¿Mentes cochambrosas? / País de maravillas - LJA Aguascalientes
30/06/2022

Regreso muy feliz a escribir en este espacio luego de una pausa de poco más de un mes. Me encantaría decirles que en este tiempo leí montones de libros interesantes y conocí muchos autores que vale la pena recomendar, pero lo cierto es que me dediqué a trabajar en un freelanceo que no me dio tiempo ni cabeza de nada. Yo confío, en todo caso, en irme poniendo al corriente y, por supuesto, encontrarme libros y autores que me entusiasmen tanto como para compartirlos con ustedes.

Hoy, sin embargo, quiero platicarles de algo que pasó el fin de semana que me tiene muy sorprendida:

Una querida amiga mía tiene un club de lectura con las niñas de una casa hogar. Periódicamente las visita, lleva libros que les presta, platica con ellas de lo que han leído y promueve el intercambio, tanto de textos como de ideas. Hasta aquí, todo bien. De hecho, es un trabajo loable y muy necesario. El problema fue que, en su visita más reciente a la casa hogar, la religiosa a cargo del changarro llamó a mi amiga para pedirle que sacara de circulación uno de los libros del club de lectura. Un libro que “le despierta cosas a las niñas”, dijo. Que les despierta el erotismo, pues. Mi amiga no lo podía creer: ella elige con muchísimo cuidado los libros que lleva y ninguno correspondía a esa descripción. Mayor fue su incredulidad cuando la monja le dijo el título a prohibir: Loba, de Verónica Murguía. Ya alguna vez platiqué de Loba en esta columna, pero, por si acaso, les vuelvo a contar velozmente de qué va: una joven princesa y un aprendiz de hechicero unen fuerzas, pese a pertenecer a pueblos que se odian, para contener el ataque de un dragón que está asolando la región. Antes de que me lo pregunten: no, no hay escenas de sexo.

Cuando mi amiga me contó de su conversación con la monja, me indigné, por supuesto. Lo peor es que en casos así, tampoco se puede ser radical y terminante porque si ella optara por un berrinche estilo Raquel de “o se permiten todos los libros que traje o me los llevo todos y ya no juego y tan tan” las únicas que realmente saldrían perdiendo serían las niñas de la casa hogar. Así que, tras intentar convencer a la religiosa de que sus informantes le habían mentido (porque dudamos mucho que ella hubiera leído la novela completa), no tuvo más que ceder y retirar el libro. Y, aquí entre ustedes y yo, creo que la decisión de mi amiga fue más valiente que la opción del berrinche. Pero después de platicar con ella, me quedé pensando en el asunto y me acordé de algo que me platicó hace tiempo Verónica Murguía acerca de esa misma novela: cuando todavía era un libro inédito, Vero la llevó a dictamen en una editorial reputada. Y la editora que tuvo el libro en revisión lo rechazó, entre otras cosas, ¡por no tener sexo!: “tu libro es como para chavas y las chavas quieren escenas másfuertes. ¿Por qué no le metes un revolcón o algo?”, le dijo, con otras palabras (espero). Para colmo, la editora confesó que ella misma no lo había leído, pero se basaba en comentarios de sus dictaminadores. Me da mucho gusto que Verónica tampoco haya hecho un berrinche raqueloso onda “Pus vas y lo lees y después platicamos o mejor ya no platicamos nunca nada y tan tan”, porque esas efusiones, se los digo por experiencia, no dejan nada bueno. Así que Loba no salió en esa editorial, pero a cambio ganó el Premio Internacional Gran Angular, así que todo fue para bien. Pero mi duda, entonces, es: ¿Loba alborota la hormona o no? ¿Tiene escenas que despiertan cosas a la chamacada o aburre? Y, más importante: ¿cómo es que un mismo libro puede obtener dos lecturas tan pero tan distintas, incluso opuestas? Supongo que la respuesta a esa última pregunta es que cada lector es un mundo y que la lectura nunca es realmente objetiva: leemos las letras que están impresas pero las combinamos con nuestros propios miedos, deseos, intereses y experiencias. Incluso puede influir nuestro estado de ánimo a la hora de abrir el libro o nuestra relación personal con quien lo recomendó. En cualquier caso, creo que no estaría mal tener eso en mente a la hora de escoger un libro para nuestros niños, niñas y adolescentes: quizá esa colección de cuentos que nos encantó a ellos les aburra, o ese poemario que nomás no entendimos a ellos les encante. Supongo que la única manera de tener puentes reales entre su forma de pensar y la nuestra (entre lo que ellos quieren leer y lo que nosotros queremos que lean) es que platiquemos abiertamente con ellos. Y que revisemos nuestro cochambrómetro, capaz que lo tenemos mal ajustado.

Encuentras a Raquel en twitter: @raxxie_ y en su sitio web: www.raxxie.com


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