Iguala, clase y raza / Sin Maniqueísmos - LJA Aguascalientes
17/10/2021

Por Andrew Paxman

Historiador, CIDE Región Centro

 

 

Hace cuatro meses causó mucho escándalo y mucha risa la noticia de que un funcionario del DF había hecho público su racismo al postear en Facebook lo siguiente: “Lo vuelvo a decir todos los que opinan sin saber en este foro seguramente son perredistas, más prietos de piel que nada, jodidos, rojillos y sin varo. Arriba los mexicanos de raza blanca y clase alta. Todos los demás son una mierda, incluyendo a este foro lleno de chusma asquerosa”.

Causó escándalo porque el sujeto, Pedro Torreblanca Engell, del área de Participación Ciudadana, era hermano del secretario general adjunto del PAN-DF, Santiago Torreblanca Engell, y colaborador del ya controvertido jefe delegacional en Benito Juárez, Jorge Romero Herrera. Causó risa porque dentro de poco tiempo el Sr. Torreblanca -quien llevó cuatro años allí en tareas de comunicación (sic)- tuvo que renunciar a su cargo.

En estos tiempos de medios sociales ubicuos e instantáneos, los prejuicios que por largo tiempo se vocalizaban sólo en casa o entre cuates se han vuelto una parte lamentable pero reveladora de la conversación nacional. Reveladora porque indican cuán lejos es México de ser una democracia racial, aún noventa años después de que José Vasconcelos exaltara “la raza cósmica” y los primeros historiadores de la Revolución enaltecieran el legado de Zapata.

Un racismo y clasismo manifiesto se ha escuchado de nuevo entre las reacciones a la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Cito algunos, observados en Facebook: “Pinches nacos, se lo merecen”; “Estuvo feo lo que les hicieron, pero los putos no dejaron pasar una ambulancia”; “Que putos, ya que estudien pinches huevones”.

En YouTube y Twitter, donde suelen muchos opinar bajo la cobardía del anonimato, las frases se ponen aún más feas: “Tanto pedo x unos pinches indios prietos mugrosos! Son 100% reemplazables con otros 30 millones de lacras iguales!!”; “Yo me alegro que los hayan desaparecido y ojala y ya estén muertos, me cagan las putas marchas de gente sin oficio ni beneficio ojala y maten a mas…”; “Ayotzinapa no somos todos, no generalicen. No podemos ser iguales a esos pinches indios”.

Existe la tentación de descartar tales frases como los exabruptos de unos cuantos jóvenes ignorantes. Pero el caso de Torreblanca Engell demuestra que el racismo entre mexicanos prospera hasta en los círculos del poder. No sé si el procurador general Jesús Murillo Karam sea racista, y aprecio el hecho de que ha estado laborando bajo mucha presión, pero dudo mucho que habría terminado su conferencia de prensa del 7 de noviembre con la frase “ya me cansé” si el caso tratara de 43 desaparecidos de una prepa privada en Polanco.

Sobre todo, hay que pensar en la dinámica socio-racial en Iguala, una ciudad como muchas en México, donde el alcalde y su mujer son blancos, e igual lo son el narco-élite local; donde los policías y narco-soldados son típicamente mestizos; y donde la mayoría de la población es de raza o semblanza autóctona. Es más fácil decir “mátenlos en caliente” (o algún eufemismo equivalente), y de obedecer tal orden, cuando el blanco es un grupo de personas que uno ni siquiera considera plenamente humano.

Las rostros de los parecidos más varios de sus nombres y apellidos (Getsemany, Jhosivani, Tlatempa, Tizapa, Patolzin) son un emblema de está triste división. Pero no quiero implicar que los 43 son ángeles. Reducir un ser humano a una mera víctima inocente -por más que ha sufrido y por más injusto ha sido su destino- es un error no tan grave como la denigración racial, pero igual de simplista. La incómoda verdad es que existen prejuicios que impulsaron el conducto de todos los actores en esta tragedia.

La Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, muchos reportes han notado, ha funcionado desde hace décadas como la cuna de una lucha social. Allí estudió Lucio Cabañas, el rebelde mexicano más famoso de los 60 y 70, que en un momento logró secuestrar al gobernador de Guerrero. Es una lucha francamente basada en una visión maniquea del mundo: pobres honrados contra élites nefastas. Creyendo esto, secuestrar autobuses y hasta quemar gasolineras, como han hecho algunos alumnos, no parecen actos muy graves.

Como se ve en el reportaje “Crónicas Rurales Normales” del canal TeleSUR, todavía hoy se notan los muchos murales marxistas de la escuela, listos para facilitar el adoctrinamiento estridente de cada primera generación. Allí están todos los símbolos usuales y sospechosos comunes: el puño apretado, las insignias comunistas, Subcomandante Marcos, Vladimir Lenin y por supuesto Che Guevara. (Ese último se ve junto al lema “Volveré y seré millones”, frase que nunca dijo, y que también erróneamente se le ha atribuido a su paisana Eva Perón. De hecho, la frase fue pronunciada por Túpac Katari, líder indígena del Alto Perú, antes de su descuartizamiento por los españoles en 1781).

No hay duda de quiénes son los que sufren y faltan y quienes son los que dominan y lucran en los pueblos y ciudades del montañoso y empobrecido estado de Guerrero. Pero persisten ideologías corrosivas en ambos lados, ideologías que hacen más fácil odiar al otro.

 

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1 thought on “Iguala, clase y raza / Sin Maniqueísmos

  1. Me parece sumamente pertinente resaltar el rol del racismo y la discriminación en estos acontecimientos lamentables. Sin embargo, no comprendo y me parece igualmente lamentable asumir que la enseñanza del marxismo y demás símbolos de lucha sean comparables o sean contrapuestos con el sinsentido y prejuicioso elitismo/racismo de México. El que no se este de acuerdo con la ideología marxista y sus derivados, que siguen siendo importantemente contemporáneos en la Academia, no quiere decir que algunas escuelas no puedan difundir sus enseñanzas. No obstante, lo ideal sería que estas escuelas y sus estudiantes también tuvieran contacto con otras escuelas y otros estudiantes con el único fin de aprender mutuamente. Pero esto no se puede lograr si se descalifica de antemano y peor aun, se compara con el racismo infundado de la sociedad Mexicana.

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