez más permisivos, gustamos de lo profano antes que de lo religioso. En definitiva nos entendemos como una sociedad global permisiva y secular. Se impone el conocimiento crítico-científico, por encima de los mitos sobre el Origen o sobre la Salvación futura. Por ello, la crisis de una Ética fincada en valores auténticos y no relativos o reduccionistas a lo temporal, práctico y, finalmente, efímero. Somos algo así como seres transicionales, estamos hoy en el tiempo, para salir al fin, del tiempo, Tan, tan… ¿no hay más…?

Y, en fuerza de ello, la conclusión perentoria de Kierkegaard que presenta Peter Sloterdijk: “Creer significa para Kierkegaard no ceder a un impulso de imitación confortable en el marco eclesiástico o imperial, sino tomar una decisión a la vista de lo increíble. En esta elección Kirkegaard descubre “como por primera vez” el latido del tiempo existencial, abierto hacia adelante. Con ella se abre la posibilidad de lo esencialmente nuevo, que no sería válido solamente por un parecido con modelos eternos. En este sentido podemos afirmar con él que comienza el pensamiento de la modernidad radical, que está suspendida en experimentos. Fue el primero en entrar en la era de la duda, de la sospecha y de la decisión creadora” (Ut supra, p. 101).


La torpe, supina, miope, individualista visión de los partidos políticos militantes, para concretar, de México y Aguascalientes, consiste precisamente en esa ruptura inútil de “las derechas” y “las izquierdas”, con grados de más o de menos en el continuum de las relaciones políticas, sociales y económicas, lo que sólo produce rezagos sociales y retrasos inadmisibles a un futuro de desarrollo esperanzador y deseable para todos. Sus falaces cantos de sirena, niegan los avances pequeños o grandes que logran unos, pero pisotean luego los otros. Parecen decir: la salvación viene conmigo, el diluvio con ellos. Lo verdaderamente intolerable de estas visiones achatadas del mundo, es ese su narcisismo egoísta y ególatra que produce centenas de miles o millones de pobres, sin ningún escrúpulo; para sólo ofrecernos paliativos y paraísos en un mundo futuro inexistente, postergado como salvación universal.

Por lo anterior, es verdad que la “checklist post-Hegel”, sigue siendo tal válida como ayer. Y no, no se vale decir que son “aires del tiempo”. Por eso estamos como estamos.

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