08/07/2020


  • Usar el lenguaje no es tarea fácil, involucra la ética y la verdad
  • El poeta y periodista mexicano se considera un fiel admirador del Templo de San Antonio y de Refugio Reyes

Considerándose un fiel admirador de nuestro Templo de San Antonio tanto por su estructura como por la historia de su creación y creador Refugio Reyes, el poeta y periodista mexicano Sergio Mondragón destaca a la poesía como una tarea diaria pero desdoblada en una contemplación, “yo vivo contemplando como bobo al mundo, el cielo estrellado, la salida del sol, el jardincito de mi casa, los insectos de la tierra, el contacto con mi familia, la vida en general”. En charla con La Jornada Aguascalientes enfatizó que después de esa contemplación agradecida que no tiene fin, intenta plasmar esa admiración  en versos, “de vez en cuando surge algo que vale la pena publicar”, bromeó.

Desde la primaria Mondragón comenzó con esa fascinación por la literatura, ya que en sus libros de texto encontró poemas de Juan de Dios Peza y María Enriqueta, ritmos de octosílabos y endecasílabos que confesó haberse grabado profundamente en su persona; “empecé enamorándome del ritmo de las palabras, es el que siempre persigo, ese ritmo que tienen el lenguaje y el habla”.

Desde su perspectiva, la poesía mexicana ha tenido siempre un parentesco de primera línea con la poesía de lengua española y la que se escribe en otros países latinoamericanos, siendo de gran importancia ese intercambio cultural a través de la poesía que muchos países  trabajan con eventos como el recién efectuado en Aguascalientes, el Encuentro de Poetas del Mundo Latino.

“Es una especie de circulación sanguínea de poesía. Finalmente es arbitraria  esa separación por países pero es importante para sistematizar el conocimiento”, estando seguro de que la poesía europea y la latina comparten las mismas preocupaciones, emociones, fundamentos para escribir, todos tienen los mismos fines de desentrañar la respuesta a los cuestionamientos sociales.

“Al final el fenómeno poético es el mismo, es una vocación de desentrañar el destino humano a través de la palabra”,  destacándose que a partir de ella es como los poetas pueden descubrir a dónde vamos y cómo vamos, qué cuentas rendimos a la naturaleza y qué uso le damos a las palabras, todo bajo el recurso de los cinco sentidos.

Aclaró que como escritor tiene que proceder con mucha cautela y honestidad, pues el usar el lenguaje no es tarea fácil, “involucra la ética y la verdad de lo que realmente se desea expresar, no hay que mentir porque la toca las regiones más profundas de mi persona”, utilizando las palabras para definir el cómo percibe al mundo y cómo quisiera que fuera el mundo, por lo tanto se puede considerar a la poesía como un oficio cualquiera pero con el plus de la sinceridad.

¿Podría la poesía ayudar a México?

“Si no al país a las personas sí, México necesita piedad porque ahorita está sumido en la violencia y en la insuficiencia gubernamental, la gente está perdiendo la capacidad de indignación, así que posiblemente mediante la capacidad creativa, que en verdad mucha gente tiene pero no se la cree, podemos llegar a mejorar al país”. El ejemplo más claro son las jóvenes plumas, aquellos que comienzan en el mundo de la literatura con la intensión, no de ser exitosos, sino de despertar un sentimiento a través de sus palabras en quien los lee.

Este contemplador de la vida confía en que las instituciones continúen con ese apoyo tradicional a las artes, a las viejas y a las nuevas figuras para que nunca cese el dinamismo de las publicaciones, “ojalá se multipliquen los apoyos, las becas y los viajes para los escritores”, puesto que finalmente los nuevos escritores son los continuadores de ese gran universo creado por las viejas plumas, pero con el toque especial de la contemporaneidad.

Sergio Mondragón manifestó su asombro por el Templo de San Antonio, al cual visita cada que tiene oportunidad durante sus visitas a Aguascalientes, “es bellísimo por dentro y por fuera, los prismas que la luz hace y deshace bajo el tambor central de la cúpula, la tensión en los elementos de cantera labrados tan detalladamente como queriendo animarse fuera de su condición de piedra, es una vista exquisita”; humildemente el poeta mexicano agradece al arquitecto sin título, Refugio Reyes, la maravilla de espacio arquitectónico que dejó a los mortales.

Sergio Mondragón ganó el Premio Xavier Villaurrutia en 2010 por una compilación de su poesía desde 1965 al 2005, publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y que fusiona las siguientes obras: Yo soy el otro (l965); El aprendiz de brujo (1969); Pasión por el oxígeno y la luna (1982); El ocre de los lodos (1991) y Hojarasca (2010). Cinco de sus poemarios que muestran su gran afecto por la poesía y la tenacidad por descubrir qué se está haciendo con el lenguaje.


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Al igual que con su poesía, Mondragón muestra en sus charlas, ese amor por la palabra, por la lectura y por la naturaleza, llevándote por el camino de la ternura y suavidad de las palabras hechas versos.

 


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