Caperucitas (rojas, verdes, de dulce o de manteca) / País de maravillas - LJA Aguascalientes
01/02/2023

Había una vez una niña a la que todo mundo quería. No la querían tanto como para llamarla por su nombre, o a lo mejor tenía muchas tocayas y necesitaban diferenciarlas; o quizá era un pueblo donde todo mundo tenía un apodo. El chiste es que a esta niña le decían Caperucita Roja. No sabemos cuántos años tenía: unas versiones la dibujan como de siete, ocho años; y en otras nos da la impresión de que podría andar cerca de los quince. Y no es que sea yo quisquillosa, pero saber la edad exacta ayudaría mucho a entender bien la historia, porque lo que sigue es que la mamá de Caperucita la mandó a ver a su abuela (de Caperucita, es decir, la mamá de la mamá. O la suegra. Tampoco eso es muy claro) y para llegar había que atravesar el bosque. Y no es lo mismo mandar al bosque a una niña de siete años que a una de quince, ¿no les parece?

            En cualquier caso, la mamá de Caperucita mandó a su hija con una canasta con víveres. La mayor parte de las versiones están de acuerdo en eso y en que la abuela necesitaba la visita porque estaba enferma. También están de acuerdo en que Caperucita tomó la canasta y salió a hacer el mandado y que, en el camino, se encontró al Lobo. Ahora bien: no sabemos si la mamá sabía o no que había un lobo feroz en el bosque. Algunas versiones dicen que advirtió sobre él a su hija y otras no lo mencionan. Pero Caperucita se encontró al Lobo y, confiada, inocente o desobediente (según quién nos cuente la historia) se puso a platicar con él. “Voy a casa de mi abuela”, le dijo. A veces se añade que Caperucita le dijo que iría por el camino de las agujas y el lobo optó por tomar el camino de los alfileres. A veces se habla de camino largo y corto. A veces nada más se nos dice que, luego de platicar con el Lobo, Caperucita se distrajo persiguiendo flores y cortando mariposas. O al revés, quizá. El punto es que el Lobo llegó a casa de la abuela antes que Caperucita y aquí es donde la historia se pone más complicada: ¿Qué hizo el Lobo con la abuela? ¿la encerró en el armario? ¿Guardó una botella con su sangre? ¿Se la comió de un bocado? Eso sí: luego se metió en la cama, disfrazado de la abuela, y cuando llegó Caperucita le hizo creer que él era la anciana.

            Una versión dice que el Lobo le pidió a Caperucita que se metiera en la cama pero que antes se quitara la ropa y la quemara en la chimenea porque ya no la iba a necesitar. Otra nada más nos dice que le pidió que se acercara. Hay versiones en las que Caperucita bebe o cocina (y se come) la sangre de la abuela. En todas, la niña le pregunta a la falsa abuela por qué está tan diferente y en todas ésta termina contestándole que tiene la boca tan grande “para comerte mejor”.  Entonces la persigue por toda la casa, o se la come, o la deja salir a hacer del baño no sin antes amarrarle una cuerda al pie. A veces, nos cuentan, llega un leñador y rescata a Caperucita. A veces incluso abre la panza al Lobo y la abuela sale de ahí vivita y coleando. Otras veces la Abuela se queda bien muerta. En la versión de la cuerda en el pie, Caperucita es más inteligente que el Lobo: se suelta de la cuerda, la amarra a un árbol y huye, desnuda pero intacta.

            Caperucita Roja es, probablemente, el más popular de los cuentos de hadas. Dice Jack Zipes, experto en el tema (en un libro que por desgracia no ha sido traducido al español, pero que se encuentra fácilmente en Amazon, en inglés: The Trials and Tribulations of Little Red Riding Hood: Versions of the Tale in Sociocultural Context) que Caperucita Roja tiene tantos elementos, tantos hilos sueltos, que siempre deja en la imaginación del lector (o del escucha) más preguntas que respuestas. Probablemente por eso tenemos versiones de Caperucita en la época actual; otras en las que el Lobo es inocente y Caperucita le hace bullying; adaptaciones edulcoradas, eróticas, maniqueas, críticas, simplonas y profundas. Además, Caperucita Roja es una gran historia para avivar la creatividad: ¿qué tal contarle a los niños varias de las versiones y luego animarlos a contar la suya propia? Una opción es proponerles que elijan otros animales en vez del Lobo, otros colores en vez de rojo e, incluso, otros personajes. ¿Qué tal El Futbolista Amarillo y el Armadillo Sensible? ¿O La Bailarina Morada y la Ballena Enojona? ¿Qué pasa si simplemente cambiamos el rol de los personajes: El Lobo Rojo y la Caperucita Feroz? Sólo una sugerencia: eviten caer en la tentación de imponer una moraleja. Es mucho más divertido cuando la historia no termina con un regaño disfrazado de recomendación, y seguro invitará a jugar con otros cuentos de hadas y -¿por qué no?- con historias de nuestra propia inspiración.

Encuentras a Raquel en twitter: @raxxie_ y en su sitio web: www.raxxie.com     


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